En la orilla de Rafael Chirbes

En-la-orilla“En la orilla” ha sido catalogada como la novela definitiva sobre la crisis. No hay ninguna duda en lo acertado de dicha definición pero también lo reducida que resulta para un libro que va mucho más allá y que abarca una temática más amplia y honda. Para aquel que no esté familiarizado con la carrera del autor, hay que matizar que no es una obra independiente surgida a rebufo de la situación concreta en la que vivimos (algo que tampoco sería criticable), sino un nuevo capítulo dentro de la trayectoria del valenciano, encargada minuciosamente de adentrarse, y mostrar las miserias, en todo un entramado de valores.

Su anterior trabajo“Crematorio” contaba con el paisaje de fondo de los grandes y exuberantes pisos que rompían la propia esencia del suelo en el que estaban edificados. Una “lujosa” máscara que albergaba los más abyectos preceptos morales. Ahora, esa careta se ha desvanecido y han quedado a la vista desnudos esqueletos que dejan al descubierto lo que albergaban bajo ellos. Un pantano, con todo el valor simbólico que eso conlleva, que ocupa la localidad en la que transcurre este nuevo relato, completa la vista panorámica.

Una historia que comienza con la aparición de un cadáver, al igual que sucedía en “Tormenta de verano” de Juan García Hortelano y que servía como excusa para “ajusticiar” a  la burguesía de la época, pero que aquí toma un papel más testimonial sin mayor trascendencia a la largo del libro. A partir de ahí  nos toparemos con un crisol de personajes presentados en torno a la figura de Esteban. Un hombre arruinado tras la pérdida de su negocio y que ha heredado la derrota continua en la que vive su padre (del que tiene que cuidar por su enfermedad), incapaz de seguir labrando su “guerra”. Un personaje que tiene algunos trazos de aquel anciano de “El tragaluz” de Antonio Buero Vallejo.

Ese microcosmos que supone la localidad de Olba es a la vez una mirada global a la España de las últimas décadas, en la que la crisis que vive no es más que otro capítulo, quizás el más obvio por visible, de una putrefacción ideológica que ha vivido oculta entre el éxito momentáneo. En su seno ha albergado todo tipo de arribistas, que han mutado su traje desde el franquismo hasta ahora, según la ocasión lo pidiera, sin que en el fondo haya habido cambios en los sustancial.

Rafael Chirbes escribe con un pulso narrativo envidiable, como si de una apisonadora se tratara avanza implacable para conseguir sus fines. Todo ello bajo un fuerte tono realista, que no esquiva la crudeza en muchas ocasiones, en el que se entrelaza tanto lo descriptivo como lo reflexivo, y aunque predomine la voz del protagonista, se intercalan también las de otros personajes.

“En la orilla” es un libro extraordinario, de aquellos que pueden servir de resumen de toda una época, que aunque se pueda pensar lo contrario no hace referencia únicamente a los últimos años en los que la crisis ha mostrado su rostro más feroz, sino todo lo que se había ocultado durante mucho tiempo. Por si eso fuera poco, la obra es también una reflexión mucho más genérica sobre el racismo, la familia, la ideología enfrentada a la vida o la frustración.

Escrito por Rafael Chirbes

Nació en Tabernes de Valldigna (Valencia), en 1949. Estudió Historia Moderna y Contemporánea en Madrid, se dedicó a la crítica literaria durante algún tiempo y posteriormente a otras actividades periodísticas.

Ficha técnica

PVP con IVA 19.90 €
Nº de páginas 440
El hallazgo de un cadáver en el pantano de Olba pone en marcha la narración. Su protagonista, Esteban, se ha visto obligado a cerrar la carpintería de la que era dueño, dejando en el paro a los que trabajaban para él. Mientras se encarga de cuidar a su padre, enfermo en fase terminal, Esteban indaga en los motivos de una ruina que asume en su doble papel de víctima y de verdugo, y entre cuyos escombros encontramos los valores que han regido una sociedad, un mundo  y un tiempo. La novela nos obliga a mirar hacia ese espacio fangoso que siempre estuvo ahí, aunque durante años nadie parecía estar dispuesto a asumirlo, a la vez lugar de uso y abismo donde se han ocultado delitos y se han lavado conciencias privadas y públicas. Heredero de la mejor tradición del realismo, el estilo de En la orilla se sostiene por un lenguaje directo y un tono obsesivo que atrapa al lector desde la primera línea volviéndolo cómplice.

Reseñado por Kepa Arbizu

34 Responses

  1. Me gusta esta reseña. recoge la esencia de la novela. La lectura me ha hecho pensar y comparto en gran medida esa mirada implacable del autor sobre el mundo que le rodea y el tono de impotencia ante un ser humano decepcionante. Una novela tremenda, en la estela de “Crematorio” pero que va más allá, de un realismo que estremece.

    1. Como a María a mi también me parece un retrato de la propia vida en crisis por la que pasamos muchos españoles, en esta sociedad deprimente. Gran mensaje en un castellano rico, universal y preciso.

      1. Hombre Baret! Lo del “castellano rico, universal y preciso” queda muy bien. Pero yo digo que la porquería no es novelable (o no debería serlo). Y porquería hay mucha en el libro de Chirbes. Si el castellano rico y preciso se emplea en describir zafiamente una larga felación, y eso le gusta a la gente, estupendo!! Y si el castellano rico y preciso se utiliza para la descripción minuciosa de un cuerpo viejo y decadente lleno de cascarrias, chapeau!!
        A Chirbes le han dado el premio Francisco Umbral. Eso querría decir, más o menos, que muchos están encantados con una literatura que trata de lo miserable con un estilo cuidado.
        Para entendernos: en “Las partículas elementales” de Houllebecq (y estoy citando al azar) la mitad del libro narra las aventuras de un maniaco sexual, y en ningún momento se llega al nivel de “regodeo porcino” de lo que cuenta el señor Chirbes en las páginas finales de su novela. Houllebecq es muchísimo más elegante. Claro que si él y algunos lectores se divierten con eso…
        Ahora cito un fragmento de Luis Cernuda sobre lo que debería ser la novela: “..la visión de la realidad debe ir entreverada de afecto y de ironía; desde Cervantes acá, esa ha sido la meta del arte novelesco”. Pues de eso carece absolutamente Chirbes en este libro, y se echa de menos, claro.

  2. […] En la orilla ha sido catalogada como la novela definitiva sobre la crisis. No hay ninguna duda en lo acertado de dicha definición pero también lo reducida que resulta para un libro que va mucho más allá y que abarca una temática más amplia y honda. Para aquel que no esté familiarizado con la carrera del autor, hay que matizar que no es una obra independiente surgida a rebufo de la situación concreta en la que vivimos (algo que tampoco sería criticable), sino un nuevo capítulo dentro de la trayectoria del valenciano, encargada minuciosamente de adentrarse, y mostrar las miserias, en todo un entramado de valores. […]

    1. Pues yo estoy muy de acuerdo con este libro y pienso que si, que somos miserables como sociedad, y rozando la demagogia creo que igual hace más daño Disney que este realismo crudo o escatológico que no veo porque no puede ser novelable, a parte de eso la novela es mucho más que algún pasaje “desagradable”.
      La materia prima de este país no es buena, no son los los malos los banqueros, constructores, políticos… son las personas, cualquiera en su lugar haría lo mismo y eso es debido a la falta de valores. A lo mejor el alemán “Die Zeit” tiene razón y no merecemos que nos ayuden, ya que probablemente si tenemos la oportunidad volveremos a hacer lo mismo.
      El estilo fatalista no deja de ser el reflejo de personajes abatidos, la situación como es lógico invita al pesimismo.
      A mi me ha gustado y le doy mucho valor, literario y social, nuestros nietos lo leerán porque se lo mandarán en el instituto, estoy convencido.

      1. Vamos a ver, David. Hay que distinguir el documento del tiempo (los artículos de periódico que cuentan lo que pasa) de las novelas. El texto de Chirbes, efectivamente, cuenta una serie de desdichas y fracasos personales y del grupo social. Pero eso no puede considerarse una novela (aunque le hilvane un par de anécdotas de los personajes). La novela tiene otras características y requiere imaginación para el desarrollo de una trama; tiene que sorprender. Una novela que te cuente lo que ves todos los días, no tiene maldita la gracia. Yo te diría que el libro de Chirbes, como novela es un engaño. Los personajes son totalmente planos: si son españoles, son todos viles; son unos cerdos y de bajísima categoría moral. Ni siquiera tienen gracia como ejemplares porcinos. Sólo se salvan el marroquí pescador y la colombiana luchadora (a ellos corresponden los dos mejores fragmentos de la “novela”).
        Espero que ese texto no sea recomendado en las escuelas futuras, porque no tiene nada de educativo.
        Sí, David, la situación es desesperada, pero hay que luchar, maldita sea!!

