Los últimos días de Roger Lobus de Óscar Gual Domínguez

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Quienes hayan seguido los hilarantes y certeros artículos de Óscar Gual en el diario Levante (merece la pena buscarlos en la red: son demoledores), o se hayan acercado a alguna de sus novelas precedentes, o, simplemente, se hayan cruzado con uno de sus escabrosos relatos en alguna antología del cuento nacional, ya tienen idea de lo que pueden encontrar en la última novela del escritor castellonés. A quienes no estén en esas condiciones, conviene poner sobre aviso.

Y habrá que decirles que en ‘Los últimos días de Roger Lobus’ encontrarán un agudo e irreverente sentido del humor, una escritura clara y elegante, cierta cantidad de macabra casquería, recursos de cómic y homenajes a las películas de artes marciales, o unas reflexiones trascendentes apoyadas, en ocasiones, en términos tomados de los videojuegos o en conceptos y paradojas del mundillo informático. Una consecuencia natural de la experiencia formativa y profesional del autor, y una elección pertinente cuando se pretende invocar el aspecto mecanicista del desequilibrado comportamiento humano.

Así, a Junior, el protagonista ex toxicómano, la visión de la muerte a la luz de su teoría de las bombas huésped que todos llevamos dentro, le lleva a interpretar el fenómeno religioso “como un protocolo estándar de seguridad”, con el que poder manejarse mientras el conocimiento va adquiriendo consistencia. Divide, además, las religiones en dos tipos: ‘arcade’, las monoteístas, con su recorrido vital único en el que se deben acumular méritos; y ‘de rol’, aquellas en las que es posible repetir la partida, mediante reencarnación, hasta alcanzar el Paraíso cuando “el sistema de puntuación o karma” así lo permita. En este caso, “el Juicio no es un examen final sino una evaluación continua, a cada paso por la casilla de salida”. Valga todo esto como ejemplo del tono iconoclasta y lúdico que los razonamientos de Junior (en realidad alter ego del autor) pueden adquirir.

La novela regresa al escenario de otra de las alucinadas creaciones de Gual, ‘Fabulosos Monos Marinos’: la ciudad de Sierpe, nacida tras el motín de la cárcel donde cumplía condena el padre de Junior y posterior alcalde Roger Lobus. Y gira alrededor de los días que aquel pasa en el hospital acompañando a su padre en fase terminal, y en el secreto que parece ocultar una misteriosa puerta sin número. Aunque lo que da cuerpo a la historia es en realidad la acumulación de flashbacks e interpolaciones que salpican el texto.

De esa forma conoceremos a un agresivo compañero de centro de desintoxicación con el que el protagonista comparte banda de rock, aunque la adicción de los miembros del grupo a sustancias distintas imposibilitaba cualquier tipo de coordinación. O estaremos al tanto de los experimentos que, para paliar la ausencia de diversión sexual en el servicio militar, llevó a cabo Junior con el sueño lúcido, aquel en el que el durmiente es consciente de que está soñando. También se nos narra la historia del conflicto entre los descendientes del homo sapiens emigrados a otro planeta y sus robots de cartón. O las acciones del grupo terrorista Enfermos Terminales & Anarquistas, cuyo lugar de reunión en el mundo virtual de un video juego de rol ‘on line’, acaba descubriendo la Interpol. Sin olvidar, como parte de un viaje psicodélico, una alegoría del pasado y presente de nuestra clase política.

Pero tras este provocador despliegue imaginativo asoma un texto preocupado por la relación entre memoria y conciencia, entre tiempo y muerte. Para el narrador “sin tiempo no hay nada, sin tiempo no hay muerte porque la muerte no es más que la última gota de tiempo”; y más adelante nos recuerda que “el tiempo es una abstracción del cambio”. Reflexiones aceradas nacidas a la sombra de la propia experiencia del autor ante la ineludible ‘muerte del padre’. Y como autor toma finalmente la palabra para confesar que en esa pérdida está el verdadero germen de la novela, que “el propósito fue escribir sobre el fenómeno físico de morir y sobre el tiempo previo a la muerte cuando conoces su inminencia. El libro surge del impacto que me causaron aquellos cuatro días en el hospital”. Una forma decididamente original de catarsis.

 

Reseñado por Rafael Martín

Escrito por Óscar Gual Domínguez

Es ingeniero informático por la Universidad Jaime I de Castellón, donde trabaja en la actualidad. Autor de dos novelas. Sus relatos han aparecido en revistas como Quimera o The Barcelona Review y mantiene la columna de opinión semanal fabulosos monos marinos en el diario Levante.

Ficha técnica

  • Tapa blanda: 288 páginas
  • Editor: Aristas Martínez Ediciones; Edición: 1 (2 de abril de 2015)
  • Colección: Pulpas
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 8494256351
  • ISBN-13: 978-8494256356
  • Precio 18€

 

Junior, el hijo politoxicómano del exalcalde Roger Lobus, decide regresar a la ciudad de Sierpe cuando, tras sufrir una sobredosis que a punto está de acabar con su vida, se entera de que a su padre le han diagnosticado un cáncer terminal. Esta coincidencia de hechos, junto con la vieja obsesión de Junior por la cuestión de la muerte, le impulsará a retomar su maltrecha relación. La novela narra los últimos días que ambos pasarán juntos en la aparente calma de una habitación de hospital, por donde asomarán, entre otros, un camarero ruso que odia a la gente maleducada, un psicópata aficionado a las artes marciales que acusa de todos sus problemas a Kurt Cobain, un gánster deforme propietario de una línea de perfumes o una banda terrorista cuyas siglas no respetan los derechos de propiedad intelectual. Los últimos días de Roger Lobus expande el universo de Sierpe, la ciudad imaginaria en la que el autor recrea sus obras anteriores, y se acerca a uno de los temas recurrentes de la literatura universal: la muerte (o la muerte del padre), con una perspectiva sagaz e incómodamente divertida, alejada de la gravedad y trascendencia con la que habitualmente ha sido tratada

 

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