Las crónicas de Cranford de Elizabeth Gaskell

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Cranford, en primer lugar, está en poder de las Amazonas; los inquilinos de las casas que sobrepasan cierto alquiler son mujeres. Con este comienzo, podemos intuir algo de lo que leeremos después. …Cuando están en dificultades, las damas de Cranford se bastan por completo  «¡Un hombre estorba tanto en una casa!» Me comentó una de ellas una vez.  Cranford se publicó entre 1851, primero por entregas en la revista dirigida por Dickens, Household Words, y finalmente en forma de libro en 1853.

Es esta una lectura relajante, pausada, que con su suave discurrir nos muestra un fresco de la vida provinciana;  los habitantes de Cranford van pasando frente a nosotros como un río al acercarse a la desembocadura, y entramos en sus casas, conocemos las costumbres, las preocupaciones que les inquietan, las alegrías que ingenuamente disfrutan, sus miedos, esperanzas, deseos.  Contada en primera persona por una discreta narradora, Mary Smith, que vive en una población distinta, pero cuya amistad con varios veteranos miembros femeninos de la comunidad promueve visitas y estancias frecuentes en Cranford, población que llega a considerar como su segunda residencia. Podría alguien pensar que una lectura semejante carece de interés para los agitados lectores de hoy, ávidos de emociones fuertes y de acción. Pero justamente a esos lectores –y a todos los demás― creo que les convendría descansar un poco del ruido contemporáneo.

No se van a aburrir. La historia del capitán Brown y sus dos hijas, o cómo un hombre se hace un hueco entre tanta dama; las hermanas Jenkins y su hermano Peter, desaparecido en la India;  las andanzas de la señorita Pole; los sucesivos robos y las actitudes que generan; la visita del señor Holbrook y el retorno de los recuerdos; la encopetada señora Jamieson y su perro Carlo, complicándolo todo la llegada de su pariente, lady Glenmire …y su encuentro con el doctor Hoggins; la familia Brugnoni y su espectáculo de magia; la entrañable lectura de cartas de la señorita Matty… los lectores van a descubrir en cada capítulo una novedad, será como leer unas crónicas que van desgranando sucesos y personajes.

La ingenuidad de los protagonistas de estas historias, presentadas bajo una capa de finísima ironía, como sólo los británicos saben hacer, provoca  en el lector placenteras sonrisas, tras la vivencia de divertidas escenas, entrañables y emotivas unas o claramente jocosas otras. Gaskell no sólo se ríe de sí misma sino de la provinciana y pueblerina sociedad victoriana en la que ella misma fue educada y vivió durante años. La conoce a fondo y la reproduce con cariño, pero sin ahorrarse una visión crítica y  en el fondo demoledora, aunque tratada siempre con elegancia y respeto.

En una sociedad donde las diferencias de clase son marcadísimas, las preocupaciones de las damas maduras consisten en si llevarán el gorro adecuado, si sabrán dar el tratamiento correcto a una aristócrata, si es oportuno o no recibir antes de las doce, o quien será su pareja en las partiditas de cartas en casa de las amigas. ¿Conviene que las criadas tengan novio? ¿Es respetable que una dama soltera salude a otra dama de un escalafón inferior en sociedad? ¿Cómo se lavan los encajes? ¿Qué se debe servir primero en el almuerzo? ¿Hay que poner aguardiente en las conservas o es inconveniente moralmente? Todos estos y muchos otros son los asuntos que llevan y traen a nuestras queridas solteronas a lo largo del libro. Historias de amor frustradas, amores tardíos, familiares perdidos y hallados, visitas sorpresa,  problemas financieros,  nacimientos, óbitos…en fin, lo importante de todo ello es que en el fondo, las relaciones humanas verdaderamente sólidas sobrepasan las diferencias de clase y tienden puentes cuando realmente son necesarios. El tono general de humor e indulgente consideración hace que veamos las cosas con ojos divertidos y ánimo propicio.

Excelente escritora decimonónica, que la editorial Alba está recuperando con una cuidada edición de un buen número de sus obras, Elizabeth Gaskell es contemporánea de Dickens. De hecho, fue a instancias de este escritor que ella publicó el libro. Sin embargo, frente al escritor urbanita y de los bajos fondos londinenses, Gaskell dirige la mirada más hacia la vida rural, que es donde reside la Vieja Inglaterra.

Escrito por Elisabeth Gaskell

Elizabeth Cleghorn Gaskell (Chelsea, 1810- Holybourne, 1865) pasó la infancia en Cheshire y posteriormente en Newcastle upon Tyne y Edimburgo. Hija de un clérigo unitario, funcionario y periodista, Gaskell fue criada después de la muerte de su madre por su tía en Knutsford, un pequeño pueblo que sirvió como prototipo no sólo para Cranford, sino también para otras de sus novelas. Tras casarse con el también ministro unitario William Gaskell, marchó a vivir a Manchester y después a Plymouth Grove, en donde desarrolló toda su labor literaria. Su primera novela se tituló Mary Barton, y fue publicada anónimamente en 1848. Amiga de Charles Dickens, que la animó a seguir escribiendo, y de Charlotte Brontë, de quien escribió su biografía en 1857. De 1851 a 1853 escribió y publicó por entregas los textos con el título de Cranford Escribió, además, las novelas y relatos La casa de Moorland (1850); Ruth (1853); Norte y sur (1855) y Esposas e hijas, publicada póstumamente (1866).

Ficha técnica


Traductor: Elisabete Fernández Arrieta
Prólogo: Marta Rivera de la Cruz
464 páginas 22.50 €

«Las historias que cuenta Cranford enlazan brillantemente unas con otras, como las cerezas extraídas de un cesto. Casi todas pueden ser leídas como cuentos independientes, pero en su conjunto forman una narración suficientemente sólida como para estar muy lejos de ser consideradas una mera sucesión de relatos. Si algo unifica todas las historias que se cuentan es, sin duda, la ternura que late en cada una de ellas: la de la mujer madura que recupera a un amor de juventud al que abandonó para cuidar a su hermana enferma; la solterona que, ablandada por la muerte de un viejo amor, autoriza a su criada a responder a los requiebros de un pretendiente; la del chiquillo descarriado que huye de la casa tras una inopinada paliza de su padre, de la que el hombre se arrepiente de por vida…»

Reseñado por Ariodante

Blog: https://lamiradadeariodante.blogspot.com

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