        1. Hola de nuevo Jose Luis, a mi me recordaba en cierto modo a Cinco horas con Mario de Delibes, no tiene una gran trama al uso, pero el retrato es inmejorable, la calidad literaria, etc… salvando las distancias claro.
          Hay novelas de muy fácil lectura con personajes con más valores, pero en este caso se ha elegido que los personajes no sean maniqueos, también aman cada uno a su manera, yo si veo una trama, no lineal en el tiempo y entre personajes si no la trama de la evolución de la sociedad en este país, a mi gusto muy acertada.
          En cuanto que hay que luchar, que duda cabe, pero plasma tan bien el retroceso que hemos sufrido que para mi si debería ser de lectura obligatoria.
          Literariamente me parece una novela muy rica, manejo del lenguaje, el cambio de la narración en tercera o primera persona. Creo que hay libros que entretienen más, divierten más, disfrutas más leyéndolos, pero este es de esos que perduran, que adquieren más valor con el tiempo.
          Un saludo.

          1. Bueno, pues damos este asunto por finiquitado.
            Ahora, como este espacio se llama “el placer de la lectura” os sugiero que para sacudiros la modorra, el muermo, el hastío y la tristeza de la “novela” de Chirbes, echéis mano de una novela que si que tiene las características adecuadas. Se trata de “La maravillosa vida breve de Oscar Wao”, de Junot Díaz. Está en Contemporánea de Bolsillo y le dieron el Pulitzer de 2008. Leedla y ya me diréis qué tal.
            Y “En la orilla” ya la he dejado sobre un banco en la calle, para que algún incauto le meta el diente (los jubilados y los desempleados tienen mucho tiempo). En mi biblioteca no quiero esa clase de productos.

    2. Pues no avises tanto, que parece que te va la vida en ello, y deja que la lea quien quiera y que cada cual saque sus propias conclusiones. Yo así lo he hecho y ES UNA GRAN NOVELA, sea o no sobre la crisis, porque si la hubiera escrito en otro momento, seguiría reflejando a gran parte de los humanos (españoles y alemanes, por qué no), lo que pasa es que ahora lo vemos tan tan cerca que da miedo verse reflejado en este espejo que es “En la orilla”

      1. Pues si, Esperanza; insisto porque yo soy un lector exigente y para mí es importante. Conocido es el cuento del traje nuevo del Emperador. “Qué traje más elegante ¿eh?”. “Pero si va desnudo!”, dice, naturalmente el niño.
        La unanimidad (oye, nadie disiente) en reconocer como IMPORTANTE la novela de Chirbes es sospechosa. La cosa es: una buena novela tiene que tener MAGIA, y “En la orilla” Chirbes eligió lo grisaceo en vez de la magia. Sin magia no hay buena novela. No puede haberla. De modo que encuentro inaceptable tu juicio elogioso, aunque lo escribas con mayúsculas.

  3. He leído que la novela de Chirbes “En la orilla” ha sido calificada por varias publicaciones (El Cultural de El Mundo, el suplemento literario de ABC, etc.) como “la mejor novela del año”. Me parece una barbaridad. Resulta un texto en que se cultiva una vulgaridad y un mal gusto apabullantes. Seguro que Chirbes puede escribir bien, pero en este caso no se ha esforzado demasiado en buscar personajes ni temas interesantes. Los personajes son, sin excepción, indignos y zafios. La cosa es de tal calibre que el comentarista alemán de “Die Zeit” dice al comienzo de su comentario sobre el libro: “si los españoles son como los describe Chirbes, no vale la pena hacer el esfuerzo de ayudarles para que salgan de sus problemas actuales. Son verdadero “material averiado”. Y es que, digo yo, esa novela merece más que cualquier otra el título de “Los miserables”.
    Los críticos no debería intentar dar gato por liebre, haciendo pasar por “una novela estupenda” un producto marcado por la mala baba (o la más absoluta falta de fe en los humanos) y que resulta reiterativo en la exposición, y muy poco ingenioso en la trama, que no difiere mucho de historias que pueden leerse en los periódicos de cada día.
    Me gustaría conocer opiniones al respecto de lectores “no contaminados”.
    Y le propongo al señor Chirbes, como remedio a su malísimo humor, lea algún texto sobre Etica (en general) para que pueda instruir y adecentar un poco a los protagonistas de próximas novelas.

