Jota Erre de William Gaddis

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“¿Dinero…? – con voz susurrante. – Papel, sí. – Y no lo habíamos visto nunca. Papel moneda. – Nunca vimos papel moneda antes de venir al este. – Nos pareció rarísimo cuando lo vimos por primera vez. Inerte. – Parecía increíble que valiera algo. – Sobre todo, después de ver la forma en que padre hacía tintinear las monedas. – Eran dólares de plata (p. 7)”. Asistimos, con una mezcla de asombro y desconcierto, al diálogo inicial de dos personajes anónimos. Con la sola ayuda de lo que estos dicen (y callan), la lectura se abre paso a través del dolor y la rabia de esas voces innominadas que denuncian los excesos de un mundo cada vez más mercantilizado.
La novela Jota Erre (1975, Sexto Piso 2013) se estructura en el continuo dialogar de sus criaturas; se sostiene sobre una narración sin trama aparente, división de capítulos o párrafos; se diría pura alucinación, en la que el entretenimiento reemplaza al arte y la imitación sustituye a lo auténtico: “– Se  perdió, si es que alguna vez fue proferido; la figura corriendo por el pasillo llegó al piano cuando éste estallaba con el motivo de El oro del Rin, que provocó que la pila de sillas cayera como una cascada sobre el escenario, haciendo que las doncellas de Rin se lanzaran en desorden a perseguir al enano que, de hecho, parecía saberse bien su parte y se había apoderado del oro del Rin” (p. 59).

La sátira del norteamericano William Gaddis (1922 – 1998) sobre el ascenso y la decadencia de las grandes empresas norteamericanas ocupa 1133 páginas de diálogo ininterrumpido que dejan entrever la historia del colegial de 11 años JR Vansant, niño que construye su vasto imperio económico desde la cabina del teléfono público de su escuela, imperio que, para bien o para mal, acaba devorando a todos los personajes (lector incluido). A través de diálogos nada convencionales, unas veces tristes, las más hilarantes, la novela denuncia la imposibilidad de la felicidad y la realización creativa: “– Sí, no nadie ha dicho que sea culpa suya, Dan, (…) no la construyó usted personalmente, fue, desde luego que fue el constructor el que, mmm, el que la construyó, desde luego, pero el, (…) las condiciones de una hipoteca están relacionadas con, se establecen en función del número de años que se puede esperar que la casa dure dependiendo de su, en relación directa con la forma en que está construida, edificada ( …) cuanto más separados se encuentren en un determinado espacio menos hay, porque cuanto menos haya, más separados se tienen que poner (…) es la clase de casa que se deja a los, mmm, a sus hijos, es decir, a su hijo cuando crezca, desde luego, si él, ¿entiende lo que le quiero decir, Dan?” (p. 352).

JR es la crónica de unos personajes en busca del significado y los valores de un mundo que reniega de ellos. Una suerte de redención parece posible a través de la pasión y la creatividad, aunque no está garantizada. El monólogo del autor llamado Gibbs que, en JR, escribe Agape Agape (Gaddis completaría una novela homónima poco antes de morir, que Sexto Piso publicó en 2008 con el título de Ágape se paga), es una novela dentro la novela sobre el orden y el desorden, escrita por un enfermo terminal, solo en su cama, guardián del caos y la decadencia, que intenta terminar su trabajo antes de morir: “– Revisarlo todo hoy, dios, tengo que terminarlo, otro día como ayer y me, dónde las cerillas esas (…) por dónde iba por donde, John Dewey estuvo sobando, espera, joder, bueno, joder, me he saltado una página (…) estuvo sobando las páginas pegadas con el queso este, joder, un conocimiento cercano e íntimo de la naturaleza queda interrumpido en medio de la cita de Dewey” (p. 900).

