Hijos de la luz de Robert Stone

Hijos_de_la_luz_300Publicada hace casi treinta años, Hijos de la luz es una novela sobre los entresijos de la industria cinematográfica en la California de comienzos de los ochenta, pero también sobre la capacidad de autodestrucción de unos personajes que saben que han confundido el camino y solo esperan ser merecedores de cierta indulgente misericordia en su inevitable caída. Como expresa de forma grandilocuente el protagonista: estamos ante “el mundo del cine como metáfora, la locura de California, el declive de Occidente”.

El texto recrea el rodaje de El despertar, escabrosa y avanzada novela para su época que escribiera a finales del XIX Kate Chopin. Stone, autor del guión de la versión cinematográfica de su propia novela Dog Soldiers, conoce bien todo el entramado que rodea un evento de este tipo, por eso resultan tan reales figuras como la del director, acompañado siempre de su padre, una vieja gloria de Hollywood; la del productor, preocupado por respetar escrupulosamente las condiciones del seguro; la del resignado representante de actores conflictivos; la del ridículo y envidioso jefe de prensa; o las de los restantes miembros del equipo de producción, a los que el autor se entretiene en caracterizar.

Aunque los protagonistas del relato son la actriz principal, Lee Verger, acosada por las alucinaciones producto de una esquizofrenia que solo mantiene a raya la medicación que su marido, psiquiatra, le facilita; y el guionista y actor Gordon Walker, adicto a todo, que, al terminar la temporada de representaciones de El rey Lear, decide acercarse a la localización mexicana del rodaje para rememorar la antigua relación con Lee, y superar el reciente abandono de su mujer. Pero la situación se vuelve explosiva con la decisión de Lee de interrumpir el tratamiento para mejorar su actuación y con la aparición de un importante y ácido periodista que se interesa por ella.

Así, mediante certeros diálogos y una acción repleta de alcohol, cocaína y barbitúricos, Stone desmonta un mundo cuyas producciones no dejan traslucir el corrupto trasfondo que las sustenta, sino que intentan maquillar el cadáver del sueño americano al que sirven de soporte simbólico. Una industria y un sistema que no tienen piedad con aquellos que se atreven a tomar el desvío de la heterodoxia, ni siquiera con los que hacen posibles sus inconsistentes creaciones, y que, en este caso, buscan desesperadamente, en un glorioso final, la redención de la que se creían acreedores.

Una vez más Stone sitúa la acción fuera de su país, trasladando a sus personajes a un territorio que aúna cualidades míticas y exóticas, en este caso México, en otros Vietnam, Jerusalén, Centroamérica o el Caribe, y cuyos habitantes asisten como meros comparsas a un espectáculo que no entienden, reforzando así la sensación de aislamiento y soledad que sufren los protagonistas. Y es que, para el autor, la vida, no importa dónde, no deja de ser “un asunto solitario y peligroso”.

Ficha técnica

Traducción de Inga Pellisa
384 páginas
22 €. euros

La mañana de su enésimo despertar alcoholizado, Gordon Walker hace recuento de daños: en el debe, múltiples adicciones, hijos que ya se han alejado, una esposa que acaba de abandonarlo y una carrera como actor y guionista que languidece tanto como su propia vida; lo que hay en el haber es tan poco que resulta extraordinariamente difícil recordarlo. «Aquí hace falta un plan», piensa. «Un plan y un sueño, algún lugar adonde ir». Y su sueño es reencontrarse con un viejo amor: Lee Verger, actriz como él, y, como él, azotada por los problemas familiares, esclava de innumerables sustancias y, además, asediada por apariciones ominosas que la obligan a mantenerse en equilibrio entre la cordura y la demencia. Decidido, Walker emprenderá viaje hasta México, donde Lee se halla rodando uno de sus viejos guiones; cuando se encuentren al fin, la colisión será inevitable.
Entre desolados hoteles, bares decadentes y decorados de cartón piedra, envueltos en un claroscuro de luces artificiales, los personajes de Robert Stone, propulsados por fuerzas invisibles que parecen a punto de agotarse o de precipitarlos al abismo, buscan una oportunidad incierta y que bien podría ser la última en un ambiente de sordidez e impostura, donde la realidad y la ficción, la representación y la existencia, no dejan de confundirse. Melancólico y evocador, dramático y tempestuoso, Hijos de la luz es el relato arrebatado de dos seres encallecidos y sin esperanza en un Hollywood crepuscular que, como ellos mismos, ya no es más que un espectro triste que vive del recuerdo de los tiempos dorados; he aquí, tras Dog Soldiers, otra piedra de toque en el rescate de un creador esencial.

Reseñado por Rafael Martín

Escrito por Robert Stone

Robert Stone (Nueva York, 1937) es una de las voces más importantes de la narrativa post-Vietnam. Pasó su infancia entre orfanatos y una madre esquizofrénica y antigua maestra que despertó en él el interés por la lectura. Después de un breve tiempo en la marina, consiguió una beca para participar en el taller de escritura de Wallace Stegner en la Universidad de Stanford. Allí encontró el apoyo incondicional de Stegner y conoció a su eterno amigo Ken Kesey (autor de Alguien voló sobre el nido del cuco). Con él y sus famosos Merry Pranksters, entró en contacto con la escena beatnik, con Ginsberg, Cassady y Kerouac, con los alucinógenos y el free jazz.
Su experiencia de esos años, junto con sus viajes a Vietnam o Latinoamérica, fue fundamental en su obra, caracterizada por una actitud extremadamente crítica con su país y un realismo exaltado. Sus novelas y sus colecciones de cuentos le han valido varias nominaciones para el National Book Award, que consiguió con Dog Soldiers en 1975 (frente a finalistas como Heller, Nabokov, Roth o Barthelme), así como el PEN/Faulkner y un puesto finalista en el Pulitzer, entre muchos otros.

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