Periodistas: El arte de molestar al poder de Juan Tortosa

¿Cómo son las bambalinas del oficio al que unos consideran el más hermoso del mundo y otros el más canalla?

¿Es posible una relación respetuosa entre la prensa y el poder? ¿Quiénes mueven los hilos en el mundo del periodismo? ¿Se puede hacer este trabajo de manera honesta? ¿Qué precio paga quien apuesta por escribir y editar en libertad? ¿Es útil lo que se aprende en las facultades de Periodismo? ¿Por qué se manipula? ¿Cómo se manipula? En definitiva, ¿cómo es la trastienda del oficio de contar historias, cómo son sus grandezas y sus miserias? ¿Está pagado ser periodista? ¿Se puede informar de manera ecuánime y serena, a pesar de la vigilancia y las intromisiones de políticos, banqueros y lobbies varios en el trabajo periodístico? ¿Existen los profesionales de la información dispuestos a venderse? ¿Por qué aceptamos las ruedas de prensa sin preguntas, o el periodismo de convocatoria, o el periodismo declarativo? Trabajar en un gabinete de prensa, ¿es hacer periodismo?

Juan Tortosa es, probablemente, el periodista que más veces ha sido encausado por escándalo público en España. En concreto, ciento cuarenta veces, cantidad a la que se tendrían que sumar los ochocientos años de inhabilitación a los que quisieron condenarlo y a los seis millones de euros (en cifras de hoy en día) con los que pretendieron multarlo. ¿El motivo? Dirigir la revista erótica más importante de la Transición: Lib.

Pero Periodistas no narra únicamente sus años trabajando al frente de esa publicación, así como los distintos cargos que ostentó en algunos de los medios de comunicación más representativos de nuestra reciente historia periodística -de Pueblo a Público, pasando por el Grupo Zeta, Diario 16, CNN+, Cuatro, Antena 3 y, entre muchos otros, TVE-, sino que también cuenta el resurgimiento, tras la muerte de Franco, de una profesión que ‘unos consideran el oficio más hermoso del mundo, y otros, en cambio, creen que es el más canalla, el más inestable y el que más quema y desestabiliza a quien lo ejerce’.

El currículum de Juan Tortosa corre en paralelo al camino recorrido por el periodismo español a lo largo de los últimos cuarenta años, en concreto, desde 1977 hasta 2018, por lo que no es arriesgado afirmar que Periodistas no es únicamente una autobiografía laboral del autor, sino también –y acaso más importante- un recorrido por la historia sentimental de una profesión que  recogió las ansias de libertad de toda una sociedad y que, por desgracia, convirtió ese anhelo en un negocio que Tortosa denuncia sin ningún tipo de ambages.

Tras el fin de la dictadura, la gente empezó a acudir en masa a los kioscos para comprar cualquiera de las tres cabeceras que, de algún modo, marcaron el inicio de la Transición: Interviú (Grupo Zeta), El País (Grupo Prisa) y Diario16 (16). Los periodistas que ejercieron su profesión en estos medios fueron testigos privilegiados no solo del renacimiento de una profesión, sino de la reconstrucción de un país que tenía un gran camino por delante.

Fueron muchos los hombres y mujeres que participaron en la consolidación de un nuevo tipo de periodismo y muchos de ellos se cruzaron con el autor en más de una ocasión, cosa que queda reflejada entre las páginas de este libro: Antonio Asensio, María Antonia Iglesias, Margarita Landi, Nativel Preciado, Margarita Rivière, María Eugenia Yague, Manuel Vázquez Montalbán, Forges, Francisco Umbral, Manuel Campo Vidal, Julián Lago, José Sanclemente, Jesús Hermida, Pablo Sebastián.

En la medida en que Juan Tortosa fue un actor principal de aquellos hechos –al principio como hombre de paja de una revista tan adorada por sus compradores como odiada por las autoridades, pero luego como periodista en primera línea de la batalla del periodismo más guerrero-, Periodistas es un documento de un valor incalculable para comprender el pasado reciente de España. Como dice Blanca Rosa Roca en la nota de la editora, este libro ‘cuenta de manera magnífica la historia profesional de su autor, la de su trayectoria en muchos y varios medios de comunicación. Pero a la vez narra la historia del periodismo durante la Transición y hasta ahora mismo, y la historia de muchos grandes editores y periodistas’.

