Leche de Marina Perezagua

9788415070306

Con su segundo libro de relatos Marina Perezagua viene a confirmar la solidez de una voz diferente, el rigor de un estilo reconocible pero con la suficiente versatilidad para ajustarse a las exigencias de sus inquietantes historias. En estas que reseñamos es frecuente recurrir, para perturbar al lector, a la angustia que conlleva el extrañamiento, cuando lo familiar se convierte en irreconocible y, por tanto, amenazador. En otros casos, sin embargo, será el reconocimiento final, la anagnórisis clásica, el que nos dé la medida de la tragedia que en adelante soportarán sus protagonistas.

El nombre en clave que recibió la bomba lanzada sobre Hiroshima, ‘Little Boy’, sirve como título de un estremecedor relato sobre los efectos de aquella en la población. Pero también es el nombre de una asociación de mujeres japonesas que perdieron entonces a sus hijos, algunos volatilizados ante los ojos de sus madres, otros víctimas de las secuelas. Recorre la narración una sensación de pesadilla donde tienen cabida esos zombis que se movían entre los escombros con los brazos por delante, intentando así mitigar los efectos de la ceguera o los de su propia corrupción. Y, como contrapunto, la historia simultánea de una ambigüedad sexual, ante la que se alza la fuerza castradora de la explosión más destructiva.

A este primer relato, el más extenso, le siguen otros dos que podrían componer un juego especular. En ‘El alga’ la protagonista simula su muerte para escuchar las despedidas de sus allegados ante el féretro, incluyendo la de alguien que no logra identificar. Mientras, en ‘Él’, es el postrado herido el que muestra su carne irreconocible a aquella que lo cuida. Un proceso de ocultamiento que deviene en ritual en ‘Aurática’.

Encontraremos también historias de un futuro apocalíptico, o extrañamente atemporales, y la reformulación de un mito, el de Pasífae y su hijo Minotauro, a cuyo vertiginoso final acuden otros personajes legendarios. La alegoría más transparente nos la proporciona, no obstante, ‘Las islas’, relato en el que un padre se aleja de la orilla en un flotador con forma de isla, palmera incluida, desatendiendo a sus hijos al descubrir otra isla idéntica en la que se adivina una figura femenina. Y no menos sugerente resulta ‘El piloto’, la historia de un camionero que ante la angustia que supone no recordar lo ocurrido en su trayecto rutinario, decide atribuirse en silencio la autoría de los accidentes que la prensa sitúa en su ruta, dotando así de realidad un tiempo antes vacío.

Y para cerrar el círculo, en el relato que da nombre a la colección y la clausura, es ahora el invasor japonés el agente de la crueldad más injustificada en un campo de concentración en China.

Estos y otros más son argumentos suficientes para acercarnos a la obra de esta joven narradora, y hacerlo asumiendo la afirmación de otro Minotauro, el cortazariano, cuando advierte que “sólo hay un medio para matar los monstruos, aceptarlos”. O, parece sugerir Perezagua, al menos reconocerlos.

Escrito por Marina Perezagua

(Marina Perezagua (1978) es licenciada en historia del arte por la Universidad de Sevilla.
Tras su licenciatura marchó a Estados Unidos con una beca de doctorado en filología hispánica, y durante cinco años impartió clases de lengua, literatura, historia y cine hispanoamericanos en la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook. Actualmente vive en Francia y trabaja en el Instituto Cervantes de Lyon.

Ficha técnica

Prólogo: Ray Loriga
Págs. 186 PVP. 17,50 €

Las historias de Leche exploran el erotismo y el amor, la mentira y la venganza, y lo hacen recorriendo el mundo desde la prehistoria hasta Hiroshima después del impacto de la bomba atómica, desde una playa mediterránea hasta mundos ambiguos en los que la realidad y lo imaginario juegan un complejo juego de espejos.

Reseñado por Rafael Martín