El verbo se hizo carbe de Rubén Castillo

El Verbo se hizo carne

Acaba de ver la luz el extraordinario libro de relatos eróticos El Verbo se hizo carne, de Rubén Castillo (Blanca, Murcia, 1966), publicado por Alfaqueque Ediciones, prestigiosa ya, y valiente iniciativa que regenta con gran criterio el editor Fernando Fernández Villa. Libro que fue publicado originalmente en el año 1997 con el título Imágenes prohibidas de la Biblia, libro muy bien acogido por la crítica en ese año. Este volumen está compuesto por siete excelentes relatos y un dictamen moral a modo de prólogo o preámbulo. Relatos que  están fundamentados en pasajes muy conocidos de la Biblia, por cierto, el libro más leído de la Literatura Universal. Un libro, el de Rubén Castillo, que en cierto modo es heredero de El evangelio según Jesucristo, de José  Saramago, aunque El Verbo se hizo carne tiene otro discurrir, con una vida muy propia, muy definida, muy particular, relatos trazados por el escritor murciano con su habitual maestría. Aquí en estos textos el autor, siempre a través básicamente de lo erótico, la ironía, el humor y el talante metapoético, está reescribiendo La Biblia sin duda de una manera más cercana, más apasionada, más amorosa; y en esta reescritura se disuelven las dudas de que los personajes estén pecando de alguna manera, de igual modo que el narrador tampoco puede ser acusado por el ávido lector de la más mínima ingenuidad, malicia o retorcimiento, pues todo lo dicho en estos relatos, principalmente eróticos, narrados de forma muy precisa, en mi opinión muy particular, no se podrían escribir de otra manera, cosa que evidencia también que este no es un libro pornográfico, pues puede haber gente que se confunda en ese sentido…

Por otro lado, habría que destacar la extraordinaria técnica y oficio del autor de este libro, unos textos escritos con un lenguaje barroco, utilizando además un lenguaje altamente poético, que no prosa poética, con una prosa límpida, un atinado ritmo de esa prosa, plagada de un altísimo valor estético.

Los personajes bíblicos de El Verbo se hizo carne,  y eso se descubre recién comenzada la lectura de cualquier relato, no existen, ni importan por sí mismos, son como marionetas a los que una voluntad superior no siempre está fijando a un destino predecible, destino también sujeto al capricho del narrador, el mismo  que maneja esos hilos  a su propia voluntad, a su antojo; entonces, es ahí donde se aprecia abiertamente la omnisciencia narrativa, pues es una de las claves de estos relatos. El narrador, experto en tradición oral, el contador de historias, lo sabe todo, absolutamente todo, tejiendo una colectiva red. Además, el autor a sus personajes los espía y está al acecho de todos sus quehaceres y corredurías, aunque como acto generoso, libertino y libertario a la vez, en ningún momento juzga esos actos mayoritariamente carnales, perversos y amorosos.

Destacar también de estos excelentes relatos que todos los personajes históricos se reconocen muy bien, y pueden ser aplicados a comportamientos y estéticas de los tiempos que corren hoy día. Cualquier asunto o trasunto temático está entroncado perfectamente con lo que ocurre en cualquier existencia vital de un ser humano del siglo XXI.
Si los llamados guiños y señales que ofrece este excelente libro de relatos no fueran lo suficientemente importantes para convencer a los incrédulos de que Rubén Castillo, gran apasionado de la Literatura, siempre ha escrito escuchando el sonido de cada palabra minuciosamente, poco comprenderán algunos aspectos del libro, aspectos que cada lector tiene que buscar por sí mismo. Por tanto, quien lea a este gran autor se aproximará también a un hombre bueno, excelente profesor, gran lector, un hombre en definitiva que escribe y que ha sabido orquestar, dirigir con gran maestría unas narraciones que nacieron con vocación de un sutil erotismo, ironía y humor.

Ya solo me resta felicitar a Fernando Fernández Villa, excelente y vocacional editor, máximo responsable de Alfaqueque Ediciones, por haber creído en este gran libro escrito por un excelente escritor, ya consagrado como uno de los mejores escritores que ha dado la Región de Murcia en todos los tiempos, y uno de los valores en alza de la Literatura española actual.

 

Ficha técnica

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Páginas: 160 PVP: 16 €

¿Se pueden escribir relatos eróticos basados en escenas de la Biblia y, al mismo tiempo, no resultar burlón e irreverente? Ésa es la pretensión de esta obra. El autor, Rubén Castillo, acude a episodios bien conocidos del libro sagrado y los convierte en narraciones donde las pasiones humanas (los celos, la ira, el amor, la vileza, la sensualidad) se transforman en las auténticas protagonistas.

Reseñado por José Cantabella

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Escrito por Rubén Castillo

Rubén Castillo es licenciado en Filología Hispánica y profesor de Lengua Castellana y Literatura en Enseñanza Secundaria. Ha ejercido la crítica de libros en distintos periódicos y blogs especializados.

Es autor de los ensayos, ‘Palabras en el tiempo’ (2002) y ‘La voz de los otros’ (2006); del libro de relatos, ‘Hegel en el tranvía’ (2008); y de las novelas, ‘Reina María’ (1990), ‘La mujer de la mecedora’ (1992), ‘Las grietas del infierno’ (2002), ‘La cueva de las profecías’ (juvenil, 2010) y ‘Las hogueras fosfóricas’ (2011) y ‘Galatea de las esferas’ (2012). Además, ha obtenido diversos galardones en novela corta y relatos