Poesía completa de Marcel Proust

41iqzm-fn3LLa magia de un autor tan exquisito y prolífico como Proust, que ha hecho de la palabra no una casa donde vivir, sino un palacio por donde pasearse y disertar a solas, había de llegar necesariamente hasta la poesía, pues no en vano el argumento de ésta, las palabras elegidas, significativas  para desarrollar una emoción, está más que avalado por la fama del autor.
“El martín pescador –ahora beso el ópalo/ en tus ojos pálidos-,/el martín pescador canta tras la ola/ hasta las candelas” Aquí el animalillo sirve para sostener una idea de ternura y color, para azuzar en nosotros una forma de cariño y aún de belleza que, implícitamente, hemos de entender que existe en la naturaleza: sólo queda el meditar delicadamente sobre ello para obtener esa satisfacción estética que se sugiere.
Así es la obra literaria que nos ha legado este autor, casi enfermizo para la literatura, por su grado tan elaborado de alusión a lo sencillo, por su capacidad de despertar emociones allí donde aparentemente solo hay objetos, para incitar el sentido de armonía y amor cuando todo parece anónimo y reseco. Leerle supone siempre un grado de compromiso con el color, con la temperatura emocional del entorno; de viaje interior hacia el corazón que siente…
“Y el petirrojo –veo en la esmeralda/ un duende que vaga por un rayo de luz-,/ si nuestra cebada robó el petirrojo,/ hemos de sembrarla antes de San Jorge” A pesar de la alusión a que se haga mención, es difícil sustraerse a la ignorancia de lo que se nos dice, aunque fuere por la sensación táctil, bella y tibia de aquello de que se nos habla con una sutileza tal que no nos gustaría quedar desprendidos de su significado.
Palabras elaboradas y bellas que también servirán para expresar el dolor, no hemos de olvidarlo. Pero, ¿acaso la vida del hombre encierra un discurso distinto del que se halla entre estos condicionantes extremos?

Ficha técnica

368 páginas
14,30€
Marcel Proust, además de crear una de las obras maestras de la literatura universal, será a lo largo  de su vida un lector impenitente y perspicaz, un empedernido cultivador de ensueños, un buen  conocedor de la historia y un aficionado al teatro. Hombre de memoria excepcional para la poesía,  era capaz de recitar largas tiradas de versos de sus poetas preferidos. Desde pequeño practicaba  con su madre un juego consistente en descubrir quiénes eran los autores de citas de la poesía y el  teatro clásicos. Y no solo leía, memorizaba o recitaba versos, sino que ya siendo estudiante hacía  circular los que él escribía entre sus condiscípulos del liceo y colaboraba en revistas de poesía que  él mismo y sus amigos íntimos confeccionaban. A lo largo de su vida, Proust escribió casi un  centenar de textos versificados de muy variada índole, pero solo publicó ocho poemas incluidos  como tales en su primer libro, «Los placeres y los días» (1896). Algunos otros fueron publicados en  gacetas juveniles. Aunque, respondiendo al famoso cuestionario inglés, un Proust adolescente  incluía «los versos» entre sus ocupaciones favoritas, lo cierto es que no tardaría en ir orientando su  carrera de escritor por los cauces de la prosa. Sin embargo, la obra poética de Proust nos ayuda a  iluminar algunas facetas ignoradas de su vida y a penetrar en su intimidad.

Reseñado por Ricardo Martínez

Edición de Marcel Proust

Escritor francés, Marcel Proust es considerado como uno de los más grandes autores del siglo XX y su obra En busca del tiempo perdido, publicada en 7 volúmenes, es clave en la literatura contemporánea.

Nacido en una familia adinerada, Proust comenzó su carrera literaria con Los placeres y los días, una antología de relatos y poemas de estilo decadentista, algo que encajaba con la vida bohemia que llevaba en los primeros años de su juventud.

Dentro de las influencias de Proust habría que citar sin duda a John Ruskin, autor inglés que el mismo Proust se encargó de traducir al francés, tarea que le llevó varios años, además de largos viajes por Europa mientras perfeccionaba su inglés.

De salud delicada debido a un fuerte asma, Proust se recluyó a partir de 1905, poco después de la muerte de sus padres, y se consagró a la escritura. En busca del tiempo perdido se comenzó a publicar en 1913 y pronto consigue un contrato con la Editorial Gallimard. A la sombra de las muchachas en flor, la segunda entrega de la serie, logró hacerse con el prestigioso premio Goncourt, no sin cierta polémica al ser Proust un autor ya muy conocido.

Marcel Proust murió en París en 1922 debido a problemas respiratorios causados por una bronquitis.

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