El niño que robó el caballo de Atila Iván Repila

Por Entre montones de libros

 “—Parece imposible salir, dice. Y también: Pero saldremos. El bosque limita al norte con una cordillera y está rodeado de lagos tan grandes que parecen océanos. En el centro del bosque hay un pozo. El pozo tiene unos siete metros de profundidad y sus paredes irregulares son un muro de tierra húmeda y raíces que se angosta en la boca y se ensancha en la base, como una pirámide desocupada y roma. Su lecho gorgotea el agua oscura que se filtra desde venas remotas hasta las galerías que afluyen al río, dejando un poso terrizo que nunca se detiene y un fango moteado por burbujas cuyo chasquido devuelve al aire el perfume de los eucaliptos.”

     Leí esta novela hace ya unos cuantos años. Tiempo después la editorial que la publicaba desapareció y, cuando me enteré de su reedición revisada, me anoté la fecha. Hoy traigo a mi estantería virtual, El niño que robó el caballo de Atila.

Grande y Pequeño es una forma habitual para situar el puesto de los hermanos en la jerarquía del hogar y así llama el autor a los protagonistas de la novela. Están en el fondo de un pozo y así les conocemos. Un lugar terrible del que parece imposible salir, pero en el que tampoco quieren morir, así que se alimentan como pueden.

Iván Repila tiene tres títulos que yo conozca en su cartera de escritor. Los tres distintos, al menos en líneas generales. Aunque luego en una búsqueda de esas que vienen siendo habituales entre los lectores encontremos que este y Prólogo para una guerra tienen protagonistas masculinos, dos, o que su estilo siempre vendrá marcado por lo visual, lo directo… pero en sus argumentos, trama..nada que ver.

Esta es una historia de supervivencia, de superación de instintos y de pérdida. El autor no da tregua a un lector que comienza conociendo la situación en las primeras líneas: hay dos niños en el fondo de un pozo. Nos convierte en espectadores de ese cautiverio, impotentes, consiguiendo que perdamos la esperanza antes que los niños. Aunque ellos irán perdiendo por el camino otras cosas, como su inocencia, su infancia. Más Grande que Pequeño, casi podemos ver como se apaga aquello que fue: un niño.Y también vemos como su infantil naturaleza parece negarse a desaparecer del todo, y como afloran los instintos más básicos de los seres humanos; las necesidades, la supervivencia, los anclajes al mundo para evitar…
Iván Repila no necesita muchas páginas y tampoco adornos para contar su fábula. Y nos da una bolsa, la bosa de comida de dos niños que comen gusanos y raíces, pero que es la bolsa de mamá. Y de este modo esta novelita se convierte en un cuento para adultos en el que cada cual es libre de hacer su propia lectura y también su propia interpretación. Una vez hecha la interpretación, a la que iremos llegando sin problemas hacia la mitad de la novela, nos encaminaremos hacia un final en el que el autor opta por dar una última sacudida y que ha provocado tantas filias como fobias. Yo lo tengo claro, es una novela de naturalezas y miserias que, pese a lo claustrofóbico del escenario, podríamos representar en una visión mucho más ámplia. Lo que no os diré es qué fue mi clave durante la lectura, creo que es uno de esos libros en los que cada cual tiene la suya. E Iván no hace trampas, todas están siempre a la vista.

 El niño que robó el caballo de Atila me gustó en una primera lectura y ha ganado en esta segunda. Animáos. Olvidad las comparaciones que siempre se hacen en este tipo de novelas, con los mismos nombres, los mismos títulos, casi hasta el mismo orden. En este caso, dejad todo eso de lado porque estamos ante una novela que lo vale por sí misma.

Comentaba que hace años leí este libro en una edición diferente y que ahora me he comprado esta nueva edición. Es uno de mis placeres lectores, comprar distintas ediciones de algunos libros. Y vosotros, ¿podéis confesar alguna manía lectora?

Gracias.

PD: El caballo de Atila se llamaba Othar, pero pocos lo saben y en realidad a casi nadie le importa cuál era su nombre.