Pietra viva de Leonor de Recondo

pietraviva

Hay una deliberada composición rítmica en este libro que acaso no sea –o no haya de ser- ajeno a la formación musical que avala a su autora. Incluso de la presencia de algunas metáforas muy cuidadas que tendrían que ver, tal vez, con los sutiles ritmos que la cuerda pudiera hacer surgir de una composición barroca: “La jornada siguiente resulta buena. Una de las paredes de la montaña, de la que ya se sacaron varios bloques, parece prometedora. ¡Una vena de leche sin una gota de sangre!, exclamó Topolino. Michelanngelo también está entusiasmado” ¿Una vena de leche sin una gota de sangre para definir una roca? Un trino en el aire.

La esencia de la trama la constituye el viaje que el escultor realizó a Carrara a fin de obtener el material que servirá para la construcción de lo que ha de ser una de sus magnas obras escultóricas, la tumba de ese Papa de acusada personalidad cual fue Julio II. El viaje, a la vez, venía determinado también como paliativo del dolor para Michelangelo pues, en la sala de disección de los monjes que él tenía como lugar de investigación para sus conocimientos del cuerpo humano, había visto, yacente, el cuerpo de su amigo-amado, para él paradigma de la belleza corporal. Mitigar el dolor y rendir tributo a su genialidad artística se concitan, pues, en Carrara.

Llama la tención, también, en la narración, la aparición de algunas metáforas de una calidad poética que parece querer refrendar el ritmo estético de que, en principio, parece que la autora ha querido dotar su obra: “En la arena surcada por el mar,/ el niño con sus suaves manos/ desenterró una concha./ Acercándosela al oído,/ espera retener las olas”. Semeja la cita una a modo de construcción escultórica en el aire, una forma de semejanza con el secreto creador que alienta en el escultor protagonista. “Está impaciente por enfrentarse a la montaña (…) Luego, abriendo el libro de Petrarca que Lorenzo de Médicis le regaló, lee, haciendo propia tal.

Reflexión: “La muerte elogia a la vida tal como la noche elogia al día” Y leemos a continuación: “Eso es exactamente lo que siente. Desde siempre o casi. Y si la muerte de Andrea lo ha precipitado hacia las montañas, ha sido para intentar extraer la luz del abismo.

En fin, un texto formalmente muy cuidado, con esa pretensión de armonía entre el lenguaje y el tratamiento ‘interior’ del protagonista Michelangelo. Un lenguaje preciso, a veces preciosista y  una recomendación de lectura oportuna por su constructiva voluntad literaria, a veces casi ensimismada.

 

Reseñado por Ricardo Martínez

Escrito por Leonor de Recondo

Leonor de Recondo (1976) es violinista. Después de asistir al Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra, con sede en Boston (1994-1997), empieza a dedicarse a la música de cámara y se interesa por los maestros del barroco, cuyo repertorio estudió en el Conservatorio de Bruselas. Posteriormente toca con los más prestigiosos conjuntos barrocos franceses (Les Talens Lyriques, Le Concert d’Astrée, Les Musiciens du Louvre, Le Concert Spirituel, Les Folies Françoises) y dirige la ópera de Purcell Didon et Enée en la Opéra national de Montpellier (2009). En 2005 fundó con el tenor Cyril Auvity el conjunto barroco L’Yriade. Además de Pietra viva, ha publicado La Grâce du cyprès blanc (2010), ambientado en Grecia, y Rêves oubliés (2012), sobre el exilio vasco de 1939, que recibió el Prix littéraire des lycéens et apprentis de Bourgogne en 2013 y que aparecerá en esta misma colección.

Ficha técnica

Traducción del francés de Lluís Maria Todó
Tour de force, 9
ISBN: 978-84-941457-4-2
Primera edición: 2014
Páginas: 184
PVP con IVA: 16,50 €
En la primavera de 1505, trastornado por la muerte de Andrea, un monje cuya belleza admiraba, Michelangelo Buonarroti huye de Roma. A sus treinta años, el artista, que ya ha esculpido el David y la más célebre de sus pietà, empieza a ser reconocido, y el papa Julio II acaba de encargarle la construcción de su tumba. Michelangelo se traslada a Carrara, donde espera que la tarea de elegir los bloques de mármol, acordar su precio y organizar su transporte lo ayudará a olvidar al monje. Sin embargo, el trabajo en la cantera, la magia del paisaje y las amistades que traba a pesar suyo devolverán a este escultor huraño y colérico emociones que había arrinconado mucho tiempo atrás. En Pietra viva, relato intenso y luminoso, de una escritura contenida y a la vez sensual, Leonor de Recondo da cuenta de cómo los seis largos meses que Michelangelo pasa en Carrara llegan a transformar su visión del mundo y también la manera de afrontar su propia obra.

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