El intercambio de Fernando Aleu

Centrada en torno a un hecho real, el intercambio de prisioneros de los ejércitos aliado y nazi que se celebró en Barcelona durante la Segunda Guerra Mundial, El intercambio es una novela de amor y de amistad, de intriga, espionaje y aventura.

“Amor, deber, amistad, espionaje, diplomacia, guerra, renuncia:  revive un momento histórico de gran intensidad. Retrata con talento y elegancia los ambientes de Munich, Nueva York o Chicago, y reconstruye el olvidado intercambio de prisioneros de guerra en el puerto de Barcelona, el 27 de octubre de 1943. En sus páginas encontramos personajes de gran fuerza, como Rosy Dieckhoff, la apasionada y ambigua agente de la Abwher; Werner Applefeld, un neurólogo eminente reacio a dejarse llevar por los sentimientos; su amigo barcelonés, el doctor Óscar Prat, y por supuesto Max Liniger “Adonis”, el gimnasta a quienes todos quieren salvar…Una novela realmente cautivadora”.  Sergio Vila Sanjuán.

Fernando Aleu escribió con casi ochenta años su primera novela, El intercambio. Y demuestra una inesperada maestría para crear personajes, escribir diálogos y reconstruir escenarios del mundo lujoso de los años 30 y 40 en Berlín, Múnich, Nueva York y Barcelona. Y entretener con una trama que no te permite dejar de leer.
Neurólogo, amigo de famosos del mundo de la moda, es presidente del Reina Sofía Spanish Institute de New York y, aunque nació en Barcelona, desde los años 50 reside en los Estados Unidos.
La novela, que recuerda a los grandes clásicos del cine de Hollywood, es un homenaje al amor y la amistad, a la abnegación de la que es capaz el ser humano, y consigue atrapar al lector con la intriga y las historias cruzadas de muchos personajes cuyas vidas se vieron inmersas en los terribles acontecimientos del siglo XX.
La historia que narra El intercambio está centrada en un hecho real: el intercambio de prisioneros de los ejércitos aliado y nazi que se celebró en Barcelona en 1943, y del cual el autor fue testigo en su adolescencia.
Arranca la historia cuando Werner Applefeld regresa de Estados Unidos a Alemania, la tierra donde nació, para conocer a un primo hermano, el joven Max, con el que se ha estado carteando durante años. Es agosto de 1939, y en la travesía a bordo del SS Deutschland los pasajeros hablan de la amenaza de guerra inminente, que estallará al cabo de un mes.
Werner conocerá finalmente en Múnich a su primo, que está haciéndose muy famoso, no solo por su éxito como trapecista sino también porque es tan guapo que su imagen aparece en un póster de
propaganda nazi, representando la perfección de la raza aria. Solo que Max es judío por parte de padre…
Werner trata de convencer a su primo de que se vaya de Alemania, pues siendo judío su vida corre peligro. Pero ni él ni Greta, la madre de Max, ni su amigo Joshua, convencen a Max, que disfruta de su éxito y, también, de su capacidad para provocar pasiones, no solo entre las mujeres.
Rosy, la amante de Max, es una mujer envuelta en seducción y misterio. Inteligente, guapa y bastante mayor que Max, Rosy no disimula el hecho de que Werner le haya causado muy buena impresión. Pero pronto tendrá que obedecer órdenes de su jefe, el almirante Canaris, jefe del espionaje alemán, y viajar a España, un país destruido por la recién terminada guerra civil.
En el viaje de regreso a Nueva York, a bordo del más lujoso y veloz transatlántico del momento, el Normandie, Werner conoce a una mujer bella y elegante, Giselle, que trabaja para la casa Chanel. El solterón más cotizado de Nueva York se da cuenta súbitamente de que su vida ha cambiado por completo.
Mientras, en Alemania, Max decide aceptar una invitación de Von Tech, un militar de la Wehrmacht, homosexual y antiguo miembro de la Gestapo, porque cree que así podrá salvar a su amigo Joshua, que ha insultado gravemente a Von Tech y corre el riesgo de ser detenido y enviado a un campo de concentración. Y la guerra estalla.
Tres años más tarde, en 1943, el destino militar de Alemania parece haber cambiado. En el norte de África, Rommel es derrotado. Muchos de sus soldados son capturados por los aliados. Y, en un hecho sin precedentes, la Cruz Roja Internacional logra organizar un intercambio de prisioneros de guerra entre alemanes y británicos.
España, que empieza a distanciarse de los países del Eje, se ofrece como país neutral, y el intercambio se celebrará en el puerto de Barcelona.
Y en esa ciudad coincidirán Rosy, Werner, Joshua y unos amigos barceloneses a los que Rosy pide que apoyen su plan y la ayuden a llevarlo a cabo.