    1. A la vista del artículo “Un novelista” de J.J. Armas Marcelo (El Cultural del 11 de abril) no tengo más remedio que insistir en que “En la orilla” de Chirbes es una novela nada interesante y, francamente, escama el interés que ponen los críticos en recomendarla. Una cosa es el juego editorial y los intereses relacionados con los premios literarios, y otra cosa escribir una buena novela. Mal hubieran hecho los del premio Bienal Vargas Llosa en premiar “En la orilla”. Sería un dislate. Pero que Armas Marcelo recomiende su lectura, como si fuera casi obligada, me parece poco profesional. Por lo menos Ignacio Echevarria, en el mismo Cultural, señala que los críticos no españoles no han elogiado la novela (¿por qué iban a hacerlo?). Y digo yo ¿por qué los críticos españoles son tan poco exigentes? No me cansaré de avisar a los lectores: la novela de Chirbes vale poco. Que conste.

      1. José Luis, haces bien en intentar impedir, por recomendación, leer a Chirbes. Claramente, su literatura mayúscula es un complot de Cubazuela del Norte para desasosegar al españolito medio. Haces bien defenestrándole, no vaya a ser que la docilidad se altere al sucumbir en las ruinas de las alegrías, cortas y taimadas, que fueron. Yo que llevo trasegada la mitad de En la orilla, también recomiendo que no se alteren las almas dormidas. Y que mucho mejor pegarse unas vacaciones esquiando y cultivando handicap en Marina D´Or, ciudad de vaciones.

        1. Javier, agradezco enormemente tu mensaje, que en una primera lectura me pareció bastante críptico. Resulta que yo intento demostrar las insuficiencias literarias de “En la orilla”, y a la gente eso le importa un pimiento (por lo visto). Lo que les importa es lo que el libro tiene de reflejo de la situación económica arruinada y sociológicamente inmoral de la región levantina. Pero para leer eso no se compra una “novela”, hombre!
          En fin, quiero dejar claro que mis comunicaciones no intentan impedir el despertar de las “almas dormidas” (qué buena expresión, pardiez!). Yo sólo quería hablar de literatura.

          1. José Luis, la críptica de mi mensaje sólo intentaba esconder al modo matriovska la carga de kriptonita implosiva que pretende llevar. Efecto no conseguido según comentas. Aunque creo contenía instrucciones irónicas del punto de vista sobre Chirbes y su novela. Que considero grande– literatura mayúscula…–. Con Voz. De retrogustos faulknerianos, y dospassianos, tremendista, si, como un viaje al fin de la noche sin tanta aventura exterior; celaceliniana pués. Tan demoledora como necesaria en su desgarro sin pamplinas ni condescendencias. Retrato de una época en sus entrañas palpitantes, que entiendo disguste porque debe disgustar. Sin concesiones a lectores y lectoras hembra. Mortal y rosa. Duele, claro está.

            De tus comentarios saco la conclusión que te disgusta fundamentalmente en su “ideología” global. Por la incoveniencia de contar los achaques del tiempo y la vida en el cuerpo del padre y el alma del hijo, de felaciones y escabrosidades. Da susto y desangela, expone al compatriota descarnadamente a los extranjeros, bien, pero no creo que les induzca a pensar que ellos dejan de ser un saco de abono mal cosido porque es exclusivo patrimonio de los habitantes del marjal levantino en sus monólogos interiores y sus yoknapatawphas vitales, que la literatura de Chirbes universaliza con destreza. Dices, José Luis que intentas demostrar las insuficiencias literarias del asunto. Pero entiendo que te importa un pimiento esto, que tus intentos intentan más proteger al posible lector de la literatura degenerada del desasosegante Chirbes y su lección de anatomía socioeconomicopolítica forense. Fuera de la cripta irónica, directamente incitaría a su lectura, de la novela concreta y de Chirbes en general, comenzando por mi mismo esto último. No hablo sólo de su compra, que yo no tengo aquí parte contratante ni de primera ni segunda parte y la he tomado prestada de la biblioteca del pueblo.

