El diablo a todas horas de Donald Ray Pollock

El_diablo_a_todas_horas_300La primera novela de Ronald Ray Pollock contiene algunos de los elementos característicos de la mejor tradición del gótico sureño. De la producción clásica del género toma personajes como el niño inmerso en una religiosidad compulsiva que no entiende, el predicador alucinado y sin escrúpulos, o los fenómenos de feria que se exhiben en circos ambulantes. Pero añade también otros de más reciente aparición en el canon, como los asesinos en serie o los corruptos representantes del orden.

Así que, junto a la idea de redención en Flannery O’Connor, encontramos la violencia explícita de Cormac MacCarthy en una explosiva comunión que convierte El diablo a todas horas en un thriller apasionante con manifiestas posibilidades cinematográficas, y en un relato perturbador y sin concesiones, altamente recomendable.

Pollock vuelve al escenario de su infancia, Knockemstiff, protagonista de su anterior libro de relatos, incluyendo también algunos elementos autobiográficos como el trabajo de carnicero del protagonista, para relatarnos la historia de Arvin Eugene Russell, cuyo padre, marcado por la visión de un compañero crucificado por los japoneses en la guerra del Pacífico, ha decorado el hogar familiar con múltiples imágenes del tormento cristiano, habilitando, además, un lugar en el bosque cercano como altar en el que ofrecer toda clase de sacrificios sangrientos con los que intenta reconducir los, a veces, terribles designios divinos. De forma parecida aunque incruenta, la relación de la abuela de Arvin con el Creador es casi comercial: teme represalias si no cumple la promesa que le hizo de casar a su nieto con la piadosa y simple Helen.

Las otras líneas argumentales las proporcionan dos parejas. Por un lado la de predicadores formada por el lisiado Theodore y el fiel Roy, sobre el que desciende una lluvia de arañas al final de cada sermón. Un patético dúo que acabará compartiendo carpa con la Mujer Flamenco en un sórdido espectáculo ambulante. Y por otro el matrimonio de asesinos que componen un siniestro sádico, ansioso buscador de señales que den sentido a sus acciones, y la hermana del corrupto sheriff del condado, desigual sociedad que recorre el país recogiendo a autoestopistas a los que proponen una escabrosa y letal sesión fotográfica.

Pero, además, Pollock es capaz de presentar, con un par de certeras pinceladas, a otros muchos secundarios, como el conductor de autobús, amargado por no poder lucir medallas de guerra; o el fundador, a raíz de un accidente minero al que sobrevivió, de la Iglesia del Espíritu Santo Santificado. O su lascivo sucesor, convencido de contar con la clemencia divina en el momento de su postrer arrepentimiento. Sin olvidar al tío abuelo de Arvin, sustituto de un padre, destilador ilegal, que murió en la cárcel, ni a la crédula y devota hija de Roy, siempre acompañada de su Biblia.

Toda una deslumbrante nómina de personajes y escenarios incluidos en un impresionante relato que aprovecha la indispensable traducción de Javier Calvo para ilustrar el poder de los fantasmas de la infancia, y para interpretar cierta trasnochada religiosidad como una pulsión primaria que, materializada torpemente en imaginería cruenta y preceptos castradores, apunta en realidad a unas aspiraciones de trascendencia tan insostenibles como conmovedoramente humanas.

Ficha técnica

Traducción de Javier Calvo
376 páginas
22. euros

Tras el sensacional éxito de Knockemstiff, he aquí la esperadísima primera incursión en la novela de Donald Ray Pollock: El diablo a todas horas mezcla la imaginería del gótico norteamericano con la sequedad y crudeza de la novela negra más descarnada en una trama adictiva y contundente, que replica y expande la intensidad de sus mejores relatos. Todo un despliegue de poder narrativo, y la reválida de una firma imprescindible.
Cuando Willard Russell, veterano de la segunda guerra mundial, descubre que el cáncer empuja a su mujer hacia una muerte inevitable, concluye que solo Jesús podrá socorrer a quien la ciencia ha condenado; tras erigir un altar en pleno bosque, se entrega a unas sesiones de oración que, poco a poco, se tornarán peligrosamente sangrientas, y en las que participará, estoico, su hijo Arvin. Durante más de dos décadas, desde la resaca posbélica hasta los aparentemente esperanzados años sesenta, Arvin crece en busca de su propia versión de la justicia, rodeado de personajes tan particulares como siniestros: Carl y Sandy Henderson, una pareja de asesinos en serie que patrullan América en una extraña misión homicida; el fugitivo Roy, predicador circense y febril, y su compañero Theodore, guitarrista paralítico y asediado por sus pulsiones; el religioso Preston Teagardin, cruel, sádico y lascivo, y el sheriff corrupto Lee Bodecker, que está dejando de beber. Hombres y mujeres frecuentemente dominados por formas monstruosas de la fe, que perdieron el rumbo en un mundo a la deriva donde Dios no es más que una sombra.

Reseñado por Rafael Martín

Escrito por Donald Ray Pollock

Donald Ray Pollock (Ohio, 1954) nació y creció en Knockemstiff, una hondonada al sur del estado actualmente convertida en un auténtico pueblo fantasma. Dejó el instituto a los diecisiete años para trabajar en una planta cárnica y, más tarde, en una fábrica de papel en la que estuvo empleado durante treinta y dos años. En 2009 se graduó en la Universidad Estatal de Ohio, y su debut narrativo, Knockemstiff (publicado un año antes y saludado como un acontecimiento por la crítica y los lectores), fue merecedor de la Beca PEN/Robert Bingham. Textos suyos han visto la luz en periódicos y revistas como The New York Times o Granta. El diablo a todas horas es su primera novela.

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