Sofia Petrovna Una ciudadana ejemplar de Lidia Chukóvskaia

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La novela de Chukovskaya es una tragedia conmovedora que destaca varios temas importantes que se vivieron por los ciudadanos soviéticos en la purga de la década de 1930. Este relato de ficción ofrece una mirada que se torna desoladora e impotente por parte  de los presuntos enemigos del Estado, que en muchos casos eran personas comunes que fueron víctimas de la paranoia de Stalin y sus secuaces.

Sofia Petrovna, viuda de un prestigioso médico, trabaja como mecanógrafa en una de las más importantes editoriales de Leningrado. Parece que la vida y el Estado le sonríen a pesar de las continuas estrecheces: el resto de las mecanógrafas de la oficina está bajo su eficaz batuta; su sueldo es cada vez mayor; su propio hijo ha dejado de ser un muchacho para convertirse, al fin, en un joven y guapo ingeniero también ejemplar: ama la herencia de la Revolución y el Partido casi tanto como a su madre, a quien alienta en su dedicación y empeño.

Todo empieza a desmoronarse cuando en su editorial algunos responsables son detenidos por ser traidores. ¡Qué barbaridad! Piensa Sofia quien sigue sin dudar del régimen de Stalin. Pero la situación se agrava cuando su propio hijo es detenido. “Un error” piensa ella “enseguida se resolverá”. Pero su infierno no ha hecho más que comenzar, su lucha por liberar a su hijo inocente le descubrirá el kafkiano aparato de las purgas soviético que hará tambalear todos sus ideales.

Sofía Petrovna ve así el otro lado de las purgas. Ella que es una mujer viuda de mediana edad fiel al comunismo y creyente en él, pasa de ser una madre orgullosa de un ingeniero joven y prometedor a ser madre de un “enemigo del pueblo”. Y sin embargo sigue sin entender que los otros presos políticos (“envenenadores, espías y asesinos”) son también víctimas inocentes del régimen de Stalin al igual que su hijo Kolya. Ella es incapaz de relacionar una situación endémica con el caso de su hijo. Después de todo, la URSS jamás detendría inocentes, el Partido y los periódicos del partido no mentirían. El desencanto convertido en tragedia se cierne sobre ella.

Aparte de mostrarnos este giro en la mentalidad de muchos soviéticos de aquel tiempo, el valor de esta obra es que su autora vivió eso mismo en el caso de su marido Matvéi Bronstein —físico teórico pionero en el desarrollo de las teorías cuántica y de gravitación y autor de libros infantiles de divulgación científica—, que fue arrestado en 1937 y ejecutado en 1938. A Lidia Chukóvskaia se le comunicó que había sido condenado a un campo de trabajo durante diez años, sin derecho a correspondencia. A partir de entonces, su vida se pareció cada vez más a la de la protagonista de su Sofia Petrovna. Una ciudadana ejemplar, novela escrita durante ese periodo y que no pudo publicarse en su país hasta cincuenta años después.

Sofia Petrovna fue redactada en secreto en un cuaderno escolar durante el invierno de 1939-1940. Como señaló la propia autora, «mi obra se escribió con la huella de los acontecimientos aún fresca en mi mente». Lidia Chukóvskaia combatió el miedo con palabras, el silencio con el testimonio, la colectivización con la historia individual, la indiferencia ante el dolor de los demás con la empatía para con el sufrimiento ajeno, el heroísmo tradicionalmente de corte masculino con el espacio íntimo femenino. Poniendo en riesgo su vida, llenó de realidad la ficción para hacer que el futuro lector de este libro único y necesario supiera del pasado, de modo que la memoria de lo acontecido se mantuviera siempre viva.

Es verdaderamente un milagro que esta novela fue preservado de aquel turbulento período y pueda ahora mostrarse a todo el mundo como un testimonio de lo sucedido.

Por eso es una buena recomendación tranquila y serena para quienes quieran conocer el estalinismo desde la novela o casi desde la realidad.

Puedes leer las primeras páginas aquí

 

Reseñado por Marc Canela

Escrito por Lidia Chukóvskaia

Lidia Chukóvskaia (San Petersburgo, 1907 – Moscú, 1996), hija del famoso escritor para niños, traductor y crítico Kornéi Chukovski, cultivó también distintos géneros —poesía, memorias, crítica literaria, narrativa—. Gracias a su padre, tuvo acceso al mundo de la intelligentsia rusa durante un periodo especialmente tumultuoso. Muy pronto se enamoró de Matvéi Bronstein —físico teórico pionero en el desarrollo de las teorías cuántica y de gravitación y autor de libros infantiles de divulgación científica—, que fue arrestado en 1937 y ejecutado en 1938. A Lidia Chukóvskaia se le comunicó que había sido condenado a un campo de trabajo durante diez años, sin derecho a correspondencia. A partir de entonces, su vida se pareció cada vez más a la de la protagonista de su Sofia Petrovna. Una ciudadana ejemplar, novela escrita durante ese periodo y que no pudo publicarse en su país hasta cincuenta años después.

Lidia Chukóvskaia escribió varias cartas en contra de la persecución del joven Joseph Brodsky (o Andréi Siniavski y Yuli Daniel) en la década de los sesenta, y Solzhenitsyn y Sájarov en la de los setenta. Debido a este apoyo a los disidentes, Chukóvskaia perdió el derecho a publicar en la Unión Soviética. Íntima amiga de Anna Ajmátova, una de sus obras principales consiste en la consignación de veinte años de conversaciones y vivencias con la poeta, tal y como Eckermann hizo con Goethe. Dicha obra será publicada próximamente por Errata naturae.

Ficha técnica

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Páginas: 192
Precio:
17,50 €
Traducción: Marta Rebón

Sofia Petrovna, viuda de un prestigioso médico, trabaja como mecanógrafa en una de las más importantes editoriales de Leningrado. Parece que la vida y el Estado le sonríen a pesar de las continuas estrecheces: el resto de las mecanógrafas de la oficina está bajo su eficaz batuta; su sueldo es cada vez mayor; su propio hijo ha dejado de ser un muchacho para convertirse, al fin, en un joven y guapo ingeniero también ejemplar: ama la herencia de la Revolución y el Partido casi tanto como a su madre, a quien alienta en su dedicación y empeño.

Estamos a mediados de los años treinta, y enseguida —en medio de un misterio que quizá nadie consiga resolver nunca— el vértigo innombrable de la Gran Purga va a arrastrar hasta el centro de su vacío a Kolia, el hijo. Comenzará entonces una «segunda» y ejemplar, en el sentido cervantino del término, novela: un verdadero aprendizaje sobre la vida y sus sinrazones, una parábola a la vez ingrata e insuperable; es decir, una pieza literaria de primer orden. O, como suele decirse, un texto que nos muestra la otra cara de la verdad, ésa que muchas veces inventamos nosotros mismos para no perder toda esperanza.

Sofia Petrovna fue redactada en secreto en un cuaderno escolar durante el invierno de 1939-1940. Como señaló la propia autora, «mi obra se escribió con la huella de los acontecimientos aún fresca en mi mente». Lidia Chukóvskaia combatió el miedo con palabras, el silencio con el testimonio, la colectivización con la historia individual, la indiferencia ante el dolor de los demás con la empatía para con el sufrimiento ajeno, el heroísmo tradicionalmente de corte masculino con el espacio íntimo femenino. Poniendo en riesgo su vida, llenó de realidad la ficción para hacer que el futuro lector de este libro único y necesario supiera del pasado, de modo que la memoria de lo acontecido se mantuviera siempre viva.

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