Los 8 libros de novela histórica de Noviembre

Yo, Julia, de Santiago Posteguillo (Planeta).

192 d.C. Varios hombres luchan por un imperio, pero Julia, hija de reyes, madre de césares y esposa de emperador, piensa en algo más grande: una dinastía. Roma está bajo el control de Cómodo, un emperador loco. El Senado se conjura para terminar con el tirano y los gobernadores militares más poderosos podrían dar un golpe de Estado: Albino en Britania, Severo en el Danubio o Nigro en Siria. Cómodo retiene a sus esposas para evitar su rebelión y Julia, la mujer de Severo, se convierte así en rehén. De pronto, Roma arde. Un incendio asola la ciudad. ¿Es un desastre o una oportunidad? Cinco hombres se disponen a luchar a muerte por el poder. Creen que la partida está a punto de empezar. Pero para Julia la partida ya ha empezado. Sabe que solo una mujer puede forjar una dinastía.

 

 

 

 


El veneciano, de Blas Malo (Edhasa).

Todo son sospechas. Nadie está a salvo. Y en el palacio ducal todo son pesares. Europa se desgarra en guerra. Francia combate contra Austria y contra Inglaterra, y Venecia defiende su neutralidad, pero las voraces tropas francesas del ambicioso general Bonaparte se han extendido por todo el Véneto y han esparcido su veneno a través de sus agentes. Las milicias reunidas a toda prisa por los preveditores venecianos, en vez de someter a los rebeldes se han arrojado como una horda contra los disciplinados franceses, dispuestos a lanzarse como lobos contra la Serenísisima República. Mientras Venecia duerme aún a salvo rodeada por su laguna, con el Consejo convocado a toda prisa por el dogo, los puños golpean las mesas de ricas maderas y las acusaciones con índices condenatorios resuenan atronadoras, incluso despúes de dar por terminada la reunión de extrema urgencia. Y Marco Lascaris, mercader de sal, descendiente de un antiguo linaje bizantino, nada sospecha que esa reunión secreta ha puesto en peligro su vida y la de su familia, en una inexorable cuenta atrás. La neutralidad se resquebraja. Pocos senadores se niegan a doblegarse ante Napoleón. Y sólo uno de ellos está dispuesto a todo para preservar la Serenísima República de Venecia.

 

 


La oreja del capitán, de Gisbert Haefs (Ediciones B).

Tras el final de la Guerra de Sucesión Española en el año 1713, comerciantes ingleses tienen el monopolio para abastecer de esclavos negros las colonias españolas en Sudamérica. Un día, Jenkins, un contrabandista que se hace llamar comerciante, se opone al control por parte de los guardacostas españoles en aguas del Caribe, por lo que el capitán español le corta sin miramientos la oreja izquierda. Jenkins no duda en regresar a Londres para mostrar la afrenta y para la corte inglesa, la oreja del capitán de uno de sus navíos, se convierte en razón razón suficiente para enviar un inmenso contingente de barcos y desencadenar la guerra del Caribe. En uno de los barcos británicos, Tobias Smollett, un joven médico, participa en la contienda más pendiente de la búsqueda de un gran tesoro de esmeraldas que de servir a su Imperio.

 

 

 


El intercambio, de Fernando Aleu (Roca Editorial).

En mitad de la Segunda Guerra Mundial, los Aliados y Alemania acordaron llevar a cabo un intercambio de soldados prisioneros de Guerra al final de la cruenta campaña militar del Norte de África, En el puerto de Barcelona, que fue el lugar aceptado por ambas partes para el intercambio, cuatro mil soldados, la mitad de cada bando, fueron intercambiados en el muelle de España, el 27 de octubre de 1943, en una operación que supuso la intervención de dos buques de cada bando. Uno de los prisioneros es un judío alemán de 24 años que, en caso de haber sido devuelto a Alemania, corría el riesgo de ser enviado a un campo de concentración. Un grupo de personas unidas por las circunstancias participó en un complot para rescatar de forma muy atrevida a aquel soldado judío, un joven muy guapo y también un gran atleta capaz de cautivar por igual a mujeres y a hombres.

 

 

 


El buque del diablo, de Ildefonso Arenas (Edhasa).

El Im­pe­rio oto­mano se alió con Ale­ma­nia y Austria-Hungría en la Primera Guerra Mun­dial. Eso dio lugar, entre otras consecuencias ca­­tas­tróficas, a que la gue­­rra durase dos años más de lo que ha­bría debido, a las dos revoluciones ru­sas de 1917 y a la dictadu­ra bol­­che­vi­que, al genocidio del pue­blo armenio, a quince millones de muertos y a la desmem­bra­­­ción del Im­pe­­­rio otomano, con el nacimiento en Oriente Me­dio de una mi­rí­a­da de nuevos estados cuya inesta­bi­lidad social, eco­nó­mi­ca y po­­­lí­ti­ca sigue sin resolverse un siglo des­pués. Si en los albores de la I Guerra Mundial el crucero de batalla alemán SMS Goeben, aislado en medio del Mediterráneo, no hu­biera esquivado a fuerza de audacia y as­tu­cia a las armadas francesa y británica, para bus­car refugio más allá de los Darda­ne­los, nada de todo eso habría ocurrido. Ésta es la historia no sólo del Goeben, sino también del hombre que lo comandaba, la historia de un hombre que, actuando por su cuenta, bajo su propio cri­te­rio, cambió el destino del mundo.

 

 

 


Los caminos de la luz, de Coia Valls (Ediciones B).

Esta es la historia de una revolución que se lleva a cabo desde el anonimato, con un punzón como única arma y protagonizada por un niño. El benjamín de los Braille, una familia de guarnicioneros, sufre un accidente que le hace perder la vista gradualmente. La tenacidad de quienes le rodean y la suya propia consiguen tejer un camino de aventuras y descubrimientos que les llevará mucho más lejos de lo que nos atreveríamos a soñar. La vida de Louis Braille, una trayectoria que nos habla de luces y sombras, de libertad y opresión, de salud y enfermedad, de cómo el ingenio puede compensar la falta de recursos, transcurre en paralelo a la historia de la convulsa Francia de la primera mitad del siglo XIX, época de revueltas y esperanzas. Coupvray, Paris, Limoges y Vichy son los escenarios donde se desarrolla la lucha de un hombre de origen humilde que encontró la manera de que los ciegos rompieran sus cadenas mientras se afanaba por descubrir la esencia de la felicidad.

 

 


La batalla, de Fernando Martínez Laínez (Ediciones B).

Este segundo volumen de la trilogía «La senda de los Tercios» se centra en la batalla de Nordlingen (1634), en la que las tropas del cardenal-infante don Fernando aplastaron al ejército luterano sueco, considerado hasta entonces invencible, en la Guerra de los Treinta Años.

 

 

 

 

 

 


El último romántico, de Carolina Molina (Ediciones Miguel Sánchez).

 

Granada, 1890. La Alhambra acaba de sufrir su peor incendio. Sofocando sus llamas, Max Cid, cae herido lo que aprovechan sus detractores para incriminarle como autor del suceso. Hasta Madrid llega su hija Carmela a pedir ayuda al conocido novelista  Benito Pérez Galdós con quien entablará una gran amistad. Porque Max Cid es ya un reconocido periodista granadino que critica la destrucción del patrimonio histórico de su ciudad y por ello se ha creado grandes enemistades entre políticos y empresarios que ven con buenos ojos que Granada se modernice a cambio de destruir sus antiguos monumentos. Carolina Molina, autora de Guardianes de la Alhambra y Noches en Bib-Rambla con las que comenzó la saga de esta familia, consigue con El último romántico recuperar la esencia de las antiguas novelas del XIX. Con una prosa riquísima y de gran sensibilidad, en donde no faltan el humor y la reflexión, la autora, nos adentra en el ambiente social cercano a la crisis del 98, tan coincidente con el actual. En estas páginas el lector encontrará a Benito Pérez Galdós, Juan Valera, José de Zorrilla, Valle-Inclán o Emilia Pardo Bazán con una impecable reconstrucción de la época. El último romántico va dirigido a un público exigente capaz de disfrutar con una historia profunda y de personajes. Una novela imprescindible, para recomendar y leer varias veces pues siempre habrá algo nuevo que aprender de ella.

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