            Salud y saludos.

  4. Javier, tu exposición creo hace innecesario que demos más vueltas a este tema. Quien te ha leído ya sabe a qué se expone si elige “En la orilla”.
    Sólo una observación. Tu definición del hombre como saco de abono mal cosido, aunque encaja perfectamente en el paisaje chirbesiano, me parece poco meditada ¿no?
    Por otra parte, el texto de que hablamos no lo considero más desasosegante que la lectura de la prensa de cada día, que también viene cargadita.
    Saludos, hombre!

    1. José Luis, me da que te arrogas, con cierta ligereza, decidir cuando se finiquita un tema. En tu potestad exclusiva está el que tu des por acabado lo que sea y cuando quieras. Pero en el damos o demos estamos los demás, y yo, de momento, no doy, como estas líneas demuestran.

      Otra observación más, porque tampoco tiene porqué haber sólo una, la tuya. Me resulta del todo una simpleza la pretensión de poner en mis teclas una definición del hombre, bien sea la que apuntas o cualquiera otra distinta, los dioses no me permitan osar a tanta soberbia. Del paisaje chirbesiano sacaba la cita, que tampoco es ninguna exclusiva suya. Anoto que en mi entender por supuesto que no es una definición, aunque claro que sí una de las acepciones a considerar antropológicamente. No creo se deban precisar más detalles. Por tanto, meditemos antes de teclear, ¿sí?

      Qué manía comparar la novela con la prensa, y en que por leer ésta se deba prescindir de la lectura de aquella. Prensa que por otro lado, y en todo caso, siendo maximalista, no precisamente intenta desasosegar sino justo lo contrario. Si cumpliera su función con honestidad no dudes que el desasosiego sería superior, aun a sabiendas de que ya es mucho. Claro que todo esto no debiera llevarnos a prescindir de Pessoa.

      Si alguien que me haya leido se expone a elegir, diría leer, se expone a leer; elegir me resulta un tanto taxativo ya que la elección no se contrapone con las demás posibles elecciones de lectura… pués después o en el mientrastanto de la lectura de Chirbes, se audiovisiona Que bello es vivir, por ejemplo, y santaspascuas, el equilibrio del universo se sosiega y atempera.

      No le apliques el lapicero rojo a Chirbes, no le condenes al índice de libros prohibidos. Destrózalo en una crítica sin concesiones, pero bien ponderada. No des todo por dicho.

      Salud y saludos.

      1. Bueno, Javier, aquí va la última (ya nos estamos poniendo pesados ¿eh?)
        Demócrito siempre se reía y Heráclito siempre lloraba; fueron sabios extremados, encontrados y respetados, ambos, en sus posturas, en su tiempo. Y pregunta Argensola y dice : “¿cuál de los dos extremos seguiría
        de estos dos celebrados mentecatos?
        Tú, que de gravedad eres amigo
        juzgarás que es mejor juntarse al coro
        que a lágrimas provoca en la tragedia.
        Pero yo como sé que nunca el lloro
        nos restituye el bien ni el mal remedia,
        con tu licencia, el de la risa sigo.

        En fin, tú encomia y lee a Chirbes, y disfruta si puedes con eso. Y yo lo evitaré cuidadosamente de ahora en adelante y me procuraré “más atractivo manjar”. Que el preferir una cosa u otra puede que sea algo somático, incluso.
        Ha sido un placer.

  5. Jobar que empacho fiarlo todo al plural mayestático ¡Ay! No debiéramos preocuparnos tanto por el peso, que total, estas líneas que nos venimos cruzando poco más darán en la balanza que media afoto subida a instagram, y nos convierten, en cualquier caso, en poco más que livianos mentecatos.

    Argensola, si, pero Don Lupercio o Don Bartolomé, que yo entrambos siempre me lio… iba a dar la réplica con jacaranda jotera por no salirnos de letras mañas, pero me viene mejor afrancesarme un poco,

    Lector apacible y bucólico,
    Ingenuo y sobrio hombre de bien,
    Tira este libro saturniano,
    Melancólico y orgiástico.

    Si no cursaste tu retórica
    Con Satán, el decano astuto,
    ¡Tíralo! nada entenderás
    O me juzgarás histérico.

