Estambul. Paseos, miradas, resuellos de Javier González-Cotta

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El sueño de todo editor es que algún incidente fortuito en la vida real catapulte las ventas del libro que prepara. El azar ha querido que este formidable Estambul, paseos, miradas, resuellos que llevaba un par de años gestándose, saliese de imprenta justo cuando la capital turca se ha convertido en asunto recurrente de los noticiarios. Pero que nadie se llame a engaño. Cualquier parecido con la realidad es pura geografía. Nada tienen que ver las revueltas contra Erdogan de la plaza Taksim con el contenido de este libro de viajes genuinamente literario.

Sabrán los adeptos al género que un libro de viajes difiere sustancialmente de una guía de viajes para turistas low cost de chanclas y execrable pantalón pirata. El libro de viajes en general y éste de Javier González-Cotta en particular es literatura en estado puro, es decir, el objetivo no es inventariar la ciudad que se despliega ante la vista, sino mostrarla al trasluz de los velos sentimentales del observador. Por si alguien alberga dudas respecto de la flagrante subjetividad de los libros de viaje, González-Cotta lanza un aviso para navegantes camuflado en una entradilla de Pessoa al inicio del libro: “Los viajes son los viajeros.  Lo que vemos no es lo que vemos; es lo que somos”. Una aventura, por tanto, ésta de los libros de viajes más admirable por cuanto tiene de impúdica. Y es que, a diferencia de la novela o el teatro, aquí no encontraremos personajes tras los cuales esconder filias y fobias.

El Estambul de Javier González-Cotta se ha sacudido los tipismos propios de postales y tiendas de souvenirs. La ciudad se nos descifra mediante un vouyerismo honesto, apreciativo de los contrastes, que lo mismo se rezaga ante las murallas de Bizancio para recordar su accidentada historia que ante el taciturno transitar de buhoneros o ante cutres arrabales alejados del perímetro turístico. Y entre “paseos, miradas y resuellos (estos últimos provocados por las empinadas cuestas), el autor nos va aderezando el recorrido con hilarantes autocrítica y humor negro, sabiamente interpuestos para evitar que la melancolía escore hacia la amargura. De manera intermitente el escritor y periodista va haciendo escalas literarias entre los célebres viajeros que le precedieron por aquellas tierras y de quienes refiere impagables anécdotas: Flaubert, Pierre Loti, Pamuk (cómo no), Wiesenthal, Blasco Ibáñez, Le Corbusier…Como botón de muestra, reproduzco esta genialidad intercalada en la descripción de la estación de trenes de Sirkeci: “Flaubert no distinguía qué era más siniestro, si la guillotina, si las prisiones, si las tartas de crema o si el ferrocarril” (pág.66).

El libro, encomiablemente editado por Almuzara y acompañado de útil cuadernillo fotográfico, es el que servidora recomendaría vivamente a quienes próximamente se propongan viajar a Estambul, como alternativa -o adenda- a las previsibles rutas de otro tipo de turismo.

Ficha técnica

Páginas: 352 PVP:25€

Las derruidas murallas de Bizancio. Atardeceres en los astilleros del Cuerno de Oro. El cantil del fin de Europa sobre el Bósforo. Los cruentos destrozos de la ciudad. Los parques de lápidas asomados a las colinas. Falenas de lucecillas que afloran al anochecer por toda la ciudad. Un paseo meditabundo junto a las vías por las que transitó el Orient-Express. La feliz rutina de los barcos urbanos. El color pardo del Cuerno de Oro. Haydarpa_a: la estación de trenes más bella del mundo. Empinadas cuestas y olor a estufas. La lluvia y el invierno. Estruendo y silencio. Barrios proletarios y casas de madera. Calamidad y vanguardia. Fluidos de nostalgia y códigos contemporáneos. Y la gente. El gran caravasar de la gente en Estambul.
Todo en este libro aleatorio son paseos, paseos que son miradas, miradas que son resuellos. La ciudad se describe con amor al detalle. El paseante sabe que se debe a la moral del asombro. Flujo y asiento de identidades, Estambul dice adiós al cliché. La ciudad es como un estado de ánimo, más allá de servir de bisagra entre oriente y occidente. A cada paso reaflora la Historia (en 2013 se cumplen 560 años de la conquista otomana de Bizancio). El resto discurre entre crónicas de viajeros de época, novelas de ayer y de hoy (en especial las del Nobel Orhan Pamuk) y fotogramas literarios del nuevo cine turco.

Reseñado por Martina Alberca

Escrito por Javier González-Cotta

Javier González-Cotta (Sevilla, 1970) es licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra. Ha ejercido como crítico literario, articulista de prensa, editor de revistas culturales, fotógrafo de ocasión y escritor. Como periodista cultural, cofundó en 1998 y dirigió durante años la revista MERCURIO. Panorama de Libros. Actualmente, entre otros
medios diversos, es colaborador asiduo de El Mundo. Es autor del libro de temática viajera “Errabundia Express”. Con “Estambul. Paseos, miradas, resuellos” inicia un ciclo de libros sobre una ciudad que le atrae de forma vírica y que visita de tanto en tanto. Es buen conocedor de la narrativa turca contemporánea y, especialmente, de la obra del Nobel de literatura Orhan Pamuk.
Fotografía de Manuel Díaz (En un barco de líneas urbanas por el Cuerno de Oro).

3 comentarios en «Estambul. Paseos, miradas, resuellos de Javier González-Cotta»

  1. Todo un collage de imágenes sobre el que el escritor lanza su afilada mirada, con la precisión narrativa de un escalpelo, a una urbe que es como un estado de ánimo, más allá de servir de bisagra entre Oriente y Occidente. “Todo en este libro aleatorio son paseos, paseos que son miradas, miradas que son resuellos. La ciudad se describe con amor al detalle. El paseante sabe que se debe a la moral del asombro. Flujo y asiento de identidades, Estambul dice adiós al cliché”, añade su editor David González Romero.

  2. Estoy de acuerdo con la descripción que se hace del Cuerno de Oro: color pardo. Es cierto. De la última vez que estuve en Estambul recuerdo ese color y la suciedad que tenía el Cuerno de Oro. El libro promete. Espero que no defraude.

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