Las chicas de campo de Edna O’Brien

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Sencillez y autenticidad son dos de las virtudes de ‘Las chicas de campo’, la primera novela de la irlandesa Edna O’Brien que, publicada en 1960, atrajo las iras del poderoso clero de su país, porque el texto supone no solo el reconocimiento de una sexualidad adolescente sino, sobre todo, una celebración de la libertad e independencia femeninas. Y aunque sus páginas no escandalicen ya a nadie, son un hermoso testimonio de las luchas personales contra las convenciones, cuyas cambiantes máscaras no pueden ocultar su vocación represiva. Unos prejuicios que si marcaron a los habitantes de la católica Irlanda de los primeros años cincuenta, no persiguieron menos a los de nuestro nacional-católico país de aquellos tiempos, ese en el que se desarrolla la acción de esta entrañable novela.

Sus protagonistas son dos jóvenes amigas compañeras de estudios y vecinas de un pequeño y atrasado pueblo irlandés: Caithleen Brady, la narradora, es ingenua, apocada y se deja dominar por la engreída e insoportable Baba Brennan. Las diferencias económicas entre ambas familias no impiden una amigable y solidaria convivencia, pero mientras el alcoholismo del padre de la narradora supone una insoportable carga para los suyos, la tendencia a la bebida de la madre de Baba no desestabiliza la aparente armonía de su vida desahogada, en la que además tiene cabida cierta tolerancia burguesa.

Una terrible tragedia golpeará a los Brady, socavando aún más la estabilidad del hogar y obligando a Caithleen a abandonar definitivamente la infancia, ingresando posteriormente ambas amigas en un riguroso internado religioso. El fracaso de la experiencia acabará llevándolas, sin embargo, a la bulliciosa Dublín donde podrán por fin moverse libres de ataduras. La llegada a la ciudad y a la casa donde se hospedarán es, sin duda, uno de los mejores momentos de la novela, uniendo a la descripción de los exóticos personajes que allí encuentran, la inefable sensación de libertad que sólo la combinación de un futuro sin escribir, una ciudad deslumbrante y una juventud despreocupada pueden transformar en verdadera epifanía.

La parte escabrosa corresponde a la relación sentimental entre una Caithleen aún menor de edad y un maduro abogado casado que pasa los fines de semana en el pueblo. Pero también a los ambientes desinhibidos que las amigas frecuentan en la gran ciudad, y, sobre todo, a la irreverente ruptura de dos jóvenes con una vida castradora, aunque eso suponga la pérdida del mítico paraíso de la infancia. Dos mujeres que, reconoce la autora, corresponden a sendas facetas de su propio carácter, y cuyos enfrentamientos, inseguridades y tensiones son el reflejo de las que tienen lugar en el interior de cualquier ser humano dispuesto a no dejarse arrastrar.

Una novela, pues, de aprendizaje, con un desarrollo lineal de la acción que facilita la lectura sin tregua, desplegada en el ambiente de esa Irlanda rural con tantos puntos en común con el sur profundo de los textos de Eudora Welty o Flannery O’Connor tan admirados por O’Brien, y es, además, la primera parte de una trilogía que Errata Naturae promete completar.

Reseñado por Rafael Martín

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Escrito por Edna O´Brien

Edna O’Brien, (Tuamgraney, Irlanda, 1932), es una de las voces más prestigiosas de la narrativa en lengua inglesa de nuestro tiempo, aclamada tanto por la crítica como por los más prestigiosos autores contemporáneos.

O’Brien siempre sintió la necesidad de escribir; sin embargo, en 1950 terminó sus estudios de Farmacia, que había comenzado obligada por su familia. Su carrera literaria arrancó, precisamente, con la novela publicada ahora por Errata naturae, Las chicas de campo (1960), que le proporcionó fama mundial, tanto por su calidad literaria como por reivindicar la independencia de las mujeres en un ambiente hostil. Considerada la grande dame de las letras irlandesas, desde la publicación de esta obra, Edna O’Brien ha creado un corpus literario único: como las novelas The Lonely Girl, Girls in their Married Bliss y A Pagan Place (todas ellas de próxima publicación en Errata naturae), el libro de relatos Saints and Sinners, una obra de teatro sobre Virginia Woolf titulada Virginia y dos importantes biografías: sobre James Joyce y sobre Lord Byron respectivamente.

Ficha técnica

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Páginas: 304 Precio: 18,50 €
Traducción: Regina López Muñoz

Irlanda, años 50. Lejos de la capital, Dublín, y en medio de un verde paisaje, bellísimo pero exigente, la joven y aplicada Caithleen ha crecido llena de encanto gracias a la sabiduría y humildad de su madre; una madre obligada, por las duras condiciones del campo, a ser fuerte en cada momento, a sobreponerse a toda desgracia. Pero algo va a suceder que transformará la vida de Caithleen. Y en esa nueva vida, la de la única hija de una familia venida a menos, estará acompañada por su amiga de la infancia Baba, por la sofisticada madre de ésta, por el peculiar Hickey… y por una docena de personajes soberbiamente retratados que hoy día nos siguen pareciendo muy vivos; y entrañables, como en toda vida que merezca la pena rememorar. Caithleen recuerda para nosotros su pasado: unas veces lleno de risas; otras, superando las lágrimas. Recuerda los ritos de paso que la llevaron hasta la madurez: los días de internado, el descubrimiento del amor, la necesidad de aventuras e independencia y, al fin, la gran ciudad, con sus brillantes promesas de futuro.

Estamos, sin duda, ante una extraordinaria novela, iluminada tanto por el humor como por una dulce melancolía; un relato repleto, además, de esa poderosa fuerza que tan sólo concede la juventud. Únicamente El hombre tranquilo, de John Ford, ofrece paisajes y momentos como esta obra cumbre de la literatura irlandesa del siglo XX.

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