LOS PERSONAJES

Werner Applefeld (Hamburgo, 1903) es un famoso neurólogo, soltero, rico y guapo que vive en Nueva York. Desde que llegó a los Estados Unidos para estudiar Medicina, no ha hecho más que trabajar. En sus primeras vacaciones decide ir a Alemania para conocer por fin en persona a su primo hermano Max, famoso trapecista. Werner encuentra una Alemania tensa, con el partido nazi rampante, y experimentará en sus propias carnes en qué consiste ser sospechoso para las SS.
Rosy Dieckhoff (Berlín, ¿1909?) es la amante de Max, una mujer seductora que recuerda a Marlene Dietrich y que trabaja para la Abwher, la agencia de espionaje militar alemán. Astuta, con mucho mundo, vive obsesionada por la belleza y virilidad del joven Max.

Max Liniger (Hamburgo, 1919) es joven y tan poco reflexivo como fuerte y ágil. Su nombre artístico es Adonis, y como el modelo griego conquista con su sola presencia a mujeres… y también a hombres. Tras alistarse en la Wehrmacht, en el norte de África cae herido y es hecho prisionero por el ejército británico.
Joshua Scheinberg (Hamburgo 1920) es un joven judío que se gana la vida como pianista en los clubes nocturnos de Berlín. Amigo de Max desde la infancia, sabe que ambos se la juegan si permanecen en Alemania, pues la gente de su raza acaba en campos de concentración.
Herbert von Tech (Berlín, 1902), tras unos años en las SS, se alista en el ejército y forma parte del Estado Mayor del mariscal Rommel en la campaña del Norte de África. Conoce a Max como el gran trapecista que conquista a las masas en Múnich.
Giselle Boulanger (París, 1917) trabaja como ejecutiva en Chanel, y se embarca en el lujoso y veloz transatlántico Normandie porque la firma de moda estudia hacer una apertura comercial fuera de Francia. En el viaje conoce a Werner.
Óscar Prat (Barcelona, 1906), cardiólogo, aristócrata y miembro del Opus Dei, coincide con Werner en un transatlántico, y se reencontrará con él en Barcelona
Mercedes Prat (Barcelona, 1898), Grande de España y mujer de gran categoría personal, conocerá a Werner, Rosy, Joshua y Max gracias a la operación salvamento.
Bernard Hilda músico francés de origen judío que, huyendo de los nazis, acaba trabajando con su orquesta de swing en el restaurante La Parrilla, en el Hotel Ritz. Durante más de quince años se convirtió en un músico famoso, primero en Francia y luego también en España.
Con las únicas excepciones del almirante Canaris, Bernard Hilda, la familia Blume y Ramón Tarragó, todos los personajes de esta novela son ficticios.

