En el bosque, bajo los cerezos en flor de Ango Sakaguchi

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El cuento de terror macabro no es ajeno a ninguna tradición cultural. Su presencia, oral y escrita, es una constante dentro del género fantástico, y comunes son los temas que aborda, porque los miedos humanos más profundos tienen el poder de trascender, en el espacio y en el tiempo, cualquier singularidad. A lo sumo adoptan una expresión particular acorde con la sensibilidad popular y los estereotipos dominantes.

Ese es el caso de los tres relatos que componen ‘En el bosque, bajo los cerezos en flor’ del japonés Ango Sakaguchi, en los que asistimos, con pequeñas variantes, a un mismo planteamiento: la presencia del Mal, oculto tras la máscara de la Belleza más sublime, conduce, a través del Deseo, a la locura y la perdición. Y para fortalecer sus argumentos, Sakaguchi no duda en subvertir los cánones del género presentando como agente perturbador, en el relato que da nombre al volumen, no un bosque umbrío y nocturno, sino otro primaveral de cerezos en flor. No debe pensarse, sin embargo, en los relatos clásicos del americano Algernon Blackwood, cuyos bosques son entidades vivas que encierran alguna forma activa de mal ancestral, porque, aquí, el carácter siniestro proviene del mortal e indiferente silencio que acompaña la caída de las flores de cerezo.

Pero el verdadero mal al que se enfrenta el protagonista, un ladrón y asesino escondido en las montañas, es el que personifica el fruto de su última correría: la mujer cuya belleza le subyuga y a la que no duda en suministrar los siniestros juguetes que reclama: las cabezas de sus víctimas. La inevitable atracción que siente hacia esta mujer se corresponde, punto por punto, con la angustiosa fascinación que ejerce el bosque sobre él.

Con el mismo tono de relato clásico referido a un pasado mítico se desarrolla ‘La princesa Yonaga y Mimio’, con otra versión de mujer fatal en la persona de la hermosa hija de un gran señor, para la que este encarga, a los mejores carpinteros de la comarca, la talla del más perfecto de los budas. Uno de los convocados, el joven Mimio, humillado por los hirientes comentarios sobre su aspecto, buscará venganza con la grotesca apariencia de su trabajo más sublime. Aunque, de nuevo, el protagonista resultará hechizado por la sanguinaria presencia y la terrorífica sonrisa de Yonaga.

La acción de ‘El Gran Consejero Murasaki’ se sitúa en el periodo Heian, tan exquisitamente recreado en ‘La novela de Genji’ de Murasaki Shikibu, y otorga protagonismo a los dos clanes dominantes de aquella época: el de la legendaria escritora y el Gran Consejero, y el del ladrón Fujiwara. Aquí la figura seductora se reviste de inocencia sin que por ello el protagonista pueda sustraerse a su autodestructiva obsesión.

Miembro de una afrancesada bohemia existencialista, Sakaguchi fue muy crítico, en los duros tiempos de la posguerra, con el nacionalismo nipón, arremetiendo, en sus textos teóricos, contra los tópicos que situaban como cualidades esenciales del carácter nacional la ciega obediencia y la disposición al sacrificio antes que el deshonor. Ese posicionamiento, contrario a los valores de pureza y nobleza tradicionales, debía desembocar en lo literario, como acertadamente señala Jesús Palacios en el epílogo, en la frecuentación de la literatura de género, de la que en este libro se nos ofrecen tres magníficos ejemplos.

Reseñado por Rafael Martín

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Escrito por Ango Sakaguchi

Tokutomi Roka

Ango Sakaguchi nace en Niigata en 1909. Su infancia triste y solitaria da paso a una adolescencia rebelde. En 1922, tras agredir a un profesor, es enviado a Tokio, donde entra en contacto con la efervescente vida cultural y bohemia de la ciudad. En 1928 comienza a publicar sus inconfundibles relatos, mezcla de terror con elementos grotescos e irracionales. Finalizada la guerra, sus ensayos inconformistas y provocadores desatan una oleada de entusiasmo y lo sitúan entre los autores más representativos y originales de posguerra. El éxito se extiende rápidamente a su producción narrativa, caracterizada por una concepción pesimista y nihilista de la existencia. Sakaguchi se obliga entonces a escribir a un ritmo incesante. El abuso de los somníferos y el alcohol van mermando su salud pero no su talento. Continúa escribiendo sin tregua hasta que, el 17 de febrero de 1955, muere a los 49 años de un aneurisma cerebral

Ficha técnica

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Páginas: 160 Precio: 17€
(Trad. Susana Hayashi)

Un despiadado ladrón se ha instalado en las montañas y aterroriza a los viajeros que osan cruzar el solitario paso de Suzuka, un camino poco frecuentado que atraviesa un misterioso bosque de cerezos. Un día, en una de sus habituales fechorías, el ladrón cae rendido ante la arrebatadora belleza de una enigmática mujer y decide llevársela consigo para convertirla en su esposa. Subyugado por su hermosura, el bandido se desvivirá por colmarla de oro y joyas y accederá a trasladarse con ella a la capital. Una vez allí, el deseo irrefrenable de la caprichosa mujer lo sumirá en una vorágine de muerte y locura que solo podrá llegar a su fin de una única forma.
«En el bosque, bajo los cerezos en flor» es la esencia misma del relato fantástico y de horror, aquel que se basa tanto en lo contado como en lo que no se cuenta y donde el verdadero miedo yace en la naturaleza misma de la vida y sus preguntas sin respuesta.
Incluye también «La princesa Yonaga y Mimio» y «El Gran Consejero Murakami» otros dos relatos de Ango Sakaguchi protagonizados por mujeres fatales en los que la belleza se torna en perversión y el deseo, en violencia.