Vivant Denon de Philippe Sollers

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Magnífico ensayo biográfico, en el que el lector español descubrirá a un personaje poco conocido, al menos en España, a pesar de ser el creador del Museo del Louvre. Contemporáneo de los ilustrados y de los revolucionarios franceses, fue un diletante, un hombre que vivió a caballo entre dos mundos, siempre en el filo de la navaja, y consiguió sobrevivir sin necesidad de cambiar sus principios. Como hubiera dicho Groucho Marx…«si no le gustan mis principios, tengo otros». Pues los principios de Denon eran lo suficientemente elásticos y libres como para permitirle tratar con Luis XV, con Catalina de Rusia, con Voltaire, con Robespierre, con Napoleón y tras la caída de este, con Luis XVIII, y la restauración. Sabía adaptarse a las circunstancias, guardando para la intimidad sus ideas y pensamientos, mientras trataba, en su aspecto público, de cumplir las leyes y mantenerse cortés con todos.

Fue escritor, pintor,  dibujante y sobre todo, grabador. Aunque, sobre todas sus actividades, podríamos decir sin errar demasiado que, haciéndole honor a su nombre, fue un vividor, en el mejor sentido de la palabra. Gozaba de la vida, le gustaba vivir, vivía el presente.  Parafraseando a LeCarré: «calderero, sastre, soldado, espía» y como dice en el epílogo Javier Jiménez, Vivant Denon es «viajero, libertino, aficionado al arte -yo diría artista- coleccionista, bibliópata, diplomático, espía según algunos, discreto, padre de la egiptomanía, mujeriego y enamorado.»
Efectivamente, sus viajes en misiones diplomáticas hacen sospechar que transmitía información en secreto. Lo más cerca de ser soldado, sin embargo,  lo fue en Egipto, al acompañar a Napoleón para ver y dibujar de primera mano las pirámides y los monumentos egipcios. Las balas pasaban silbando a su alrededor mientras él dibujaba…En su Viaje a Egipto, publicado en 1802, es precisamente Denon el que reproduce la famosa frase de Napoleón sobre los «cuarenta siglos que nos contemplan»…incluso Sollers sugiere la posibilidad de que quizás el propio Denon se la soplara a Napoleón, como insinúa si no sería Montaigne el que sugeriría a Enrique IV la famosa frase de que «París bien vale una misa»…

Así es Sollers: salta de una cosa a otra, de la vida y hechos de Denon a las vidas  de otros, contemporáneos o posteriores a él, en un estilo muy peculiar suyo. Destaca que no tenemos demasiados datos de Vivant Denon por su enorme discreción. Si hubieron mujeres, que las hubieron, no hay apenas cartas, salvo las de Madame Albrizzi-Marini, que debió ser para este soltero recalcitrante algo más que una pasajera relación. «Nunca he tomado mujer y vivo contento con mi libertad», afirmará en varias ocasiones. Amaba a las mujeres apasionadamente, pero amaba aun más su libertad e independencia. Y así como Casanova hacía constante gala de sus amores o sus ejercicios sexuales, Denon cubre con un discreto velo esa faceta. Incluso su relato, Point de lendemain (Sin mañana) lo publicará anónimamente. «Vivant es un virtuoso del discurso mudo indirecto -dice Sollers- discreción reforzada, asuntos de Estado, destrucción de correspondencia, ausencia de huellas: es la norma».
Y Sollers es un virtuoso de la palabra, de la imagen verbal, de la ligazón de ideas al vuelo, de la sugestión y la ironía. Su estilo saltarín es encantador, seductor como los personajes que gusta de retratar; dieciochesco como ellos. En suma, un libro excelente, y una edición magnífica.

Reseñado por Ariodante

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Escrito por Philippe Sollers

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Philippe Sollers (Talence, 1936) Escritor francés, uno de los fundadores del grupo Tel Quel (1960). Su obra narrativa (ensayo y novela) oscila entre las formas tradicionales y la experimentación vanguardista. De madre católica tradicionalista y padre ateo antimilitarista, fue educado en los jesuitas, y después realizó estudios de comercio, que abandonó para dedicarse de lleno a la escritura.
Publicó su primera novela, “Une curieuse solitude”, en 1958. Se casó en 1967 con Julia Kristeva, escritora y psicoanalista. Fue, entre otros, amigo de Jacques Lacan, de Louis Althusser y de Roland Barthes, quienes son descritos en la novela “Femmes” (1983), así como de otras grandes figuras del movimiento intelectual francés. Sollers, que vive regularmente en Venecia o en l’Île de Ré, dirige desde 1983asimismo la colección “l’Infini” y es miembro del comité de lectura de Gallimard. Ha frecuentado el género biográfico, interesándose por personajes del dieciocho (Casanova, Mozart, Sade…)

Ficha técnica

Páginas: 264 PVP: 22,50€
El caballero del Louvre. Prólogo de Blas Matamoro. Epílogo de Javier Jiménez. Traducción de Mauro Armiño
Para Philippe Sollers, novelista metido a biógrafo, Vivant Denon esuno de los personajes más fascinantes e inclasificables de la cultura francesa de los siglos XVIII y XIX. Diplomático, tal vez agente de inteligencia, grabador, pintor, dibujante, museógrafo, saqueador de obras de arte, Vivant Denon fue, además, escritor libertino, un francés típico y atípico de su época –entre el Antiguo Régimen y la Restauración–. La suya es, aparentemente, la historia de un viajero, uno de aquellos viandantes del siglo xviii que confiaban en el mundo y en la propia razón que era universal, y se dedicaban a conocer mundo: la Rusia de la despótica,  ilustrada y excitable zarina, la Suiza de Voltaire y la indefinible Nápoles de los Borbones. A la vez, los restos, cada vez más visibles, de las ciudades romanas hundidas en la ceniza y los vestigios fundacionales de la Magna Grecia.