Papeles con sangre, de Rubén Martí Rodríguez

La adolescencia es una época que marca, eso lo sabemos todos. Cuando pasamos de ser niños a ser hombres, por decirlo de alguna forma, todo lo que nos sucede nos va a forjar la personalidad. La pubertad es una época complicada, las hormonas hacen acto de presencia y solo se piensa con una parte del cuerpo. Nos descubrimos a nosotros mismos y también qué nos gusta o qué no.

Y en ese momento piensas que ojalá fuera más fácil todo, que la vida es demasiado compleja, que no la entiendes y nadie te entiende a ti. Piensas que eres especial, que eres distinto, que cuando crezcas le vas a dar su merecido a esos matones que te están haciendo la vida imposible o que vas a llegar a lo más alto de la vida.

Sin saber que la vida está ahí para quitar la red y hacer que te des de bruces contra el suelo.

Y eso lo sabe muy bien Rubén, el protagonista de nuestra historia.

Papeles con sangre, de Rubén Martí Rodríguez, es un libro bastante peculiar y me gustaría hablaros de él largo y tendido. Lo primero que nos encontramos es la presentación de Rubén. Es un adolescente que vive con su familia, de origen humilde y trabajador. En el colegio las cosas no le van demasiado bien porque hay un tío que le hace la vida imposible, y encima ha empezado a sentir algo por su profesora de Química que no había sentido jamás.

Los capítulos van pasando y vamos viendo cómo Rubén crece. Año a año la obsesión que tiene por su profesora es mayor y no ayuda en nada que ella le haga levantarse en clase para dejar que todos vean lo visible que es su amor por ella, ya me entendéis. El caso es que ella, aunque casada, siente que algo pasa entre ellos dos. Y entre capítulo y capítulo conoceremos la historia que ambos van a vivir. Iba a decir que conoceremos la historia de amor, pero creo que esta no es la palabra adecuada. No sé si llega a haber amor y, si lo hay, hasta qué punto es real. Pero lo que hay es una unión especial que marcará las dos vidas, sobre todo la de Rubén.

Y si no fuera poco el ser adolescente, estar enamorado de tu profesora y acabar acostándote con ella, y tener detrás a un abusón que te hace la vida imposible, va el destino y decide reírse de Rubén a la cara haciéndole ver cómo alguien asesinaba a un tipo. Sí, nuestro protagonista, al que ya a estas alturas hemos cogido un cariño especial, resulta que ve un asesinato en vivo y en directo. Lo mejor de todo es que el chico parece olvidar este episodio durante un tiempo. De hecho, a medida que avanza la novela yo, como lectora, no paraba de preguntarme qué habría pasado con ese hombre, qué habría hecho para merecer tal final, y por qué Rubén no investigaba más sobre todo lo ocurrido. Esa tensión que se genera y que es inevitable hace que el lector se sienta intrigado. Pero es increíble cómo, gracias a la propia vida y las cosas que le ocurren a Rubén, este asesinato queda relegado a segundo plano de una manera magistral.

Será por esto o no —no voy a dar más pistas— por lo que Rubén acaba en un centro de menores, la guinda del pastel que hará que todo se complique muchísimo más, a la vez que su profesora, esa que marcó su adolescencia, decide emprender un viaje a un país exótico para reencontrarse con ella misma después de atravesar un duro divorcio.

Como veis, Papeles con sangre es un libro bastante completo que no se encasilla en un único género literario. Por su portada, se podría pensar que es un thriller; por su contenido, se podría pensar que es una narrativa pura y dura; por su desarrollo podríamos pensar que es una novela de personajes. Y esa es la magia que esconden estas palabras, que poco a poco el lector comprenderá que está ante algo diferente y único de lo que no podrá salir hasta que no llegue a la última palabra.

Hay una cosa curiosa que tengo que destacar y es que en la biografía del autor se nos dice que este libro es una mezcla de ficción y realidad. Su autor, Rubén Martí Rodríguez, ha depositado en él tanto historias reales como vivencias propias y otras muchas sacadas de su imaginativa mente. Lo curioso de leer este libro sabiendo este dato, aunque pueda parecer nimio, es que el lector se estará preguntando constantemente qué parte es real, cuál es inventada y, sobre todo, qué de todo lo que está contando es lo que le ha pasado a él. Porque una ya duda… ¿Será que vio cómo asesinaban a alguien? ¿Será que acabó liado con su profesora? ¿Será que le hacían bullying en el colegio? ¿Sería él el abusón? Las posibilidades son infinitas y, no sé, me da la sensación de que esto produce una especie de morbo un tanto ilícito en el que el lector incurrirá sin remedio para intentar averiguar qué es cierto y qué no. Yo no os voy a decir lo que pienso, pero espero que vosotros, después de leerlo, me lo comentéis. Nadie juzgará a nadie, prometido.

En definitiva, como veis es un libro con múltiples facetas, lo que hará que el lector piense y recapacite y, sobre todo, se meta en la historia de lleno, algo tan imprescindible como cualquier otro elemento que incluya la novela. Para mí ha sido una experiencia muy interesante leerlo y disfrutarlo, porque intentar entender la mente de Rubén, tanto de adolescente como de no tan adolescente, ha hecho que me replanteara mi propia existencia cuando tenía esos años. Yo no acabé en un reformatorio, ni me enamoré de ningún profesor, pero aún así me ha resultado tan fácil ponerme en la piel de Rubén que he llegado a asustarme.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.