Una rubia imponente de Dorothy Parker

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Relato ácido y descarnado de la trayectoria vital de una mujer que más para mal que para bien, resulta ser, como dice el título, big blonde. Un tipazo despampanante, una chica de vida alegre, dicen otros. Contado como si  mirase tras una ventana, como si viera llover, sin dramatizar, sencillamente el relato desprende amargura y tristeza.

Parker era corrosiva y sarcástica y aquí se expande, mostrando en su rudeza una vida vacía de contenido y abocada a la muerte o a la nada. Lo que siente –que no es precisamente alegría- una mujer que vive para y de los hombres, alguien que hace de esa dependencia su única vida, y cuyo modo de soportarla es depender de otra cosa: el alcohol. Los hombres que la autora hace desfilar no son, precisamente, caballeros. Hombres que hacen de algunas mujeres sus muñecas.

La rubia Hazel es la protagonista de esta historia de desamor, que gira alrededor del alcohol y sus efectos de falsa euforia, de nube feliz en la que se envuelve como un chal para no ver las carencias de su existencia. Ella querría un marido, sí, y un hogar,  zapatillas por la noche y noches de amor. Pero todos los hombres con los que daba querían otra cosa: alegría (falsa alegría) autoengaño, risas y burbujas. Con mucho hielo. Pasar el rato, pasar la noche, divertirse.

Así, aunque al principio consigue casarse con Herbie Morse,  la cosa funciona mientras ambos están bebidos. En los momentos de lucidez todo se acaba. Herbie  finalmente desaparece de su vida y sólo le deja el apellido y algo de dinero. Hazel cae en un sopor que la lleva de hombre en hombre y de copa en copa. Pasan muchos, unos sustituyen a otros. Ella sigue siendo muy atractiva mientras sonríe, y sonríe si está bebida. Hasta que se encuentra con un caballo tirado en la nieve, y los latigazos que le da el cochero parecen despertarla del letargo en el que vive. Pero despertar es peor: no soporta el sufrimiento y ello le lleva irremisiblemente a tratar de quitarse de en medio. Pero todo el mundo se empeña en que viva y que siga siendo una mujer alegre. Algo de autobiográfico hay en esta historia, ya que sabemos que la Parker pasó vicisitudes y turbulencias en su relación con los hombres, y que también le dio al alcohol. Sin embargo a Parker la salvaba la cultura. Hazel no tenía ese arma en sus manos.

La edición se presenta ilustrada por Elisa Arguilé, que usa el rotulador «por diluirse en alcohol como la protagonista» proponiendo unas imágenes entre el  art decó y el pop, jugando con el tono rosado de la piel y el amarillo del pelo. Imágenes sugerentes y con mucho simbolismo.

Reseñado por Ariodante
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Blog: http://lamiradadeariodante.blogspot.com

Escrito por Dorothy Parker

Dorothy Parker, de soltera Rothschild (Nueva Jersey, 1893 – Nueva York, 1967) fue una cuentista, dramaturga, crítica teatral, humorista, guionista y poeta estadounidense. Muy conocida por su cáustico ingenio, su sarcasmo y su afilada pluma a la hora de captar el lado oscuro de la vida urbana en el siglo XX. Habiendo perdido a toda su familia en 1913, hubo de ganarse la vida con distintos trabajos: tocando el piano, escribiendo para Vanity Fair, o para Vogue, hasta formar parte de la plantilla de The New Yorker. A lo largo de su vida tuvo varios intentos de suicidio. En 1919 comenzó a reunirse con amigos en las famosas veladas literarias en el Salón Rosa del Hotel Algonquin de Nueva York, llamada la Mesa Redonda por la prensa, aunque algunos la llamaban también el Círculo Vicioso. Asistían, entre muchos otros: Heywood Broun, George S. Kaufman, Marc Connelly, Robert Benchley y Robert Sherwood, así como Harpo Marx. Duraron aproximadamente diez años.

Ficha técnica

Páginas: 112 PVP: 16,50€
Traducción: Jorge Cano
CÓMPRALO EN LETRAS DE PAPEL
Publicado en 1929 en Bookman Magazine, «Una rubia imponente» es el relato más conocido de Dorothy Parker y uno de los más emocionantes y perfectos de la literatura del siglo XX. Por él recibió ese mismo año el prestigioso premio O. Henry. La historia narra la ascensión y caída de Hazel Morse, una rubia que «se sentía muy orgullosa de sus pies diminutos y era capaz de soportar el sufrimiento por vanidad». Tras aferrarse a algunos hombres, se adentra, de la mano del alcohol, en un mundo ficticio y autodestructivo buscando una escapatoria a la tristeza.

One Response

  1. Ay, de cuántos peligros nos salva la cultura, como bien dices… Parece una lectura interesante, gracias por la recomendación.

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