La traducción del músico y poeta Mariano Peyrou (Buenos Aires, 1971) logra captar la atmósfera sombría y conmovedora del estilo de Gaddis, la decadencia de una narrativa paralela a la decadencia de la cultura, la desaparición de un mundo, un significado, un lenguaje y unos valores. En JR, La cultura popular y la alta cultura no son entidades separadas sino una misma cultura marcada por los estigmas del capitalismo. La novela argumenta a favor de la autenticidad en literatura, y lo hace a través de una especie de ventriloquia, es decir, utilizando las voces de decenas de personajes: “– Están a tres con cincuenta, un buen momento para vender, perdí una hija, ¿le ha contado eso, Bast? (…) era capaz de deletrear casi cualquier palabra, qué le parece, había empezado a dar clases de piano cuando le sacaron el apéndice, hijos de puta, nunca decepcionan, verdad, no le pasaba nada en el apéndice (…) siempre se saltaba algunas notas, lo intentaba una y otra vez, estaba aprendiendo una canción que se llamaba Para Alisa, algo así (…) en esa época había una tienda de delicatesen que se llamaba Alisa cerca de nuestra casa, por eso todavía me acuerdo del nombre (…) todavía la oigo como la tocaba ella, de todas maneras eso es lo único que, lo único que quiero, todavía la, ¿oye?, ¿oye…?” (p. 1069).

La raíz de JR es su profundo pesimismo. Su inteligente estructura y agudo sentido de la comedia atenúan su melancolía. La entropía constituye la médula espinal del libro, junto a un profundo sentido del amor espiritual. Gaddis pertenece a la estirpe de narradores que, como Thomas Pynchon y Don DeLillo, han sido perseguidos por una injusta reputación de dificultad. El placer de crear una novela conforme se la recrea en la lectura es uno de los muchos que depara al lector este Premio Nacional del Libro de Ficción 1976.

 

 

 

Reseñado por José de María Romero Barea

Escrito por William Gaddis

Foto de William Gaddis

William Gaddis (Nueva York, 1922) es considerado uno de los grandes escritores norteamericanos del siglo xx. Poseía una arraigada creencia de que «los escritores debían ser leídos y no vistos», por lo que siempre fue propenso a la reclusión y estuvo rodeado de cierto halo misterioso que incluso condujo a que por momentos se pensara que él y Thomas Pynchon eran la misma persona.

Además de Ágape se paga, su obra está compuesta por las novelas The Recognitions, J R (National Book Award for Fiction), Carpenther’s Gothic, A Frolic of His Own (National Book Award for Fiction) y el libro de ensayos The Rush for Second Place; todos sus libros serán
publicados por Editorial Sexto Piso. Gaddis murió en 1998.

Ficha técnica

 

Tradución: Mariano Peyrou  Páginas: 1.136

Precio: 35 euros

Considerada por un crítico como «la mayor novela satírica de la historia de la literatura americana», Jota Erre le valió a William Gaddis el National Book Award. Su protagonista es un entrañable niño de once años, Jota Erre Vansant, que construye un imperio de papel sin más elementos que un teléfono y una galopante ambición que carece de escrúpulos. Escrita en el inconfundible estilo gaddisiano de caos fragmentario, Jota Erre es una despiadada burla de la perversión del sueño americano y de cómo los valores de acumulación individualista conducen de manera inevitable al caos y la desestructuración.

Construida principalmente mediante diálogos, la intención de Gaddis era que Jota Erre reflejara su visión de la sociedad contemporánea como «un caos inconexo, una tormenta de ruido». Al igual que en su novela póstuma Ágape se paga (publicada por Sexto Piso en 2008), encontramos aquí, de manera más profunda y detallada, otras de las grandes obsesiones del autor: cómo el arte se corrompe mediante la mecanización de la vida cotidiana, y la preeminencia indiscutible de los valores asociados con la acumulación y la avaricia. Al igual que algunas novelas monumentales han pasado a la historia como retratos imperecederos de determinadas épocas, Jota Erre recoge de manera magistral el auge y el declive de la sociedad americana, que resulta fundamental a la hora de comprender la trayectoria del mundo occidental y la profunda crisis existencial en la que se encuentra inmerso.

 

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