Una manada de ñus de Juan Bonilla

978-84-15576-61-7[1]

Los ñus de Juan Bonilla somos todos, la manada de individuos que diariamente cruzamos el río de la vida que nos aboca al mar manriqueño. Y a nosotros, para aprendernos, nos reflejan mucho mejor que los espejos esos otros ñus que son los personajes que habitan los libros que leemos. Y, descendiendo aún más en la metáfora, los protagonistas de este espléndido conjunto de relatos editados por Pre-Textos.

En su mayoría son éstas historias de ilusiones y desilusiones forjadas en los absolutismos de la adolescencia y narrados desde la mirada correctora de los adultos resultantes al cabo de un puñado de años y perplejidades resueltas. Así, desde la atalaya del porvenir se vuelve una mirada condescendiente y nostálgica a la candidez de ayer, a la experiencia rasante que no alcanza a avizorar la vida que se le viene encima y que abajará a la categoría de anécdotas los que entonces parecían hitos: una torneo juvenil de ajedrez en la que un chico le hace tablas al mismísimo Boby Fischer; el despertar sexual de un adolescente extraviado en el paisaje curvilíneo de la anatomía de una estrella de cine juvenil; el ascenso de un pequeño equipo al escalafón de los grandes, una venganza literaria.

Del estilo de Bonilla es destacable su fidelidad a la ausencia de efectismos, su renuncia a los redobles técnicos con que otros escritores aspiran a preparar al lector para un crescendo que culmine con un último párrafo equivalente a un tiro en la consciencia. En el autor jerezano los tiros no son  fulminantes y suelen agazaparse entre lo aparentemente baladí. Así, por ejemplo, en el relato que lleva por título Brooke Shields, después de muchos párrafos en los que el protagonista trata de explicarse y explicarnos su ser o no ser como espectador de la película El lago azul –presuntamente oprobiosa para la dignidad masculina- Bonilla suelta, casi sin darnos cuenta, la metralla que es el quid del cuento y del sentir adolescente: “…avergonzado de no haber aguardado hasta el final por lo menos, una vez realizado el gasto, avergonzado por haber sido descubierto por Bolívar, avergonzado, principalmente de mi propia vergüenza” (p.83).

Los que venimos siguiendo la trayectoria de este escritor sabemos que no es alguien de cuyo “mundo propio” se pueda hablar, lo cual, por otra parte no es garantía de nada (Rappel tiene un mundo propio, al fin y al cabo). El mismo Juan Bonilla se expresa respecto al tópico del mundo propio con gracioso escepticismo: “Hay gente que vive de alquiler que es mucho más feliz que gente que es propietaria”.

A veces las historias de estos ñus–como no podía ser de otra forma cuando se juega a narrar desde el recuerdo- quedan suspendidas en una conveniente bruma de ambigüedad, la resultante de no saber discernir a ciencia cierta cuánto de lo que recordamos se corresponde con la realidad objetiva (la subjetiva quizá sea la realidad más real) y cuánto se ha engrosado con las fantasiosas adherencias que las han ido envolviendo como capas de cebolla a fuerza de contarlas a los demás y sobre todo a nosotros mismos.

Y el humor es clave, faltaría más. Como advierte el autor y vamos aprendiendo los que tenemos el defecto de releer algunas cosas, hay que precaverse contra lo demasiado serio porque suele suceder que “la solemnidad envejece mal”.

Bonilla no sólo reajusta la perspectiva de adolescente hiperbólico que todos fuimos, sino también la el adulto reciente que fuimos hasta hace un rato. En este grupo se integra el que tal vez sea el cuento favorito de esta reseñista, el titulado Cuidados Paliativos, en el cual se establece un bonito paralelismo entre la recta final de la enfermedad de la madre del protagonista, mantenida artificialmente en un hospital a la espera del desenlace inevitable, y la también moribunda relación sentimental de aquel con su pareja hasta entonces. Y como una frase suple mil palabras, la que abre este relato ilustra mucho mejor que esta reseña el espíritu que cohesiona el libro de Bonilla, el de las sabidurías menores que se adquieren, en la mayoría de las ocasiones a pesar de uno mismo, con solo esperar a que la vida te pase por encima desempeñando su oficio: “La enfermedad de mi madre destrozó mi matrimonio y me salvó la vida” (pág. 35).

 

Reseñado por LALE GONZÁLEZ-COTTA

 

Escrito por Juan Bonilla

Estudió Periodismo en Barcelona y colaboró en varios periódicos y revistas, ejerciendo también la crítica literaria. Compagina su labor de creación literaria (publicó por primera vez en 1996), con la traducción, y es columnista y reportero de el periódico El Mundo, además de director de la revista Zut. En el año 2003, obtuvo el Premio Biblioteca Breve.

Es autor de poemas, relatos cortos, novelas y recopilaciones de artículos periodísticos.

Ficha técnica

 348 páginas. 20€

Todos hemos visto ese documental en el que los ñus migran en pos de pastos y son obligados a cruzar un río infestado de cocodrilos. La manada pasa cada año, no sin dejar atrás a unos cuantos componentes: gracias a esas víctimas, que entretienen el hambre de los cocodrilos, la manada puede seguir adelante. Así, también, los protagonistas de este libro: ñus que tienen que enfrentarse a una charca infestada de cocodrilos sin saber si serán ellos los sacrificados para que la manada pase. Muchos de ellos son adultos visitados por el adolescente que fueron. Mirada desde lejos, nunca contada in situ, la adolescencia de los personajes de esta manada se puede reflejar en ambiciones que no tendrán más remedio que ser incumplidas –una lista de deseos, enamorar a una estrella de cine– o en logros que tardan demasiado en llegar, cuando ya no son más que una cándida celebración que multiplica la nostalgia –el ascenso de un equipo pequeño a primera división, la venganza con la que se le quiere devolver una grandeza inconquistable a un poeta menor.
Los maximalismos propios de la adolescencia son aquí corregidos por la mirada narradora, siempre situada ya en un lugar desde el que se sabe que aquel paraíso perdido no fue nunca un paraíso y permanece con tal fuerza en nuestros adentros que tampoco será nunca perdido. La agonía de una madre en un hospital, las tablas que le hace un chico a Bobby Fischer en una partida simultánea, el olvido del pin de una tarjeta de crédito, el llanto de un bebé en el piso de los vecinos, son algunos de los puntos de partida desde los que los ñus que protagonizan estos relatos tratan de pasar la terrible charca infestada de cocodrilos.


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