Jóvenes corazones desolados de Richard Yates

Captura de pantalla 2013-03-22 a la(s) 20.36.17A finales de los 80 la obra de Richard Yates estaba cayendo en el olvido fundamentalmente por dos razones: su estilo sencillo alejado de arriesgadas apuestas formales no calzaba con las ansias de experimentación del momento, y, además, sus incómodas historias sobre las frustradas ilusiones de la clase media estadounidense venían a aguar esa gran fiesta con decorados de cartón piedra que fue el ‘sueño americano’, un ideal de superación personal al alcance de todos que quedó reducido en la práctica a la promoción económica de unos pocos. Aunque, en realidad, el tema que trata Yates es algo más universal: el hundimiento de las desmedidas esperanzas juveniles y sus posibles consecuencias, ya sea la aceptación de un cómodo lugar dentro del sistema, o la madura reformulación de unos proyectos quizás inviables.

Afortunadamente aquellos textos y aquel autor fueron reivindicados, no solo por Raymond Carver, Richard Ford o Tobias Wolff, que reconocieron su magisterio, sino también por otros autores no tan afines como Robert Stone o Kurt Vonnegut. Aunque la popularización definitiva y las consiguientes reediciones no llegaron sino a partir de la versión cinematográfica de Vía Revolucionaria, su primera y más lograda novela, publicada en 1961.

Con Jóvenes corazones desolados, su penúltima novela, Yates parece querer revivir el éxito de la primera a base de retomar algunos caracteres y situaciones de aquella. Porque tanto Michael Davenport, el protagonista masculino, como Frank Wheeler, el personaje interpretado por DiCaprio en Revolutionary Road, tienen el proyecto de dedicarse a la literatura mientras sobreviven desarrollando un trabajo nada gratificante. De igual manera, sus respectivas parejas, Lucy y April, comparten un interés común por el teatro. Pero aunque estos personajes femeninos adoptan una misma actitud inconformista ante la vida que les proponen, la respuesta ante las dificultades por parte de Frank y Michael no es la misma. Mientras que, en el primero caso, Yates nos hace dudar de la sinceridad de los planes de futuro de un personaje que, por miedo al fracaso, prefiere hundirse en la monotonía de una vida exenta de retos, Michael, sin embargo, mantiene una egoísta y sorda obstinación en un inconsistente proyecto literario.

Y en ambos casos el drama se desencadena cuando las aspiraciones artísticas no acaban de proporcionar el estatus social y la libertad personal al que los personajes aspiran, ya sea por la cobardía de Frank, por la incapacidad de Michael, o por las limitaciones de un sistema engañosamente lleno de oportunidades. A partir de ahí Lucy se convierte en protagonista absoluta de su vida, embarcándose en la búsqueda de una realización personal que le llevará a cambiar compulsiva y simultáneamente tanto de actividad artística como de pareja. Una huída hacia delante similar, en lo sentimental, a la de Emily, el personaje principal de otra de las grandes obras de Yates: Las hermanas Grimes (1976). Por su parte Michael, huyendo de la mediocridad y empeñado en demostrar la realidad de su talento, entra en una azarosa dinámica que le acerca, alternativamente, al abismo de la locura y a la posibilidad de una feliz y estable relación.

Publicada en 1984, al final de su carrera, Yates aprovecha esta novela para reflexionar sobre algunas cuestiones relativas al proceso de creación, planteando a través de Lucy y de su profesor en el Taller de Escritura Creativa, cuestiones como el uso, por parte de un autor masculino, de un punto de vista femenino, o la superioridad de una acción basada en hechos reales ante aquella fruto exclusivo de la imaginación, como si esta tuviera el estigma de lo falso. Temas que aluden directamente a su propia obra y que enlazan con los elementos autobiográficos presentes en los textos de un autor del que se ha dicho que podría pasar perfectamente por uno de sus personajes. Porque entre ellos va distribuyendo sus fantasmas y tribulaciones, compartiendo, con los que encarnan a frustrados escritores, un comienzo prometedor seguido de una periódica falta de inspiración que el alcohol, lejos de resolver, agudiza, o coincidiendo con ellos en el trabajo como profesor de cursos de literatura que, en el caso de Yates, se complementaba con la escritura de guiones cinematográficos y de discursos para el senador Robert Kennedy.

Pero Yates, aparte del perfecto tratamiento psicológico de sus personajes, también es consciente del entorno social y político: del macarthismo de los 50 o de los movimientos reivindicativos de la década prodigiosa, cuyo lado más oscuro afectará a la hija de los Davenport. Incluso es capaz de incluir escenas rotundamente cinematográficas, como la que presenta a los vecinos de la población residencial donde viven los protagonistas saliendo simultáneamente de sus casas, “ufanos de su misma conformidad”, ataviados de manera uniforme y “recorriendo la acera con una cadencia cuasi militar”.

En definitiva, otra gran novela de un autor que, como John Cheever, nos muestra la descarnada vida de unos personajes solitarios, desencantados y, salvo en algunas heroicas excepciones, “dispuestos a conformarse con muchísimo menos de lo que habían soñado”.

Escrito por Robert Stone

(Yonkers, Nueva York, 1926-Birmingham, Alabama, 1992) es el gran cronista de la clase media estadounidense posterior a la Segunda Guerra Mundial. Tras combatir en Francia y Alemania, se instaló en Nueva York, donde trabajó como periodista y redactor publicitario. A partir de entonces se dedicó a la narrativa, alternando épocas creativas con otras de prolongada esterilidad. Cuando falleció su obra estaba descatalogada, pero después de que autores de la talla de Richard Ford y Raymond Carver lo reivindicaran como influencia, Yates ha terminado por convertirse en un referente de la literatura estadounidense contemporánea. Sus principales obras son Vía Revolucionaria (1961), adaptada al cine por Sam Mendes, Las hermanas Grimes (1976), el libro de cuentos Once maneras de sentirse solo (1962), Una providencia especial (1969), Una buena escuela (1978) y Cold Spring Harbor (1986), estas cuatro últimas publicadas por RBA.

Ficha técnica

RBA Libros

Traducción: Inés Belaustegui Trías
464 páginas
22 €. euros

A su regreso de Europa, donde ha combatido durante la Segunda Guerra Mundial, el joven y ambicioso Michael Davenport sueña con convertirse en un gran escritor. Recién casado con Lucy, una adorable mujer con una pequeña fortuna, las expectativas para triunfar en la vida son inmejorables. Pero el paso del tiempo, despiadado, va destruyendo sueños y resquebrajando la felicidad conyugal, lo que obliga tanto a Michael como a Lucy a buscar refugio fuera de su matrimonio, en otra parte de ese mundo en el que todos parecen más felices y seguros de sí mismos. Jóvenes corazones desolados es una hermosa y amarga crónica de las ilusiones perdidas del estadounidense medio, una profunda disección del matrimonio y una desmitificación del sueño americano. Una de las mejores novelas de uno los referentes de la literatura estadounidense moderna.

Reseñado por Rafael Martín

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *