Los cuerpos extraños de Lorenzo Silva

los-cuerpos-extranos_9788423348299

A Lorenzo Silva lo tengo catalogado desde hace tiempo como uno de los mejores escritores de este país. El que tal vez no goce de tanta visibilidad como merece puede deberse a que el género policiaco que maneja –no sólo pero fundamentalmente- puede inducir a los no afectos a descartarle de antemano, de la misma forma que servidora arrugaría el gesto ante cualquier producto de la moderna ciencia ficción literaria. Error en el caso de Silva. Porque hace tiempo que los incondicionales de la novela negra venimos pregonando cómo ha evolucionado esta en las últimas décadas, deviniendo en una admirable fusión de -ías: psicología, sociología, filosofía, todas incardinadas en torno a un argumento de esos que en publicidad editorial anglosajona garantizan un can´t put down success. Naturalmente no todos los autores de novela negra pueden apuntarse el tanto. Camilla Läckberg no, Fred Vargas sí, por situar dos ejemplos a ambos lados de la raya. Empaquetar las virtudes antedichas con la lazada de una más que notable manera de escribir es la tradicional marca de la casa de Lorenzo Silva. Tiene este escritor además el difícil talento de saber escorarse hacia el lirismo pero sujetándose bien contra la barandilla para evitar precipitarse sobre el abismo del excesivo cascabeleo. Por algo a este madrileño le han caído varios premios, de los cuales el Planeta 2012 no me parece el más rutilante (el Premio, no el objeto del galardón, La marca del meridiano que es una novela excelente).

La serie policiaca que protagoniza la pareja de guardias civiles, Bevilacqua y Chamorro, se me ha convertido en una presencia necesaria y entrañable de mis lecturas. Me identifico con las reflexiones de Rubén Bevilacqua, las constataciones que va soltando al hilo de la vida misma, siempre procedentes, sin que se le trasluzca el cartón piedra del querer usar el texto como pretexto. Botón de muestra:
“…que un jefe es siempre un jefe, y cuanto más alta es su investidura y más modesta aquella en que le conociste, más cautela debes tener a la hora de usar de la familiaridad que pueda dar en concederte. La confianza que él se puede tomar contigo, en atención al pasado común, poco tiene que ver con la que tú puedes tomarte con él”.

Son discretas apreciaciones que, sin aspirar a ser bengalas de clarividencia filosofal, prenden lucecitas sobre las esquivas realidades por las que zigzagueamos a lo largo de nuestra atolondrada existencia.

En esta ocasión el brigada Bevilacqua –Vila para los amigos- y su Watson con tricornio, la sargento Chamorro, se desplazan hasta el litoral levantino para esclarecer el asesinato de una alcaldesa local. La agitada vida sexual de la difunta y su batalla contra las tradicionales corruptelas de partido arrojan una luz perturbadora sobre el caso. Un nuevo desafío a la altura del infalible instinto de esta pareja de investigadores. Con el plus, en esta ocasión, de una niebla interior en el tradicionalmente despejado pragmatismo de Chamorro.

Y bueno, ahí quedó. Ya se sabe que cuando se trata de novela negra, se agradece el detalle de no destripar.Error en el caso de Silva. Porque hace tiempo que los incondicionales de la novela negra venimos pregonando cómo ha evolucionado esta en las últimas décadas, deviniendo en una admirable fusión de -ías: psicología, sociología, filosofía, todas incardinadas en torno a un argumento de esos que en publicidad editorial anglosajona garantizan un can´t put down success. Naturalmente no todos los autores de novela negra pueden apuntarse el tanto. Camilla Läckberg no, Fred Vargas sí, por situar dos ejemplos a ambos lados de la raya. Empaquetar las virtudes antedichas con la lazada de una más que notable manera de escribir es la tradicional marca de la casa de Lorenzo Silva. Tiene este escritor además el difícil talento de saber escorarse hacia el lirismo pero sujetándose bien contra la barandilla para evitar precipitarse sobre el abismo del excesivo cascabeleo. Por algo a este madrileño le han caído varios premios, de los cuales el Planeta 2012 no me parece el más rutilante (el Premio, no el objeto del galardón, La marca del meridiano que es una novela excelente).

 

 

Reseñado por LALE GONZÁLEZ-COTTA

lalectorablogger.wordpress.com

 

Escrito por Luis Landero

Lorenzo Silva (Madrid, 1966) ha escrito, entre otras, las novelas La flaqueza del bolchevique (finalista del Premio Nadal 1997), Noviembre sin violetas, La sustancia interior, El urinario, El ángel oculto, El nombre de los nuestros, Carta blanca (Premio Primavera 2004), Niños feroces y la Trilogía de Getafe, compuesta por Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia, El cazador del desierto y La lluvia de París. Es autor del libro de relatos El déspota adolescente y del libro de viajes Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos. En 2006 publicó junto a Luis Miguel Francisco Y al final, la guerra, un libro-reportaje sobre la intervención de las tropas españolas en Irak, en 2008 un ensayo sobre El Derecho en la obra de Kafka y en 2010 Sereno en el peligro. La aventura histórica de la Guardia Civil (Premio Algaba de Ensayo). Además, es autor de la serie policíaca protagonizada por los investigadores Bevilacqua y Chamorro, iniciada con El lejano país de los estanques (Premio Ojo Crítico 1998) y a la que siguieron El alquimista impaciente (Premio Nadal 2000), La niebla y la doncella, Nadie vale más que otro, La reina sin espejo y La estrategia del agua.

Ficha técnica

352 páginas. 18,50€

Mientras pasa el fin de semana en familia, el brigada Bevilacqua recibe el aviso de que el cadáver de la alcaldesa de una localidad levantina, cuya desaparición había sido previamente denunciada por el marido, ha sido hallado por unos turistas en la playa. Para cuando Bevilacqua y su equipo llegan y se hacen cargo de la investigación, el juez ya ha levantado el cadáver, las
primeras disposiciones están tomadas y se está preparando el funeral.
El lugar es un avispero en el que se desatan todo tipo de rumores sobre la víctima, una joven promesa que venía a romper con los modos y corruptelas de los viejos mandarines del partido y que apostaba por renovar el modo de hacer política. Además, el descubrimiento de su agitada vida sexual, que puede calificarse de todo menos insípida, arroja sobre el caso una luz perturbadora.
Pero no hay mucho tiempo para indagar y en esta ocasión Bevilacqua y Chamorro deben apresurar una hipótesis en un fuego de intereses cruzados, en el que la causa de la joven política es también la causa de la integridad personal, de la que el país entero parece haberse apeado.