    Mas si de hechizos a salvo,
    Tu mirar tienta el abismo,
    Léeme y sabrás amarme;

    Alma curiosa que padeces
    Y en pos vas de tu paraíso,
    ¡Compadéceme!… ¡O te maldigo!

    Ojocuidao, José Luis, puede que el más atractivo manjar lo ande cocinando satanás y belcebú lo emplate…

    Placer mutuo, salud, y buenos alimentos.

    1. Ja, ja, ja!! Javier Izquierdo. Felicidades!!
      Leo hoy en El Mundo la relación de mejores novelas publicadas en España 1989/2014 y resulta que Chirbes tiene tres colocadas en los puestos 1º, 3º y 8º.
      De los demás novelistas (Vila Matas, los Goytisolo, Javier Marías, etc) ni uno tiene más de un título colocado, pero Chirbes -el Guerrero del Antifaz de la narrativa española- tiene tres títulos ahí. El nos salvará de la debacle.
      Hay que ser masocas para llegar a este resultado. Figurate que los “jueces” de este concurso han tenido que leerse LAS TRES NOVELAS!! Penitencia mayor es difícil de imaginar.
      Yo. sencillamente, apunto que “Galíndez” de Vázquez Montalbán es muy superior, por su tensión y su capacidad de denuncia, a cualquiera de las citadas del supernominado. Pero yo no las he leído todas. Soy un hombre libre no un profesional.
      Pues nada, Javier, ya dejo el tema este definitivamente. Y Baudelaire suena mejor en francés ¿eh?

  6. Obra maestra, sin discusión. Poco me importa lo que hayan dicho los críticos. Si no me gusta, no me gusta. Y esta novela me ha sorprendido muy gratamente, he aprendido con ella, he padecido, me ha aportado ideas. Eso puedo aplicarlo a un puñado de obras, entre las que se encuentra ésta. Y como soy valenciano, me llega hasta la médula. De lo local a lo universal, en 430 páginas. Entiendo que a determinados lectores no les guste la cruda realidad que describe. Prefieren otros refinamientos.

    1. Pues no, Francesc Sarrió. Obra maestra NO es. Obras maestras son “Ana Karenina”, “Doctor Zivago”, “Doctor Faustus” o “La Divina Comedia” (hay más, claro, pero cito esas para dar una idea de la “dimensión”). Junto a cualquiera de esas, “En la orilla” es de una pobreza espeluznante.
      En estas notas que hemos entrecruzado, ya se ha dicho bastante (creo yo). La novela despierta entusiasmos. Javier Izquierdo la ve como “lección de anatomía socioeconomicapolítica” y “demoledora”, y a ti te sorprende gratamente porque describe la cruda realidad valenciana, te ha hecho padecer, etc.
      Pues a los lectores de mi cuerda, nos aburre soberanamente (también nos ha hecho padecer) y la encontramos inútil. Y no es cuestión de refinamientos, claro, sino del concepto que cada uno tenga de lo que es una novela.

      1. Hola, yo soy lectora francesa que lee español y desde luego nada que ver con la calidad de “Galíndez”, o cualquier otra de Vázquez Montalbán voy por un tercio de” la orilla” y creo que no voy a ir más allá porque no tengo tiempo que perder y para mí es mala, o al menos aburrida y pesada. Muy de acuerdo con José Luis, por lo que he leido. Es más, vi que comparaban a Chirbes con Galdós y NO, NADA de Nada !
        Gracias por la recomendación de Junot Diaz. Busco buenas novelas actuales en español, y la última buena que leí fue la de Méndez, y latinoamericanas como de R.Bolaño, S.Rosenberg sino termino leyendo o releyendo las de los siglos XIX y XX.