EL AUTOR:

Juan Tortosa, nacido en Berja (Almería) en 1953, es licenciado en Ciencias de la Información y en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Barcelona. Inició su carrera en el grupo Zeta, donde fue redactor de El Periódico de Madrid y subdirector de Protagonistas. Entre 1977 y 1981 figuró como director periodista en tres de las revistas del grupo, Lib, Yes y Club Privado, y colaboró en Interviú, Qué, Tiempo y Penthouse. En el diario Pueblo fundó en 1983 el suplemento Páginas Verdes, dedicado a ecología, pacifismo y movimientos alternativos y, tras un breve período en Antena Tres de Radio pasó a formar parte, hasta 1988, del equipo de reporteros del programa Informe Semanal de Televisión Española. Más tarde fue redactor de Internacional en Cambio16, miembro del equipo directivo fundador de Canal Sur Televisión, director de la edición malagueña de Diario16 y redactor jefe de la agencia Servimedia. Volvió a la televisión en 1993 como reportero del programa Quién sabe dónde (TVE), y más tarde de La sonrisa del Pelícano (A3TV). En 1999 puso en marcha como delegado la corresponsalía andaluza de CNN+ y a este cometido sumaría, a partir de 2005, el de Cuatro Televisión con idénticas funciones. Fue responsable del departamento de prensa de la UGT Andalucía entre 2011 y 2013 y a partir de entonces ha colaborado en las tertulias de La Tuerka y de Enfoque (Hispan TV), además de formar parte del equipo impulsor de Espacio Público, un foro de debate abierto a todos aquellos ciudadanos interesados por el cambio social y la emancipación. Su blog personal: lascargaeldiablo2.blogspot.com.es se publica también en el diario Público y en el Confidencial Andaluz.

EL CURRÍCULO DE UN PERIODISTA QUE LO HA VISTO TODO:

De Lib a El Periódico de Madrid: En 1977 le propusieron convertirse en director de la revista erótica Lib y, pese a que sabía que sería un ‘hombre de paja’ y que le caerían denuncias por doquier, aceptó. Poco después, mientras trabajaba como colaborador en medios como Penthouse o mientras hacía de negro literario, entró a formar parte del staff de El Periódico de Madrid, proyecto del Grupo Zeta que fracasó por las rencillas internas.

Lib era un semanario hijo de Interviú, al estilo de las secuelas de las series televisivas, nacido cuando el éxito de la primera revista del grupo Zeta comenzó a generar sabrosos excedentes en el stock de material publicable. Fotos de chicas desnudas, carpetas y carpetas de diapositivas compradas a agencias internacionales prácticamente al peso, nutría una jugosa inversión que pedía a gritos ser amortizada’.

Del periódico Pueblo a Antena 3 Radio: Juan Tortosa dirigió un suplemento sobre ecología (Páginas verdes) en Pueblo, que estaban entre otros Julia Navarro, Rosa Villacastín, Arturo Pérez-Reverte. Posteriormente, tanteó las entrañas de Antena 3 Radio¸ donde trabajaba Jesús Hermida.

‘En la redacción del diario Pueblo también se fumaba, se gritaba, entrabas en aquel gran recinto y todo eran ruidos de máquinas de escribir, se maquetaban los textos, se cortaban teletipos, se bajaba con urgencia la página ya diseñada a las linotipias antes de ultimar las placas para la rotativa, se revelaban las fotos en blanco y negro, había correctores de estilo, taquígrafos que tomaban por teléfono las crónicas de los corresponsales y enviados especiales, se revisaban las galeradas, te pagaban dietas, te dejaban viajar, te ibas de noche con una fuente policial o sanitaria de copas, o con un delincuente, invitabas a tabaco rubio del bueno y, si lo exigía el guion, redondeabas la jornada en una barra americana’.

De TVE (Informe Semanal) a Cambio16: Consciente de que pronto cerrarán Pueblo¸ Tortosa busca un nuevo trabajo como redactor de Informe Semanal, en aquel entonces dirigido por Ramón Colom. Tras varios años disfrutando con el ejercicio de la profesión, abandona el programa. Es entonces cuando consigue entrar en el departamento de edición de Cambio16.

