El hogar infinito de Álvaro Gutiérrez

El hogar infinito es un libro muy maduro escrito con toda la ternura que se le puede dar a un tema tan duro como es el de los sin techo. Esos hombres y mujeres casi invisibles que cada vez más nos acompañan cerca de cajeros, parques y estaciones de metro. Aquellos que casi siempre rehuimos más por vergüenza que por temor. Ellos, a quienes el tren de la vida les pasó por encima dejándoles sin fuerzas siquiera para intentarlo una vez más, ellos son los protagonistas de esta obra. Al menos una representación de los mismos narrada por boca del más sencillo de entre su grupo, el más invisible, aquel que ha sobrevivido a sus amigos pero que antes no pudo sobrevivir a…

Dejo intencionadamente los puntos suspensivos puesto que es el formato que adopta la narración cada vez que se adentra en pormenores peliagudos. El autor Álvaro Gutiérrez sabe que con esta estratagema seguiremos leyendo deseosos de saber las razones de nuestro personaje para estar en la calle. Dilata la explicación que solo encontraremos más adelante para evitarnos el bochorno de dejarles de lado también aquí, en la literatura, en este punto de encuentro en el que todos medimos lo mismo, la altura de la fuente que el editor ha utilizado.

El protagonista no tiene nombre, no lo necesita, para nosotros es mejor que sea anónimo. Sabe fabricar maravillosos títeres reciclados que vende o regala a quien le cae bien. Mal vive en un cajero de Madrid, detrás del Museo de Cera, al lado de Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo, paradoja del autor para reclamarle su cuota de justicia. Su mejor amigo de la calle, El Marqués, todo un filósofo al que su apodo delata su alta cuna, ha muerto enfermo y de los colegas que comparten parque con él unos irán desapareciendo y otros nuevos los sustituirán. La luz de sus días se la proporcionan dos chiquillas, una adolescente que vive en el primer piso cerca de su cajero y otra joven pelirroja con alma caritativa que colabora trayéndoles comida y algo de ropa.

El autor crea un ambiente amplio con estos mimbres, pequeños asuntos que necesitan alguna solución, los problemas de siempre, los recuerdos de la vida anterior y las añoranzas por los amigos que ya no están. La trama parece ahogarse cuando un giro dramático cambia todo lo que conocemos situándonos en un nuevo escenario.

Álvaro Gutiérrez es capaz de escribir de una forma sencilla, cotidiana, lo cual sorprende tratándose de un mendigo, pero su efecto es el deseado: esas personas no están tan lejos de todos nosotros. Tras su mugre, sus ropas ajadas, y sus cartones de vino sigue habiendo un ser humano que merece un respeto. Respeto, honra y honores otorgados como parte de la buena literatura que es capaz de crear.

La calle te va vaciando por dentro poco a poco. Cuando te das cuenta no queda nada de ti, solo un inmenso vacío que lo llena todo.

Lejos de sentimentalismos y de injusticias por fin una obra literaria que cuenta la vida de verdad de los sin techo en nuestro país.

Reseñado por Pepe Rodríguez

Escrito por Álvaro Gutiérrez

Nació en Madrid. Ha vivido también en Irlanda y Argentina. Ha trabajado en la hostelería, el turismo, la docencia y la acción social, donde desarrolla su carrera profesional desde hace más de cinco años. Como músico y compositor, ha sido integrante de varias formaciones de la escena musical madrileña.

Ficha técnica

Traducción: Ana María de la fuente
Nº páginas 292
Precio 16.50€

Sinopsis

Un relato directo, sincero, veraz y emotivo sobre la vida en la calle.

Vive en el centro de Madrid, en la plaza de la villa de París y tiene por casa unos cartones; su cama, un banco; su calefacción, el sol de verano; sus vecinos: el Marqués, el Sweet o el Ruso, otros indigentes que han hecho de la calle su hogar infinito… Que nadie le pregunte que le llevó a una situación así: la casualidad, las decisiones erróneas… la vida, el amor y sus contradicciones. Y en el devenir diario las pequeñas cosas se traducen en acontecimientos extraordinarios, los diálogos interrumpidos rebosan sentido común y la supervivencia es el verdadero leitmotiv.

En su primera novela Álvaro Gutiérrez se sumerge en el mundo de la mendicidad con una prosa agridulce. Todo un baño de realidad.

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