        1. Leonor, si te interesa el “carácter español”, léete “El lector de Julio Verne” de Almudena Grandes, que forma parte de un ciclo de novelas sobre la posguerra española, y probablemente te sorprenderá.
          Mismo asunto pero con un tratamiento muy distinto y en vez en Jaén, en los Pirineos: “Las voces del Pamano”, de Jaume Cabré.
          Entre una y otra, para cambiar a aires europeos, puedes “meter” la última de Vilá Matas, “Kassel no invita a la lógica”.
          Si escoges a Baroja, deja a un lado las novelas sobre la miseria madrileña y léete las novelas del mar “Estrella del capitán Chimista”, “Laberinto de las sirenas”, etc., para vacaciones. Pero “La nave de los locos”, para una buena descripción de España en época carlista.
          Los sudamericanos son muy buenos. Ahí hay mucha materia. ¿Has leído “Ema, la cautiva” de césar Aira? En la muerte de Garcia Márquez, casi nadie citó dos novelas estupendas: “El general en su laberinto” y “Del amor y otros demonios” (que ha inspirado, incluso, una ópera).
          Además están Javier Marías (“Todas las almas”) y Semprún (“La escritura o la vida”). Voy a parar. Tú elige.

  7. La lengua sirve para describirlo todo, lo bello y lo feo yendo mas allá grotesco. La novela rezuma pesimismo que viene derivado del realismo, ni más ni menos. Una novela no siempre se estructura en las clasicas partes de inicio, nudo y desenlace. Y contar una historia, claro que la cuenta sino de qué los personajes y lo que cuentan. Los/las que quieran leer solo novelas que se desarollen en los mundos de yupi que lea novela romántica.

    1. Que gran novela! imprescindible, observen que sólo una persona en los comentarios la critica, con argumentos muy pobres por cierto. La recomiendo a todo el mundo!

      1. En la orilla “revisited”. Hacía tiempo que no miraba esta página.
        Lo que me choca de los admiradores de Chirbes es su bajo nivel de exigencia. Uno dice “imprescindible”, otros “obra maestra”. Y Chirbes se ha llevado el premio nacional de Narrativa. Buen provecho le haga!
        Yo digo que ningún jurado de gastronomía le daría el premio a un café con leche con churros.
        Hay que trabajarselo un poco; hacer unas cocochas con salsa sabrosa o un trufado con virguerías ¿no?
        Claro que si el concurso es de tortilla de patatas, forzosamente el premio será para una tortilla de patatas. Pero no creo que sea ese el caso.
        ¿Estamos?

        1. No acostumbro a escribir en estos foros, porque las sensaciones e impresiones sobre los libros que uno lee son casi siempres personales, pero no puedo resistir a la tentacio de comentar minimamente lo que me ha parecido En la otra Orilla. Pues la primera impresion ha sido de gran decepcion, como poco, sensacion que ha dado paso a una gran incredulidad al ser consciente de los premios que habia recibido. No puedo llegar a comprender que este libro, el que ha pasado por mis manos, haya recibido tal cantidad de elogios, con una verborrea muchas veces sin sentido, incluso me ha llamado la atencion la baja calidad del lenguaje utilizado. Se me vienen a la cabeza obras que se ocupan de describir situaciones de podredumbre o miserias humanas, pero donde a menudo la calidad de las descripciones es bastante mas alta que la de este libro. En fin, supongo que no habre comprendido el verdadero sentido del libro, o la supuesta elipsis que ha utilizado el autor para transmitirnos sus sensaciones, pero queria compartir por este medio lo que me habia parecido el libro, ciertamente alejado a lo que busco en una buena lectura.

  8. Jose Luis Molina, es bastante sospechoso que pierda usted tanto tiempo en intentar desacreditar un libro, o mejor dicho un autor. Parece usted de los ahora denominados “haters” más preocupados de ir en contra de algo por sistema que de buscar lo que le gusta. ¿Algún otro Premio Nacional de Narrativa que tenga la bondad de censurarnos, o sólo este?

    1. Pues, señor Juan, a usted le puedo parecer sospechoso, pero es cierto que encuentro lamentable ese premio, precisamente porque soy muy aficionado a leer cosas interesantes, y prefiero ser exigente. Como ya he escrito bastante sobre esto no voy a insistir. Simplemente le digo, Juan, y tengo perfecto derecho a ello, puesto que esta es una página de opiniones, que no estoy desacreditando una novela, sino exponiendo mi parecer procurando ser moderado en mis últimas comunicaciones.

      1. No sólo opina señor, ya lo creo que tiene usted todo el derecho, más bien me refiero a su ya bastante lamentable insistencia en el tema. Ya nos ha quedado claro que no le gusta, mientras la novela sigue recibiendo premios y alabanzas de los lectores, pero por supuesto que usted puede seguir en este hilo quedando en evidencia hasta que usted quiera, es más seguramente lo haga.

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