‘Pertenecer a la plantilla de Cambio16 sería todo un honor por el papel que la publicación había jugado en la historia de nuestro país, sorteando la censura en los últimos años del franquismo, apostando fuerte por la información honesta y de calidad y, en consecuencia, sufriendo más de una vez el secuestro de la edición’.

De Canal Sur a Diario16: Un antiguo amigo de la universidad le ofrece trabajo en un medio que nacerá en breve, Canal Sur, cuyo director de informativos sería Paco Lobatón. Hastiado del derroche y la corrupción que lo impregnan todo, decide participar en la puesta en marcha de la edición malagueña de Diario16, trabajo que pierde tras publicar un reportaje que va contra los intereses empresariales del medio.

’Formar parte del equipo de Informativos que va a poner en marcha la televisión autonómica de tu tierra no es algo que vayan ofreciéndotelo por ahí todos los días. Yo estaba contento en Cambio16, pero lo de la tele andaluza era, o al menos me lo parecía, una experiencia seductora. Me ofrecían un contrato de directivo, blindado por dos años, lo que significaba que, si me echaban antes, me pagarían los veinticuatro meses completos’.

De la ONCE a Quién sabe dónde: Tras dos años en Málaga a trabajar en la agencia Servimedia, donde descubre que el periodismo declarativo y de convocatoria está infectando la profesión. Es entonces cuando lo contratan en un nuevo programa, Quién sabe dónde, que cambia para siempre su visión de España.

Nunca he trabajado en ningún lugar que me permitiera tener a mi alcance una radiografía más exacta de la verdadera cara de mi país que cuando lo hice para QSD. Allí estaba el mundo real, no aquel en el que políticos y periodistas nos solemos enfrascar a diario empeñándonos en reflejarlo como si fuera el único existente’.

De La sonrisa del pelícano (Antena 3) a CNN+ Andalucía: Tortosa solo trabajó tres meses en el programa de Pepe Navarro, ya que la polémica con el caso Exuperancia Rapú hizo que cerraran el late-show. Una vez más, el autor tiene que buscar trabajo, y lo encuentra en la delegación andaluza de la CNN+, donde vuelve a tomar contacto con el periodismo más combativo.

‘En las noches de Telecinco, Pepe Navarro había triunfado con un late show llamado Esta noche cruzamos el Misisipi. Antonio Asensio, antes de abandonar Antena 3, lo había seducido para que se mudara de cadena incrementándole notablemente la suma que su empresa cobraba por producir el programa. Hubo que cambiarle el nombre y crear un nuevo organigrama. Fue entonces cuando entré a formar parte del equipo de investigación de La sonrisa del pelícano, junto con Paco Pérez Abellán y Pepe Macca’.

De Cuatro a Público: Con la llegada de Zapatero, se decide abrir un medio televisivo afín a los socialistas: Cuatro. Tras una temporada trabajando en la televisión, y harto del aumento de la ‘frivolidad’, decide abandonarla cuando Mediaset adquiere la cadena. Después pasa una temporada en la UGT Andalucía, donde intenta modernizar su comunicación, y entra a trabajar en Público¸ colaborando como tertuliando en La Tuerka.

‘Los directivos de Público, con Jaume Roures a la cabeza, estaban buscando y ensayando cómo sobrevivir en el mundo digital con una inversión de perfil bajo. La muerte de la edición impresa del periódico había sido traumática para quienes participaron en aquel proyecto; en algunos casos, demasiados quizás, acabó derivando en irreparables desencuentros personales y profesionales’.

ALGUNAS REFLEXIONES:

El nacimiento de las televisiones autonómicas: ‘Podían verse por fin informativos con otro tono, con otro estilo, con otra manera de hacer, pero en esencia y desde su comienzo (gran decepción), las televisiones autonómicas no supieron o no quisieron sacudirse el estigma de ser la voz de su amo, de orientar la información según el prisma del gobierno que estuviera ejerciendo el poder en cada una de las comunidades en cada momento. El telespectador disponía de otras versiones, pero tan dirigidas y sectarias como las de la televisión de siempre. Así nacieron las radiotelevisiones autonómicas en España, y así continúan funcionando treinta años después. Con fanatismo en bastantes casos, manipulando y despilfarrando prácticamente siempre’.

