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  1. Este es uno de esos libros que atrapan en la página uno y tienes que seguir leyéndolos mientras bajas en el ascensor, vas al baño o te preparas un café. De los que acaban con más de un goterón de algo que se te cae encima mientras haces otra cosa, precisamente porque es el libro lo que no se te cae de las manos…
    La autora construye las situaciones, los personajes y los diálogos con la fluidez y el ritmo del mejor Almodóvar. Los retratos son realistas y auténticos, pero se trazan con dos pinceladas y te arrancan la carcajada sin parar. Yo he tenido que parar constantemente para releerle pasajes al señor que tengo al lado en casa y compartir la risa con él.
    Así es cómo recorres las doscientas y pico páginas con la avidez de un yonki. Luego se te acaba la novela sin que te hayas dado cuenta y te quedas con un síndrome de abstinencia de caballo.

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