Las desventuras del príncipe Sternenhoch de Ladislav Klíma

La novela del escritor y filósofo checo, publicada en 1928, es una delirante parodia del romanticismo literario alemán, en especial de su variante gótica, así como una feroz diatriba contra los estamentos que sustentaron el antiguo régimen imperial: el ejército, la aristocracia y la corona, personalizada en la figura del káiser Guillermo II.

Comienza Klíma presentando a los personajes y sus circunstancias. El príncipe, consejero y mano derecha del káiser, conoce a Herta en una fiesta palaciega, quedando prendado de su misteriosa y extraña apariencia. Pero su terrible carácter, consecuencia de las inopinadas palizas que le proporcionaba su padre desde niña, no hace sino empeorar tras el deseado enlace, llevando a la desesperación al protagonista que tiene que soportar de su diabólica esposa todo tipo de truculencias y vejaciones.

La segunda parte del texto da cuenta del diario del príncipe redactado a lo largo de un año a partir de agosto de 1912. Un tiempo dramáticamente marcado por las continuas e inesperadas apariciones de un espectro que lo atormenta sin piedad, y por la búsqueda del remedio que ponga fin a tanto sobresalto. Primero a través de la ciencia, y cuando la psicopatología demuestra su ineficacia, recurriendo a los fraudulentos métodos de una curandera, que tras unos comienzos esperanzadores, se mostrarán tan inoperantes como los anteriores.

La acción se verá acompañada de toda la parafernalia gótica: desde la palidez cadavérica de la protagonista hasta el calabozo situado en la torre de un castillo medieval, pasando por bosques tenebrosos, truenos repentinos e incluso una visión del Infierno en forma de inmenso edificio cúbico. La parodia se completará con los discursos de Helga que, cargados de términos altisonantes, pretenden pasar por trascendentes mediante el incontinente uso de las mayúsculas iniciales. Así se nos habla de Todo y Uno, del Placer Divino de Luz y Amor, o del Victorioso Caos Primigenio. Y mediante el mismo recurso, algunas emociones y conceptos adquieren carácter arquetípico: la Repugnancia, la Ceguera, el Dolor, la Noche, la Eternidad, resultan más puras y abstractas por un simple realce tipográfico. Todo un despliegue de vacuidades metafísicas con las que el autor se divierte adornando la Iluminación final del príncipe.

Aunque Klíma introduce también en esos discursos cuestiones filosóficas que le interesan, como la idea de Voluntad de Schopenhauer, o su reformulación nietzscheana: la Voluntad de Poder. E incluso el Inmaterialismo de Berkeley toma cuerpo cuando uno de los personajes proclama que “el Universo es una mera sombra insustancial del Alma”.

Pero es, sin duda, su carácter transgresor el que mejor define al texto y, por ende, a su autor, tanto al ridiculizar a la aristocracia y a sus representantes en el poder, como al mostrar su pesimismo existencial, porque para Helga “todas y cada una de las ideas de la cultura humana son, sencillamente, producto de la más infecta podredumbre”. Y será el mismo personaje el que declare que “¡Solo cuando la Mujer se despierte del letargo en que se encuentra sumida desde tiempos inmemoriales…, cuando pisotee a la vil, estúpida, brutal, parasitaria, irrisoria raza masculina, saldrá el sol para la humanidad!”.

Si a unos principios tan avanzados y beligerantes expresados de forma tan contundente le añadimos una actitud irreductible y consecuente con los mismos, no nos debe extrañar la precariedad de la vida y la obra de un autor cuya marginación fue proporcional a su desafío.

Ficha técnica

Traducción de Patricia Gonzalo de Jesús
232 páginas
16. euros
El príncipe Sternenhoch es menudo y escuálido; anda «algo desdentado, mondo y lampiño, además de un poco bizco y significativamente cojitranco»; pese a ello, y a su vulgaridad e ignorancia, es también engreído y vanidoso; por ese mismo motivo, resulta indiscutiblemente ridículo. En un baile de la nobleza conocerá a la turbadora Helga, que lo hará caer presa de un extraño embrujo del que solo podrá escapar convirtiéndola en su esposa. Sin saberlo, Sternenhoch ha firmado su sentencia: transformada bien pronto en un torbellino imparable de odio y destrucción, su cualidad demoníaca y sus inexplicables huidas y reapariciones lo sumirán en una espiral cada vez más enconada de locura y delirio, llevándolo a protagonizar un sinfín de episodios bochornosos, esperpénticos y decididamente hilarantes.

Mezclando la reflexión filosófica de origen nietzscheano con un humor tan absurdo como negro y desafiante, Ladislav Klíma construye una novela gótico-satírica que remite a Poe y Hoffmann mientras se las arregla para no dejar títere con cabeza: el estamento nobiliario y militar de su época, la clase política y las miserias y cobardías humanas (así como una buena cantidad de asunciones y valores aprendidos) caen por el camino con tanta gracia como estrépito. Traducida por primera vez al español, Las desventuras del príncipe Sternenhoch, que causó un notorio revuelo en el momento de su publicación, es la obra clave de su personalísimo y excéntrico autor, una de las principales figuras de la contracultura checa y centroeuropea.

Reseñado por Rafael Martín

Escrito por Ladislav Klíma

Ladislav Klíma (Domažlice, 1878 – Praga, 1928). Tras ser expulsado de la escuela por insultar al Estado, la Iglesia y los Habsburgo, estudió durante seis meses en Zagreb, tras lo cual decidió no someterse a una educación formal nunca más. Klíma rechazó por completo las normas de su sociedad: habitó en condiciones extremadamente precarias entre el Tirol, Zúrich y Praga, donde acabó estableciéndose; solo desempeñó trabajos breves (como conductor de tren o fabricante de un sucedáneo de tabaco), subsistiendo en ocasiones gracias a los ingresos que le reportaban sus escritos y a la ayuda de algunos amigos. Filósofo, dramaturgo, periodista, autor de ensayos y ficciones, la mayor parte de su obra, guiada por un individualismo radical resultado de llevar al extremo los postulados de Berkeley, Nietzsche y Schopenhauer, fue destruida en un ataque de rabia; pese a ello, logró convertirse en inspiración para autores como Bohumil Hrabal o Milan Kundera. Pasó sus últimos años abrillantando zapatos, consumiendo enormes cantidades de alcohol y comiendo gusanos. Su muerte en Praga como consecuencia de la tuberculosis suscitó el comentario de Karel Cåpek: «Comparado con Klíma, Diógenes el Perro en su barril era un propietario».

2 Responses

  1. Buenas Tardes, me interesa dicho libro, pero no la puedo encontrar en las librerias de México. Entonces, me gustaria saber, ¿cómo podría obtenerlo?!

    Gracias !!

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