El pasado reciente del periodismo: ‘Cuando escribo estas líneas, ni la televisión ni la radio ni los periódicos que fueron naciendo tras la muerte de Franco tienen nada que ver con lo que algunos pensábamos que podían haber llegado a ser. A muchos de los que los promovieron y diseñaron se les llenó la boca durante años proclamando la necesidad de cambiar las cosas. Y cambiaron, sí, pero para beneficio de trepas y falsos profetas, muchos de los cuales se mueven desde entonces, encantados de haberse conocido, en los entresijos del poder, ellos y sus aventajados discípulos’.

Políticos: ‘Pocas cosas resultan más atractivas para un político que un medio de comunicación cuyo dueño se encuentra en apuros económicos. Un empresario decidido a congraciarse con el poder puede llegar a ser mucho más eficaz para los intereses de quien gobierna que cualquier comisario político colocado por un partido en la redacción de un medio público. Nada más sabroso para un banco que un periódico necesitado de árnica. Por eso, políticos y banqueros buscan, y por lo general consiguen, comprar su impunidad cuando adquieren acciones en los medios de comunicación’.

Los gerentes de los medios: ‘¡Ay, los gerentes! Hubo un tiempo en que el contrato de un reportero, cualquier cobertura informativa, la puesta en marcha de una investigación o la administración de un presupuesto eran asuntos en los que no se inmiscuían los gerentes; una época en que quienes decidían y firmaban los albaranes y notas de gastos eran los redactores jefes o los subdirectores (…). Todo eso se acabó. Ahora, a los gerentes solo les falta confeccionar ellos mismos el planillo de los periódicos y las revistas; y a los productores de televisión, las escaletas de los informativos’.

Los malos rollos del periodismo:Daba igual donde trabajaras, en el mundo de la información se perdían muchas horas en las luchas por el poder. ¿Para qué ibas a despilfarrarlo persiguiendo historias si podías invertirlo en conspirar? En periodismo, trabajar y vivir al margen de las conspiraciones no es que sea complicado: es un milagro. Siempre hay cuchillos volando por los pasillos…, hasta que encuentran una espalda donde clavarse’.

-Las redes sociales: ‘El instante más sublime en el ejercicio del poder por parte del redactor jefe de una agencia de noticias es el momento de pulsar la tecla que deposita el texto en los ordenadores de sus abonados. Este cometido fue perdiendo buena parte de su morbo desde la aparición de Twitter, Facebook y las webs actualizadas al minuto, desde que los envíos masivos por correo electrónico o por WhatsApp se convirtieron en práctica habitual de todo bicho viviente’.

El periodismo de provincias: ‘Cuanto más pequeña es una zona, más difícil e incómodo resulta allí el trabajo periodístico. Una información que comprometa a alguien con poder no le augura nada bueno a quien la firma. En las provincias, los cuchillos corren también a gran velocidad por los pasillos de las redacciones. Quien pone dinero para una radio, un periódico o una televisión local lo hace, como sabemos, para su mayor loor y gloria’.

Adicción del periodismo:Hay quien otorga al ejercicio del periodismo cierto carácter adictivo, pero, aun admitiendo tal dictamen, me cuesta mucho asumir las múltiples miserias inherentes al desempeño del oficio’.

El periodismo deportivo:En la medida en que un personaje tiene menos cosas interesantes que contar, más micrófonos le acaban colocando alrededor. Si eres un virtuoso futbolista que marca goles y vende camisetas, nunca te faltarán micros cerca, aunque de vez en cuando andes algo despistadillo con tus obligaciones fiscales. O precisamente por eso’.

La moral del periodista: ‘Cuando un periodista se encuentra frente a decisiones que no considera adecuadas o que no se acomodan a su concepción de la realidad, tiene la obligación moral de discrepar respecto del poder’.

Los cambios en el periodismo: ‘En los años 1976, 1977, 1978, los medios de comunicación empujaron y contribuyeron al progreso político y social. En esta segunda década del siglo xxi, en cambio, los medios con mayor proyección no se comportan así. Como defiende Víctor Sampedro en El cuarto poder en red, «la crisis de los medios no responde a un modelo de demanda (nunca se ha consumido ni comentado tanta información), sino de oferta. No nos interesan las noticias de pago porque no valen lo que cuestan».’

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