La mano de Ethelberta de Thomas Hardy

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La editorial Belvedere, especializada en clásicos británicos, ha incluido en su catálogo dos novelas de Thomas Hardy inéditas en castellano, ‘Conciudadanos’ (1880), ya reseñada en este blog, y ‘La mano de Ethelberta’, publicada primero por entregas y luego en forma de libro en 1876, justo entre ‘Lejos del mundanal ruido’ (1874), la novela que lo convirtió en autor de éxito, y ‘El regreso del nativo’ (1878), obra en la que el estilo de Hardy adquiere su consistencia definitiva.

Incluida por el propio autor en el reducido grupo de sus ‘Novelas de ingenuidad’, ‘La mano de Ethelberta’ se presenta como el típico folletín victoriano capaz de mantener el interés de sus lectores y, sobre todo, lectoras. Porque Hardy supo atraerse al público femenino a base de usar como protagonistas a mujeres de carácter, enfrentadas a difíciles encrucijadas, y a las que dota de un “subversivo don mefistofélico: la inteligencia”.

Es el caso de Ethelberta, cuyas incursiones en el terreno de la poesía y la lectura pública le han permitido adquirir cierta notoriedad entre los miembros de una clase a la que en realidad no pertenece y a la que se había acercado en calidad de institutriz. Para mantener las apariencias y ocultar su extracción humilde, vive rodeada de su numerosa familia cuyos miembros pasan por ser sirvientes y empleados, ficción que intenta mantener ante sus variados pretendientes, entre los que se plantea elegir aquel que permita asegurar económicamente el futuro de los suyos. Una generosa actitud que obligaría a la protagonista a sacrificar sus verdaderos sentimientos, y para la que busca argumentos definitivos en un tratado sobre utilitarismo, filosofía moral compartida por el propio autor.

A pesar de todo, la novela parece por momentos una comedia de enredo, con sus equívocos, sorpresas, y un tono de levedad sustentado por los comentarios y sentencias ingeniosas que Hardy pone en boca de sus personajes, y al que también colaboran las visitas turísticas que estos realizan, ya sea a la tumba de Milton, a la catedral de Ruán, o al Museo Británico y su colección de bajorrelieves asirios. Ese tono ligero contrasta con el más grave de sus obras mayores, con las que, sin embargo, comparte ciertos elementos, como el peso inevitable del pasado, en este caso en forma de extracción social, que determina los infortunios de muchos de sus personajes; o la inmersión de estos en una naturaleza insensible, desatada aquí en forma de temporal frente a los acantilados. Y como es habitual, la acción se desarrolla principalmente en el entorno rural de las pequeñas poblaciones del imaginario condado de Wessex.

Aunque Hardy pueda parecer a veces complaciente con las convenciones sociales que asfixian a su protagonista, en realidad no deja de ser dramáticamente consciente del poder de unas tradiciones a las que aquella sólo puede oponer el entusiasmo de sus aspiraciones de independencia y un contradictorio rechazo a las diferencias de clase. De hecho, la crudeza con que describió esta despiadada opresión en su obra ‘Jude el oscuro’ (1895), le granjeó tal rechazo que decidió no publicar más novelas. En esta, no obstante, aun no se muestra plenamente el pesimismo materialista que llevará al protagonista de ‘El alcalde de Casterbridge’ (1886) a sentenciar que “la felicidad no es sino un episodio ocasional del drama general del dolor”.

Ficha técnica

Páginas: 480 | PVP: 24,20 €
Traducción: Roberto Frías
Ethelberta Petherwin es una joven de origen humilde casada con un hombre de posición alta. A los veintiún años enviuda y no hereda más que una casa que pronto deberá dejar. Para no volver a los orígenes de los que procede, Ethelberta se traslada a Londres para iniciar una carrera literaria. Allí alquila una casa para ganarse la vida y emplea a sus hermanos como sirvientes sin que nadie lo sepa. Igualmente esconde el hecho de que su padre sea mayordomo en otra casa de lustre. Al tiempo que cosecha un éxito detrás de otro en su carrera literaria, aparecen pretendientes que buscan su mano. Ethelberta deberá elegir uno de entre todos ellos, elegir entre a quien realmente ama o a quien le pueda ayudar a mantener su posición para no volver a sus orígenes.
Thomas Hardy dividió sus novelas en tres grupos: novelas de personajes y entorno, romances y fantasías y novelas ingeniosas. La mano de Ethelberta se encuadra en el tercer grupo. Inicialmente, fue publicada por capítulos en el Cornhill Magazine. La diferencia de clases existente en la obra está contada en esta ocasión desde el punto de vista de los sirvientes, algo no muy habitual en la época, y que cuenta con las ilustraciones originales de George DuMaurier, ilustrador habitual de la revista Punch.

Reseñado por Rafael Martín

Escrito por Thomas Hardy

Dorchester, 1840 – Dorchester, 1928
Thomas Hardy nació el 2 de junio de 1840 en Higher Bockhampton (Dorset), lugar que constituiría el condado imaginario de Wessex en que ambientaría sus novelas.
Su padre, maestro de obras, le buscó un empleo como aprendiz con un arquitecto local que se dedicaba a restaurar iglesias antiguas. De 1862 a 1867, Hardy trabajó para otro arquitecto londinense y más tarde, de nuevo en Dorset, continuaría en la construcción a pesar de su mala salud. Mientras tanto, escribió poesía con poco éxito, para dedicarse más tarde a la novela. A partir de 1874 pudo empezar a vivir de la escritura, y aquel mismo año contrajo matrimonio con su primera esposa, Emma Gifford, a quien conoció cuando trabajaba en Cornualles. Su unión duraría hasta la muerte de ella, en 1912. En 1914 se casó con Florence Dugdale. Thomas Hardy publicó un total de catorce novelas. Las dos primeras, Remedios desesperados (1871) y Bajo el árbol del bosque (1872), fueron publicadas de manera anónima. Las dos siguientes, Unos ojos azules (1873) y Lejos del mundanal ruido (1874), ya firmadas con su nombre, cosecharon un enorme éxito. Entre sus obras más aclamadas, destacan El regreso del nativo (1878), El alcalde de Casterbridge (1886), Los habitantes del bosque (1887), Tess la de los d’Urberville (1891) y Jude el oscuro (1895). Todas ellas están vinculadas a la creencia en un universo dominado por el determinismo biológico de Charles Darwin, a la filosofía pesimista de Arthur Schopenhauer, y a la existencia de un mundo en el que el destino de los individuos se ve fatalmente alterado por la suerte. Cansado de que los críticos le reconviniesen por sus temas, Hardy se consagró, tras publicar Jude el oscuro, a la poesía. Poemas de Wessex (1898) y Poemas del pasado y del presente (1901) contienen obras escritas tiempo ago. Los Dinastas, compuesto entre 1904 y 1908, es un drama épico, no redactado para la escena, de 19 actos y 130 escenas, en el que se narra la intervención de Inglaterra en las Guerras Napoleónicas. Sus poemas cortos, evocadores y visionarios, se publicaron en los libros Risas del tiempo (1909), Sátiras de circunstancias (1914), Momentos de visión (1917), Poemas líricos (1922), Fantasías humanas (1925) y Palabras en invierno (1928). Thomas Hardy murió el 11 de enero de 1928..