Taimir de Lázaro Covadlo

Captura-de-pantalla-2013-01-07-a-las-21.10.04

Taimir es el nombre de la península que, en forma de joroba, remata la costa norte de Siberia, región inhóspita y remota que contrasta con la calidez acogedora del Café de los Angelitos, lugar de reunión  de los personajes de la última novela de Lázaro Covadlo, una entretenida y disparatada comedia con toques de relato de aventuras y de ficción científica, sazonada con el erotismo y el humor negro marcas de la casa. Aunque aquel lejano territorio funciona, además de como referencia mítica, como lugar de encuentro y perdición para algún que otro miembro del reparto, como el investigador de la alopecia plantar Peter Newman, cuyos estudios le condujeron a tan poco recomendable terreno.

Entre los asiduos del Café encontramos al propio narrador, que prefiere ocultar su identidad para no ser reconocido por sus padres, de los que renegó en la adolescencia. Pero también al Flaco Abel Ulloa, oscilando entre el mundo de los vivos y el de los muertos, por la misma azarosa e inescrutable razón (en sentido cuántico) que, según se nos explica, hace al gato de Schrödinger susceptible de habitar en cualquiera de ellos. Podremos asistir a las retorcidas digresiones de José Saldívar, el Quimérico, luchando constantemente con sus admiradas palabras, o escuchar al actor frustrado Marcial Farías, siempre a la espera de un ser con quien compartir sus ansias de viajar a las estrellas. Y sobre todo conoceremos al Enano García, experto en ciencias esotéricas y artífice de un ejército de robots que comercializa con la apariencia que sus clientes demandan, y que, como auténticos replicantes, acabarán mezclando sus destinos con el de los humanos.

Pero además, el narrador reflexiona a lo largo del texto sobre dos cuestiones que le preocupan: el futuro de la humanidad como especie y de cada individuo como persona. Y si para la primera realiza un ejercicio de prospección que le lleva a imaginar la desaparición de la consciencia personal en favor de la existencia de una única mente global, más extravagante resulta el análisis del devenir individual al abandonar este mundo, basado en las informaciones que el Flaco Abel le transmite al narrador sobre “el otro lado”, un lugar atemporal y un tanto congestionado por la superabundancia de “otroladenses”.

Y a la parodia de distintos géneros, Covadlo añade el intento de desubicar al lector mediante un confuso callejero que puede hacer desembocar una avenida de Buenos Aires en otra de Londres o Barcelona, creando un clima de grotesca irrealidad en el que es posible mezclar las excentricidades de unos con las penurias de otros, o la exaltación de la aventura con la tristeza de la pérdida. Aunque lo que subyace en el texto son cuestiones como las siguientes: ¿Hay diferencias sustanciales entre los androides y los humanos a los que sirven de compañía? ¿Qué necesitan de verdad estos últimos para gestionar eficazmente su soledad? ¿Hasta dónde perseguir la realización de nuestros deseos? ¿Es algo de todo esto realmente importante?

Como ven, material e intenciones suficientes para crear un texto irónico y provocativo sin dejar de ser amable, con el que Covadlo recupera el tono de sus alabadas colecciones de relatos: Agujeros negros y Animalitos de Dios, superando, de paso, el ligero desencanto que supusieron obras menos logradas como las novelas Bolero y Criaturas de la noche.

En definitiva, un reencuentro estimulante y prometedor.

Ficha técnica

272 páginas 20€
Una tribu de aborígenes siberianos suscita el interés científico del profesor Newman, trepanador obsesivo y entusiasta de mujeres con pelos en insólitos rincones. El Enano García lo ayudará a conseguir su objetivo a cambio de una sustanciosa suma de dinero, pero García, que comparte la perversión de su cliente, también es el secreto autor de un depravado libro de éxito, regenta una tienda de artículos de magia y textos esotéricos y se dedica a fabricar muñecos de placer de ambos sexos. García teje sus intrigas en el Café de los Angelitos, que también reúne, entre otros, al furibundo destripador de palabras José Saldívar, al soñador Marcial Farias y al narrador ―de pasado sangriento—, que se obstina en ocultar su identidad. Todos ellos viven pendientes de las sucesivas apariciones y ausencias del Flaco Abel, a quien se le atribuye la capacidad de desplazarse al «otro lado» y volver a su antojo. La acción se intensifica cuando el Enano García se pone al mando de una goleta para raptar a la estrambótica y dominante Irina Kotliarov. Entre el aluvión de aventuras, por momentos hilarantes y en ocasiones enervantes, se entrelaza una serie de perturbadoras reflexiones sobre la clase de ser que sucederá a la humanidad.

Reseñado por Rafael Martín

Escrito por Lázaro Covadlo

(Buenos Aires, 1937), conocido hasta mediados de los 80 como Eduardo Covadlo y más adelante como Lázaro Covadlo es un escritor argentino, afincado en España desde el año 1975. En 1997 publicó como Lázaro Covadlo, el libro de relatos Agujeros negros. Editado en Francia con el título Trous noirs y en Portugal con el de Buracos negros. Más adelante publicó las novelas Remington Rand, una infancia extraordinaria (1998), Conversación con el monstruo (1998), La casa de Patrick Childers (1999), Bolero (2001), y Las salvajes muchachas del Partido (2009, traducida al búlgaro y publicada en Sofía por la editorial Uniskorp), así como otro libro de relatos breves, Animalitos de Dios (2000).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *