El héroe discreto de Mario Vargas Llosa

portada-heroe-discreto

Ante el nuevo trabajo de un escritor consagrado suele embargarnos cierto escrúpulo: cualquier obra por debajo del dintel de excelencia habitual podría decepcionarnos. Hasta seríamos capaces de participar en uno de los aquelarres preferidos del hombre civilizado: tumbar de un puntapié la peana sobre la que se asienta el ídolo al que previamente habíamos encumbrado. Bien es verdad que tratándose de Vargas Llosa, incluso una obra menor compensaría la escualidez de la ingente insustancialidad que se publica. Pero, miel sobre hojuelas, no es el caso.

Antes de ahondar en el contenido de El héroe discreto urge destacar su perfección técnica, su léxico rico y preciso y la pulcra sintaxis. Los diálogos son, asimismo, intachables, urdidos –a la manera cervantina y dickensiana -a la medida de los personajes, investidos de voces propias, algo que podría parecer una premisa de perogrullo pero que resultará gratificante para el lector crítico que haya constatado la penosa frecuencia de casos contrarios. Hay diálogos acaecidos en distintos momentos que se imbrican entre sí, permitiendo a los propios personajes informar de sus avatares soslayando al narrador, como sucede en el episodio en que Rigoberto le refiere al padre O´Donovan las tribulaciones de su hijo Fonchito. En dicha charla intercala el nobel peruano la conversación habida anteriormente entre padre e hijo sobre el mismo asunto, de la que el lector no había sido avisado, resultando en una información vivaz y espontánea que prescinde del habitual estilo indirecto del lenguaje. En ningún momento la convergencia de diálogos produce desconcierto, todo lo cual y por encima de otras virtudes revalida a Vargas Llosa como maestro de los resortes de la ficción.

Claramente la intención de la novela es huir de la excepcionalidad de lo épico para anclarse en lo cotidiano, rendir un homenaje a los modestos héroes anónimos que oponen resistencia a los embates de la corrupción circundante  encastillados en una coraza de sensatez y decencia que a fuerza de no ejercitarse han terminado por resultar revolucionarias. La heroicidad no es una quimera relegada al mundo del cómic, sino una posibilidad accesible a través de las pequeñas proezas mediante las cuales el individuo común se mantiene adherido a su integridad. La civilización –reflexiona  Rigoberto en la página 204- consiste en “diminutas ciudadelas levantadas a lo largo del tiempo y el espacio que resistían el asalto permanente de esa fuerza instintiva, violenta, obtusa, fea, destructora y bestial que dominaba el mundo. Héroes de esta índole son, de una parte Felícito Yanaqué, modesto empresario de Piura que se resiste a la extorsión de unos supuestos mafiosos y, de otra los prósperos limeños Ismael Carrera y su abogado Rigoberto  que a su vez tratarán de frenar las ambiciones de Miki y Escobita, hijos del primero.  Entre unos y otros transitan entrañables conocidos del imaginario vargasllosiano como el propio Rigoberto, el singular Fonchito de Elogio de la madrastra convertido en adolescente (igualmente inquietante), la madrastra Lucrecia (igualmente inquietante), o el sargento Lituma (regresado de los Andes).

Con el humor y la melancolía como puntos de apoyo El héroe discreto zigzaguea entre el relato de fantasmas –el lector evocará El sexto sentido de M. Night Shyamalan-, el cuento de hadas y la novela policial porque en la vida real –viene a decirnos el Nobel- todo viene aparejado: la tristeza y el gozo, lo prosaico y lo asombroso, la perversión y la honorabilidad.

Y hasta aquí todo lo que se puede avanzar sin aguar la fiesta de esta otra novela memorable del escritor peruano. Redonda y con final sorprendente.

Reseñado por LALE GONZÁLEZ-COTTA

Escrito por Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, nació en Arequipa, Perú, en 1936. Aunque había estrenado un drama en Piura y publicado un libro de relatos, Los jefes, que obtuvo el Premio Leopoldo Alas, su carrera literaria cobró notoriedad con la publicación de La ciudad y los perros, Premio Biblioteca Breve (1962) y Premio de la Crítica (1963). En 1965 apareció su segunda novela, La casa verde, que obtuvo el Premio de la Crítica y el Premio Internacional Rómulo Gallegos. Posteriormente ha publicado piezas teatrales (La señorita de Tacna, Kathie y el hipopótamo, La Chunga, El loco de los balcones, Ojos bonitos, cuadros feos y Las mil noches y una noche), estudios y ensayos (La orgía perpetua, La verdad de las mentiras, La tentación de lo imposible, El viaje a la ficción y La civilización del espectáculo), memorias (El pez en el agua), relatos (Los cachorros) y, sobre todo, novelas: Conversación en La Catedral, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, La guerra del fin del mundo, Historia de Mayta, ¿Quién mató a Palomino Molero?, El hablador, Elogio de la madrastra, Lituma en los Andes, Los cuadernos de don Rigoberto, La Fiesta del Chivo, El Paraíso en la otra esquina, Travesuras de la niña mala y El sueño del celta. Ha obtenido los más importantes galardones literarios, desde los ya mencionados hasta el Premio Cervantes, el Príncipe de Asturias, el PEN/Nabokov y el Grinzane Cavour.

Ficha técnica

392 páginas.  19,50 €
El héroe discreto narra la historia paralela de dos personajes: el ordenado y entrañable Felícito Yanaqué, un pequeño empresario de Piura, que es extorsionado; y de Ismael Carrera, un exitoso hombre de negocios, dueño de una aseguradora en Lima, quien urde una sorpresiva venganza contra sus dos hijos holgazanes que quisieron verlo muerto.
Ambos personajes son, a su modo, discretos rebeldes que intentan hacerse cargo de sus propios destinos, pues tanto Ismael como Felícito le echan un pulso al curso de los acontecimientos. Mientras Ismael desafía todas las convenciones de su clase, Felícito se aferra a unas pocas máximas para sentar cara al chantaje. No son justicieros, pero están por encima de las mezquindades de su entorno para vivir según sus ideales y deseos.
Viejos conocidos del mundo vargasllosiano aparecen en estas páginas: el sargento Lituma y los inconquistables, don Rigoberto, doña Lucrecia y Fonchito, todos moviéndose ahora en un Perú muy próspero.
Un libro lleno de humor, con elementos propios del melodrama, donde Piura y Lima ya no son espacios físicos, sino reinos de la imaginación poblados por los personajes del gran escritor que es Mario Vargas Llosa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *