Cita de Natsume Soseki en su 153º aniversario, el «gato» cumple años

«Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre. No sé dónde
nací. Lo primero que recuerdo es que estaba en un lugar
umbrío y húmedo, donde me pasaba el día maullando sin parar.»
— Natsume Soseki


Natsume Sōseki Tokio, 1867 – 1916

Natsume Sōseki, seudónimo literario de Natsume Kinnosuke, nació en 1867 cerca de Edo (la actual Tokio). Descendiente de una familia de samuráis venida a menos, fue el menor de seis hermanos.

Cuando tenía dos años, sus padres lo entregaron en adopción a uno de sus sirvientes y a su mujer, con quienes viviría hasta los nueve años. En 1884, instado por su familia, se matriculó en la Universidad Imperial de Tokio para cursar Arquitectura, aunque acabó estudiando Lengua Inglesa. En 1886 trabó amistad con el poeta Masaoka Shiki, que lo inició en el arte de la composición de haikus. Fue entonces cuando adoptó el nom de plume de Sōseki (que en chino significa «terco»). Tras graduarse en 1893, empezó a trabajar como profesor en la Escuela Normal de Tokio, pero pronto, en 1895, fue destinado a la Escuela Secundaria de Matsuyama, en la lejana isla de Shikoku. Parte de sus experiencias en esta remota escuela rural serían recogidas en su novela Botchan (1906; Impedimenta, 2008). Apenas un año después de haber llegado a Matsuyama, Sōseki dimitió de su puesto y comenzó a enseñar en un instituto de la ciudad de Kumamoto, donde conoció a su futura esposa. En 1900 se le concedió a Sōseki una exigua beca del Gobierno japonés y se lo envió a Inglaterra. En este país pasó los años más tristes de su vida, leyendo libros sin parar, deambulando por las calles y pasando miserias sin cuento. Parte de sus sombrías reflexiones sobre la vida inglesa fueron publicadas años después en el diario japonés Asahi. Regresó a Japón en 1902, con un contrato para enseñar en la Universidad Imperial de Tokio, donde sucedió al escritor Lafcadio Hearn como profesor de Literatura Inglesa. La carrera literaria de Sōseki se inició en 1903, cuando comenzó a publicar haikus y pequeñas piezas literarias en revistas como Hototogisu. La fama le llegó con la publicación en 1905 de Soy un gato (Impedimenta, 2010), y al año siguiente Botchan (Impedimenta, 2008) lo catapultó al éxito, convirtiéndose automáticamente en un best seller y en una de las novelas más leídas por los japoneses durante décadas; obra, que, además, fue galardonada con el Premi Llibreter 2008. Sōseki escribió catorce novelas en total a lo largo de su vida, entre las que cabe destacar El minero (1908; Impedimenta, 2016), o Sanshiro (1908; Impedimenta, 2009), que forma parte de una trilogía que se completa con Daisuke (1909, Impedimenta, 2011) y La puerta (1910; Impedimenta, 2012); en cuanto a su etapa más madura, sus obras más importantes son, sin duda alguna, Kokoro (1914; Impedimenta, 2014) y Más allá del equinoccio de primavera (1912; Impedimenta, 2018). Natsume Sōseki murió en Tokio en 1916 a los 49 años de edad, a causa de una úlcera de estómago. De este mismo año data Luz y oscuridad (Impedimenta, 2013). En 1984, y en homenaje a su fama y trascendencia, el Gobierno japonés decidió poner su efigie en los billetes de mil yenes.


«Soy un gato», de Natsume Soseki Publicado en El placer de la lectura

¿Por qué ha sido “Soy un Gato” el libro de más éxito del 23 de Abril? Su autor Natsume Soseki nació en 1867 cerca de Tokio y murió en 1916 en la misma ciudad. Una vida corta pero bastante intensa a nivel literario. Su verdadero nombre no era Natsume Soseki sino Kinnosuke pero decidió cambiárselo al conocer al poeta Masaoka Shiki.

Como todos los nombres japoneses y chinos, el suyo tiene un significado que en este caso es bastante peculiar: Soseki significa ” terco”. Gran parte de los acontecimientos que tuvieron lugar en su vida se ven reflejados en su novela y se entiende el por qué de los mismos.
“Soy un Gato” la escribió en 1905. Pese a estar ya en el siglo XX no debemos pensar que el Japón de ese momento era como el actual. En 1905 la sociedad nipona aún era muy conservadora y algo cerrada sobre todo con todo lo relacionado con Occidente. Que Natsume vaya a estudiar a Inglaterra, que conozca Europa hace comprensible por qué el portagonista humano de su novela, el profesor Kushami, es un admirador y experto tanto en Cultura Clásica ( Grecia y Roma) como en Literatura inglesa. Si en 1905 los japoneses empezaban a tener relación con Europa no todos los países les caían igual de bien y menos los ingleses a los que consideraban rivales en el Pacífico para controlar colonias.

Pero bueno, la novela de Natsume no nos habla de guerras ni colonias sino que nos habla de un gato bastante peculiar. Es el gato de un maestro, el profesor Kushami que se dedica a hacer caligrafía y a escribir haikus. Es un gato pero no tiene nombre. A través de sus ojos, de sus andanzas, vamos a ir conociendo al resto de personas que viven tanto en casa del maestro como en su barrio. Así conoceremos a la mujer e hijas del maestro, a Mehi, a Kangetsu, al carretero… También conoceremos a otros gatos que viven en el barrio, como el gato del carretero que se cree superior a nuestro gato protagonista por el simple hecho de ser un gato de carretero no de un pobre maestro muerto de hambre. Como ocurre hoy en día, en este momento hay una especie de rechazo hacía todo lo intelectual y más hacía una persona a la que le fascina tanto Occidente.

Aunque el protagonista es un gato, no es una novela gatuna ni superficial sino mucho más profunda. Los ojos de este gato nos muestran cómo vivía y cómo sentía la sociedad japonesa en la Era Meiji ( que corresponde a 1905). Por medio de estos ojos gatunos y, sobre todo de sus pensamientos, Natsume Soseki hace una crítica mordaz de la sociedad japonesa del momento. Lo que más critica, o al menos eso nos ha parecido, es ese ” encerramiento” que tiene, ese gusto por poner murallas y puertas, de querer permanecer aislados del mundo aunque ya no puedan. Por medio de este gato y de su dueño, este maestro, Natsume habla de la necesidad de Japón de abrirse más al mundo.

Soseki sigue con su costumbre que perfeccionará en Botchan y Sanshiro de retratar imágenes con poco movimiento, ralentizarlas hasta lo inverosímil y hacerlas posar, tal como un pintor haría con sus modelos, para nuestro deleite.

El libro tiene 646 páginas divididas en 12 capítulos bastante extensos. Es una novela que tiene ritmo sin embargo no recomendamos leerla aprisa (aunque es muy difícil no hacerlo porque te atrapa). Es una novela para leer disfrutándola, anotando datos, sintiendo cada una de las palabras. Como muchas de las cosas que vienen de Japón, y que también he encontrado en las novelas de Murakami, hay mucho de Zen en ella, de armonía, te contagia de ese espíritu japonés en el que la pausa, la tranquilidad, lo Zen están al orden del día.

Por todo ello, esta novela es más que recomendable. El tener tres ediciones en menos de un mes es prueba palpable de ello. ¡Guau qué libro! Perdón ¡miau!