Un cuento de enfermera de Louisa May Alcott

Captura de pantalla 2014-03-01 a la(s) 21.00.05Tres años antes de su gran éxito ‘Mujercitas’ y dos después de narrar sus experiencias como enfermera durante la Guerra Civil Americana en ‘Apuntes del hospital’, Louisa May Alcott completaba ‘Un cuento de enfermera’, la prueba de que sus capacidades como novelista no se limitaron a moralizantes textos para adolescentes y afines, aunque fueran estos los que, hasta hace poco, atrajeron la atención de sucesivas generaciones de jóvenes.

Como obra para adultos que es, contiene suficientes elementos escabrosos y de suspense como para mantener la atención del lector aunque solo sea por llegar a conocer el misterio de la familia Carruth. A su lujosa mansión llega la bondadosa Kate Snow para cuidar de Elinor, la hija en la que, hace ya un año, se ha manifestado la tendencia a la locura que aqueja a la familia y que fue la causa de la cancelación de su inminente boda, un revés amoroso que terminó por desencadenar la crisis y la llevó a acusar a su propia madre de permitir, con su alumbramiento, la propagación del mal. Junto a madre e hija se mueven sus dos amables hermanos, el débil padre que se aloja en otra mansión cercana y la insensible Amy, la hermana cuya próxima boda es la causa de la reclusión forzosa a la que se encuentra sometida Elinor con tal de evitar, por el descubrimiento de su enfermedad, la anulación del nuevo enlace.

Pero debe haber algo aún más inquietante en la familia Carruth que hace que un advenedizo como Robert Steele consiga tener sometidos a todos sus miembros, a los que vigila y tiraniza despiadadamente. Algo cuyo conocimiento va dosificando hábilmente la autora y a lo que también es ajena Kate cuyo fuerte y justiciero carácter llevará al enfrentamiento con Steele propiciando emocionantes momentos en que ambos ponen en juego todo su ingenio.

Es sin duda inevitable que Steele, con su rostro verde oliváceo, nos recuerde al malvado y atormentado Heathcliff, el personaje de Emily Brontë, pero la novela encuentra inspiración, en todo caso, en la ‘Jean Eyre’ de su hermana Charlotte. Baste recordar cómo a Edward Rochester sí le ocultaron la enfermedad mental de su mujer a la que encerró en su propia mansión, mientras que aquí la familia Carruth, después de poner sobre aviso al prometido de Elinor, también Edward, caerá en la ocultación para favorecer a la otra hija.

A Alcott le interesaban los dramas familiares donde triunfa la fortaleza femenina, y en los que puede transferir a sus personajes las ansias de independencia y justicia que siempre la acompañaron como abolicionista y sufragista convencida. A fin de cuentas el hogar de los Carruth está dominado por la figura masculina y opresiva de Steele frente a la que se alza su intrépida heroína que acabará por encontrar en su poder de seducción su mejor arma.

Reseñado por Rafael Martín

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Escrito por Louisa May Alcott

Louisa May Alcott (29 de noviembre de 1832, Germantown, Pennsylvania) fue la segunda hija del filósofo y educador trascendentalista Amos Bronson Alcott. En 1843, Louisa se fue a vivir a Fruitlands, una comunidad utópica que el padre había fundado; sin embargo, al poco, la comunidad fracasó y esto hundió en la miseria a toda la familia Alcott que tuvo que mudarse a Concord en Massachussets, donde Louisa se vio obligada a desempeñar desde muy joven todo tipo de trabajos para contribuir al sustento de sus familiares. Durante estos años difíciles, escribió su primera colección de cuentos titulada Flower Fables y empezó una colaboración literaria con la revista The Atlantic Monthly.
Fue una gran partidaria de las causas sociales: escribió artículos para el periódico feminista The Woman’s Journal, luchó por el sufragio universal; apoyó el movimiento por la abolición de la esclavitud y, durante la Guerra de Secesión, ejerció como enfermera voluntaria en el hospital de Georgetown. Las cartas en que refería sus experiencias como enfermera, publicadas con el título de Apuntes del hospital, la consagraron como escritora. En 1864 publicó su primera novela, Moods, y, en 1868, la obra semiautobiográfica Mujercitas que la hizo mundialmente famosa. Tras el asombroso éxito comercial de la novela, escribió Aquellas mujercitas, Hombrecitos, Los muchachos de Jo, que completan la saga de la familia March, y varios cuentos y novelas, algunas de carácter moral y educativo. También escribió con el seudónimo A. M. Barnard novelas psicológicas y de intriga.
Murió en Boston a la edad de 56 años, por envenenamiento de mercurio el 6 de marzo de 1888, dos días después de la muerte de su padre.

Ficha técnicaEditorial Funambulista

Páginas: 544 Precio: 20,50€

Traducido por: Jorge Rus

Kate Snow, narradora de esta novela, es una enfermera (como lo fue la propia autora) contratada para ocuparse de Elinor, la hija pequeña de la familia Carruth, aquejada de una extraña enfermedad mental. Kate intentará desde el primer día entender por qué el joven Robert Steele, supuesto amigo de la familia, mantiene un control absoluto sobre todo lo que ocurre en casa de los Carruth. Auténtico laberinto de engaños, misterios y pasiones, con un sorprendente final, esta novela de intriga cuasi policial sobre la maldición de una estirpe recuerda algunas de las mejores páginas de Wilkie Collins, las hermanas Brontë o Jane Austen…

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