MOMENTOS HISTÓRICOS

1935. Botadura del SS Normandie por parte de la Compagnie Générale Transatlantique. Durante años, compitiendo con el primer Queen Mary, este transatlántico francés fue el más grande, lujoso y rápido medio de transporte de pasajeros en el Atlántico Norte, cubriendo la línea Le Havre-Nueva York.
9-10 de noviembre de 1938. La Kristallnacht o Noche de los Cristales Rotos marca el inicio del pogrom o persecución de la población judía en la Alemania nazi.
1 de abril de 1939. El ejército de Franco da por terminada la guerra civil en España.
1 de septiembre de 1939. Con la invasión de Polonia comienza la Segunda Guerra Mundial.
1939-1941. Alemania conquista casi toda Europa Occidental. Solo queda al margen Suiza, que se acoge a su neutralidad.
1942. Alemania sufre derrotas en el Norte de África y Stalingrado y por vez primera se detiene su avance.
Diciembre de 1942. Comienzan cinco años de actuaciones en Barcelona de Bernard Hilda y su orquesta, que practicaba el swing melódico. De origen judío, Hilda cambió de apellido y amenizó el baile en el restaurante La Parrilla del hotel Ritz.
27 de octubre de 1943. En el Muelle España de Barcelona, auspiciado por la Cruz Roja, se produce el primer intercambio de prisioneros de guerra entre los Aliados y las fuerzas del Eje.

EL AUTOR

Fernando Aleu nació en Barcelona, donde obtuvo el título de doctor en Medicina el año 1953. Hizo sus estudios de postgrado en los hospitales de la Universidad de Iowa, el Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, y en la New York University School of Medicine, donde obtuvo el puesto de associate professor de Neurología (Neuropatología). Al cabo de nueve años de trabajo como profesor de Neurología, comenzó a reducir lentamente su dedicación a la medicina para terminar dedicándose a una aventura comercial en Estados Unidos asociado a la multinacional Puig, con sede en Barcelona.
Se convirtió así en un hombre conocido en el mundo de los negocios en Manhattan. Intervino en la creación de las marcas Carolina Herrera y Paco Rabanne de la multinacional española. El doctor Aleu fue elegido sucesivamente presidente de la Cámara de Comercio de España en Estados Unidos, presidente de la Fragance Foundation de Nueva York y miembro Fundador del Olfactory Research Fund.
Actualmente es el presidente del Queen Sofía Spanish Institute de Nueva York, cargo que ya había desempeñado largos años anteriormente. Ha sido condecorado dos veces por el gobierno español, y ha merecido además la Medalla de Honor de la Ciudad de París.
El intercambio es su primera novela.
Currículum como empresario:
En 1959, crea Fernando Imports y con esa empresa empieza a colaborar con Antonio Puig S.A.
Presidente electo de la Spain-U.S. Chamber of Commerce, New York. 1971-1973
Presidente electo de la Fragrance Foundation, New York. 1975-1987
Miembro del Consejo de Paco Rabanne Parfums Paris. 1978-1999
Miembro del consejo de Banca Catalana, 1975-1981
Presidente electo del Spanish Institute, New York 1991- 2007
Presidente electo de Carolina Herrera, New York, 2005-2006
Reelegido presidente del Queen Sofía Spanish Institute 2018 hasta la actualidad.

ENTREVISTA CON EL AUTOR

¿Por qué abandonó la medicina y se dedicó al negocio de la perfumería?

