Pasado, presente y futuro de los marcapáginas

¿Has leído algún libro de un tirón? Es complicado y casi nadie es capaz de hacerlo, la falta de tiempo, concentración, o incluso el tirón escaso del libro nos lo impiden. La eterna pregunta es ¿Cómo recordar la página por la que te quedaste leyendo?

Hoy día muchas librerías y editoriales incluyen un marcapáginas con algún mensaje relacionado con ellas en los libros que venden para aumentar su visibilidad. El potencial publicitario de los marcapáginas es tremendo. En la actualidad, gracias a imprentas digitales como la de www.helloprint.es es muy fácil, rápido y económico conseguir este tipo de material personalizado.

Sin embargo los marcapáginas tienen una larga historia surgida de la necesidad de recordar la página por que ibas leyendo. ¿Cómo lo marcas tú? Algunos usan la solapa del libro, otros doblan la página, algunos introducen objetos romos y gruesos que contribuyen a deslomar los libros… Pero sin duda la mejor opción y la más atractiva es el uso de un marcapáginas. A la costumbre de doblar la página se le llama en los países angloparlantes dog ear (oreja de perro) por el parecido que tiene la esquina doblada con la oreja caída de un perro. Este hábito sin embargo, hace que los libros se estropeen y sean menos proclives a prestarse por el uso.

Para solucionar este problema, el primer marcapáginas del que se tiene constancia, se colocó en la Biblia que Christopher Barker (el editor oficial de la Biblia en Inglaterra) regaló a la reina Isabel en 1584. Era un señalador de libro en forma de cinta de seda y tenía una borla dorada en su extremo.

A partir de 1600 la mayoría de las biblias o libros de consulta ya venían con una cinta de seda, o incluso varias de diferentes colores, para indicar el punto de lectura.

Gracias a la revolución tecnológica relacionada con la imprenta, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, se comenzó la impresión sobre papel o cartón en varios colores y los marcapáginas se convierten en un útil diferenciado del libro llegando a tener un aspecto parecido a los cartoncillos de hoy en día.

Ya desde ese momento los editores y el estado vieron el potencial publicitario de estos puntos de lectura, añadiendo información sobre sus libros y las librerías o incluso mensajes políticos. Como era una manera genial de hacerse publicidad localizada con un público objetivo fantástico, los autores y editores se esforzaron en crear marcapáginas creativos y pasaron a ser incluso objetos de coleccionista.

Te proponemos un recorrido por algunos de los más bellos marcapáginas, para que dejemos la costumbre de doblar la esquina de la página o incluso adquiramos le de imprimir de forma rápida y económica los nuestros para regalar a nuestros amigos y familiares lectores un marcapáginas personalizado.

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