Mi madre incluyó en mi equipaje, cuando salí hacia Estados Unidos por primera vez, una botella de Agua Lavanda Puig, que era la que yo usaba en Barcelona. La coloqué en el baño de mi cuarto compartido y mi compañero de habitación en Iowa City, el doctor Carruthers, empezó a usarla. Un día, cuando estábamos desayunando en la cafetería, vi que una estudiante rubia, muy mona, llamada Nancy Sadler, clavaba sus ojos azules en los míos. Y me dijo: ‘Hueles bien!’.
Algunos brothers de mi fraternity, la Nu Sigma Nu, compartían esa opinión. Cuando se me acabó el Agua Lavanda Puig fue imposible encontrarla en Iowa, o en Chicago, la única gran ciudad relativamente cercana de Iowa City. Mi madre se las arregló para mandarme un par botellas de gran tamaño y la fragancia se popularizó mucho entre los brothers de la Nu Sigma Nu.
Una camisería local llamada Stephens me contactó y me pidió que les consiguiera dos docenas de botellas del producto.
Escribí una carta a Antonio Puig S.A. de Barcelona, y pregunté a su departamento de marketing. “¿Como es posible que un producto que tiene éxito entre jóvenes en un estado agrícola próspero, pero poco dado a frivolidades olfativas, no se pueda adquirir aquí? No encuentro su Agua Lavanda Puig, ni siquiera en Chicago.”
Me contestó a vuelta de correo Mariano Puig, uno de los hijos de don Antonio Puig. “Muchas gracias por su interés, precisamente voy a Los Ángeles en un futuro próximo y me gustaría visitarle en Iowa City”. Lo hizo, y nos caímos tan bien que de aquel primer encuentro ha pasado más de medio siglo largo y continúa siendo mi mejor amigo.
Mi traslado a Nueva York en 1963 facilitó las cosas. Interesamos de manera modesta a las grandes tiendas de la Quinta Avenida: Saks, Lord and Taylor, etcétera. La empresa conjunta cambió de nombre. Fernando Imports se convirtió en Puig of Barcelona y montó su primer almacén: el garaje de mi casa en 21 Dobbs Terrace, Scarsdale, N. Y.

En esta historia, ¿cómo entra en escena Pertegaz?

Puig no era muy conocida internacionalmente en 1963. Luego se ha convertido en un imperio comercial que hoy reina en el mundo de la fragancia y de la moda. Aquel año coincidió con la gran Exposición Internacional de Nueva York, y España participó con un pabellón que causó sensación por su diseño y sobre todo por su elegancia. Una de sus estrellas era Pertegaz, el gran diseñador de moda español de aquellos tiempos. Sus desfiles atrajeron la atención del mundo de la moda de la ciudad, empezando por uno de sus más destacados líderes, la gran/pequeña tienda de Nueva York: Bergdorf-Goodman.
Yo no conocía a Manolo Pertegaz pero fui a felicitarle después de uno de sus desfiles, porque me impresionó. Era increíble que un hombre nacido en un pequeño pueblo de Teruel se pusiera a New York en el bolsillo, y lograra instalar una cabeza de puente en la tienda más elegante. Quedamos en que nos veríamos al día siguiente en el Waldorf para tomar una copa y charlar. Convencí a Antonio Puig S.A. de la importancia de Pertegaz en Nueva York y así fue como se llegó a producir el primer perfume de diseñador en España. De modo que Puig entró en el mundo del lujo con “Diagonal de Pertegaz”.

¿Y a Paco Rabanne?

A Paco Rabanne le conocí gracias a Mariano Puig. Mariano vio la necesidad de entrar en el mercado internacional con productos de alta gama que tenían que ir avalados por una marca de París. Paco Rabanne, establecido en Francia, pero de origen español, había tenido un éxito enorme gracias a que diseñó el vestuario de grandes actrices como Raquel Welch y Jane Fonda. Los dos primeros productos con la marca Paco Rabanne-Paris fueron “Calandre” y “Paco Rabanne pour homme”.
Contratamos los servicios de la agencia de publicidad más exitosa de Madison Avenue: Ogilvy and Mather (el modelo de la serie Mad Men), que produjo algo nunca visto; un spot televisivo muy controvertido para una colonia dirigida al mercado masculino. El lanzamiento de la colonia “Paco”, como la llamaron los americanos, fue un éxito al que contribuyó en gran manera Paco lui-même.

¿Cómo conoció a Carolina Herrera?

A Carolina Herrera la conocí al principio de la década de los ochenta como resultado de una metedura de pata colosal por mi parte. Pero no acabó mal y ocurrió en un momento muy oportuno. Carolina estaba en fase de negociación avanzada con Revlon para lanzar su primer perfume, y conseguimos ‘driblar’ a Revlon, y meterles un gol. La deliciosa fragancia del primer perfume Carolina Herrera creado por ella inició una larga, exitosa, y placentera colaboración.
La participación personal de Carolina, gracias a que residía en Nueva York y a su inmensa relevancia social en Manhattan, fue decisiva en el lanzamiento de su perfume y ha continuado siéndolo. No creo que haya un departamento de perfumería o moda exclusiva en ningún comercio importante de Estados Unidos que no haya recibido el contacto personal y admirado de Carolina. Yo la acompañé en casi todas sus personal appearances y fue así como surgió entre nosotros una amistad genuina y de la que me siento orgulloso.
Su novela El intercambio arranca de un recuerdo personal. ¿Puede contarlo?

El trayecto del tranvía 64 de Barcelona acababa al final de lo que se llamaba entonces el Paseo Nacional. Un día, el 26 de octubre de 1943, yo acababa de cumplir 14 años. Con Carlos Muñoz y Pepe Gancedo íbamos andando desde el final del trayecto hacia el Club Natación Barcelona, para entrenarnos. La guardia civil nos impidió el paso. Parecía que algo pasaba en el puerto. “Algo importante va a ocurrir por aquí mañana”, dijo el guardia civil. Al día siguiente subimos a Montjuic para ver qué ocurría, y vimos, con unos prismáticos baratos, el intercambio de prisioneros. Es lo que cuenta en la novela.

Usted no había escrito nunca novelas. ¿Fue el recuerdo de este hecho de su adolescencia lo que le impulsó a escribir El intercambio?

Fue algo más que eso. Creo que no se me habría ocurrido sin la intervención de dos mujeres. Bueno, de una muchacha y una mujer.
Mi nieta Anna, una chica que siempre demuestra una gran curiosidad, después de cenar en mi casa de Boulder, me preguntó: “¿Qué recuerdas de tu vida que te impresionara y que marcase en ti una huella profunda?”. No sé por qué, pero se me ocurrió contarle la historia de aquel día en Barcelona, cuando se produjo el intercambio de prisioneros de guerra que yo vi desde lo alto de Montjuic. Luego añadí que también me impresionó muchísimo mi visita al Hotel Ritz, cuyo director en los años cuarenta era don Ramón Tarragó, que estaba emparentado con la familia Pascual, la familia de mi madre. Los alemanes que acudieron a Barcelona para aquel intercambio ocupaban casi el hotel entero.
El ambiente internacional del momento en aquella casa contrastaba enormemente con la penuria reinante en Barcelona. A mi nieta le pareció todo muy interesante y sugirió: “¿Por qué no escribes algo sobre lo que me cuentas? Podría ser una novela…”. Pero la idea quedó en el armario.
En octubre del 2013 quedé para almorzar con Marie Jose Pagliai en el Four Seasons. La sobremesa fue larga y empezamos a contarnos historias de nuestras respectivas vidas. Conversar con Marie Jose es fácil y no sé por qué motivo saqué a relucir mis recuerdos y mi conocimiento del ambiente casi cinematográfico de la Barcelona de los años 43, cuando muchos refugiados que huían de Hitler trataban de comprar pasajes para irse a Buenos Aires y otros lugares de América. Eran sobre todo judíos, y los buques de sus sueños eran Cabo de Hornos y el Cabo de Buena Esperanza, ambos de la compañía española Ybarra que cubría la ruta Barcelona-Buenos Aires. Además, estaban el Plus Ultra de la Transmediterránea, que navegaba a Haifa; y los italianos Saturnia y Vulcania, que iban a Nueva York. Era la Barcelona de Bernard Hilda, Bonet de San Pedro, Boyd Bachman, Martín de la Rosa y su orquesta… La Barcelona que disfrutaban en exclusiva los privilegiados que bailaban en La Parrilla del Ritz, o en el Rigat, el Bolero y que también bajaban a la calle de las Tapias para meterse en Barcelona de Noche o la Bodega Bohemia. Marie Jose me dijo imperiosamente: “Tienes que escribir una novela que incluya estos recuerdos”. Lo hice. Y ahora se va a publicar, cosa igualmente maravillosa.

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